Solos y a cargo de todo

"¿Y dónde están las mujeres?", una visión acerca del matrimonio y sus luchas diarias.

Las mujeres se han ido. Así, sin más, desaparecieron de la escena dejando un vacío profundo que rebota entre la nostalgia y la bronca. Por una vez los varones han quedado en una casa de fin de semana en Bretaña a cargo de los chicos, de la comida, del entretenimiento y, lo que es peor, de sí mismos. Al principio no pueden creerlo. ¿Se han ido hartas de los hijos? ¿Hartas del matrimonio? ¿O, sencillamente, hartas de ellos, sus maridos?

No hay modo de saberlo. Las mujeres no han dejado ningún dato acerca de dónde pasarán los próximos días. En los dormitorios de cada una, además de los críos, permanecen recostados en la cama unos libros de autoayuda sobre la relación de pareja y una que otra revista con tests resueltos en donde ellos quedan mal parados. Probablemente esas lecturas y esos tests que evalúan superficialmente qué y cómo somos, fueron el detonador de una historia que llevaba años de arrastre.

«¿Y donde están las mujeres?», de Patrick Alessandrin, desarrolla su argumento sobre una delgada línea de frontera que divide la telenovela naif de la reflexión profunda acerca de las relaciones humanas. A veces juega a caer del lado más fácil; otras, se tienta por una complejidad que de perseverar la haría imposible o de la cual resultaría otra película. Su equilibrio le permite transformarse en una obra interesante, divertida y que sirve para entender un poco más acerca del porqué estamos juntas o separadas las personas. Luego del espasmo inicial los varones se enfrentan a la lucha cotidiana de controlar a sus hijos. No falta el crío que brama por mamá y sólo atina a deglutir chocolates y cereales, ni la adolescente que prefiere la velocidad de las motos a la mirada lánguida de su padre. De un modo u otro todos suspiran por las ausentes.

Nada concluye mal. No hay motivo. Son tres matrimonios, cada uno con su propio infierno. Si son peores o mejores es una cuestión del cristal con que se mire. La incógnita sobre el futuro hace más atractivo aún el argumento y la posibilidad de instrospección. Porque si bien son los maridos los que descubren, después de arrullar a los chicos y calmar las hormonas de unas pibas quinceañeras, que aman a sus mujeres y prefieren esas relaciones por encima de cualquier otra cosa en la vida, queda latente la decisión femenina.

Después de esos días de libertad ¿qué conclusiones habrán sacado? El libro que cada una estaba leyendo da algunas pistas. Lleva una visión optimista acerca de la humanidad. Según esa lectura, hombres y mujeres descubrirán en algún punto que odiarse es parte de la tarea del amor. Que nada es completamente fijo y que estas horas de silencio, obligado y mutuo, pueden ser útiles. Una de las escenas mejor logradas del filme muestra a los varones en una charla que ofrece la autora del libro de la discordia y en la que participan de un trabajo práctico de intercambio de roles. Uno ruge, el otro camina como una gacela y el tercero acaricia con dulzura a un desconocido que imita a un bebé. Ninguna acción, como se verá al final, ha sido propiedad del azar. (C.A.)


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