Los oráculos y la vara en el Congreso
Alejandro De Muro
DNI 5.081.245
Muñiz, Buenos Aires
En los últimos días, dos temas políticos acapararon mi interés. El primero, relacionado con la predicción apocalíptica del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela.
Sostuvo que la presidencia de Milei concluirá, de manera abrupta, mucho antes de que se cumpla el turno constitucional.
A juzgar por su indubitable pronóstico, daría la impresión de que se basó en un oráculo muy certero.
Sin embargo, cabría señalarle que la deidad a la cual apeló no tuvo en cuenta un hecho clave: los mandatos no caducan por arrebatos de ciudadanos impacientes o disconformes. Se revalidan, cada cuatro años, por decisión libre del electorado.
El otro asunto surgió a partir de afirmaciones de la senadora Juliana Di Tullio. Fustigó a quienes, durante los debates, leen y no improvisan.
En tal sentido, abogó por el respeto a cláusulas reglamentarias que prohíben lo primero.
Enfatizó, asimismo, que las alocuciones deben fluir espontáneamente y no por imperio de escritos.
Frente a las actitudes de ciertos congresales que, aun leyendo, incurren en faltas de ortografía “orales”, un examen de Lengua allanaría el camino hacia exposiciones aceptables. La propuesta, cargada de ironía, no dista demasiado de un anhelado objetivo.
Habría que idear soluciones tendientes al incremento de la calidad académica.
El recuerdo de oradores de la talla de Palacios, de la Torre, Frondizi, Balbín, Alende y Alfonsín, entre otros, obliga a elevar la vara.
Alejandro De Muro
DNI 5.081.245
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