Dos pueblos de Neuquén y un destino marcado

Ñorquín y La Escondida fueron poblados fundamentales en el crecimiento del territorio. Pero desaparecieron, uno por el traslado de la capital, otro por la pérdida de las fuentes laborales.

La pregunta es: ¿Qué tienen en común Ñorquín y La Escondida? Son dos pueblos de Neuquén de los que hoy solo quedan historias para contar. Los dos fueron importantes en el desarrollo del incipiente territorio, pero luego desaparecieron.

Ñorquín en lengua mapuche refiere a un instrumento de viento que pertenece al género de las trompetas. Pero también fue el nombre de un pequeño poblado que durante un año (1886) fue capital provisoria de la gobernación. Ese año, por la gran afluencia de empleados públicos y comerciantes, llegó a contar con mil habitantes, según el censo que se realizó en diciembre.

Las esperanzas y expectativas de crecimiento de los vecinos de Ñorquín eran muchas, pero no se correspondían con los proyectos que tenía el entonces gobernador del Territorio del Neuquén, Manuel Olascoaga.

En 1887, Olascoaga fundó el pueblo de Chos Malal y trasladó allí la capital de Neuquén. Eran tiempos de sólidos intercambios con Chile y la salida al pacífico era una de las prioridades del norte provincial. Esto impulsó al gobernador a mover a Chos Malal la administración central por la cercanía del lugar con el país transandino.

Con el traslado de la capital también se mudaron comerciantes, empleados públicos y familias enteras que buscaban tierras más propicias para desarrollar sus actividades.

Así el pueblo de Ñorquín con sus pocos habitantes “fue reubicado en una zona muy próxima, denominándolo Ñorquín Nuevo, para diferenciarlo de la anterior ubicación. Como estaba instalada en tierras de propiedad particular, sus habitantes años más tarde fueron obligados a abandonar el lugar y trasladarse a El Huecú”, según los relatos publicados en la página web masneuquén.

Tal como Ñorquín pasó a ser tan solo un recuerdo, con La Escondida pasó algo similar.
El pueblo más conocido como Auca Mahuida, fue el más grande de la zona, “cuando Añelo era nada más que un paraje y Rincón de los Sauces no estaba en los planes”.

Allí funcionaba la mina La Escondida de asfaltita, una combinación de hidrocarburos sólidos, derivada del petróleo.La actividad extractiva fue el sustento del pueblo hasta el 22 de agosto de 1947, cuando se produjo una explosión seguida de un incendio que dejó a 15 obreros enterrados dentro de los túneles.

Inmediatamente la mina fue cerrada y “años después por la ausencia de la principal fuente laboral, los habitantes comenzaron su éxodo que lo convirtió en un pueblo fantasma. En 1999 se fue el último poblador”, según se registra en las crónicas históricas.


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