Sorpresivos resultados electorales guatemaltecos

EMILIO J. CÁRDENAS (*)

Los resultados de las recientes elecciones presidenciales de Guatemala fueron los esperados, aunque depararon algunas sorpresas. Nadie creía que el general retirado Otto Pérez Molina no iba a ganar. Y ganó. Pero por con un caudal y por un margen mucho menor al anticipado. Una vez más, las encuestas de opinión se equivocaron en sus predicciones, por el motivo que sea. A Pérez Molina se le atribuía un porcentaje del 48% y obtuvo sólo el 36%. Su rival de la segunda vuelta, el empresario populista Manuel Baldizón, llegó segundo, como también se esperaba, pero con un caudal bastante más elevado que el proyectado, del 23,5%. Esto, pese a que la gente concurrió a votar dentro de lo que en Guatemala se considera una participación alta, del orden del 65%. Por esto la segunda vuelta –en contra de lo que se suponía– está llena de incertidumbre. El triunfo de Otto Pérez Molina –es cierto– es una posibilidad, pero está bastante lejos de estar asegurado. Si Baldizón terminara ganando en segunda vuelta en noviembre podría quebrar una rara tradición guatemalteca: la que supone que quien llega segundo en una elección presidencial es en la siguiente el ganador. Hay en los resultados de la primera vuelta electoral más dispersión que la prevista. El 40% del electorado –nada menos– votó por candidatos que no son los que estarán en la segunda vuelta. Esto es aparentemente consecuencia directa del fracaso político de Sandra Torres quien –sosteniendo seguir el “modelo” de Eva Perón– de pronto pretendió –violando una expresa prohibición constitucional– ser electa como presidenta de Guatemala a continuación de su ex esposo, Álvaro Colom. Para ello fraguó –sin éxito– un divorcio vincular, tenido por la Justicia como una simulación destinada a violar la prohibición constitucional de que los familiares de los presidentes puedan sucederlos. Pese a lo sucedido, el partido de Pérez Molina (“Partido Patriota”) tendrá el principal bloque parlamentario, sin por ello controlar el Legislativo de Guatemala. Es probable que el tema de la escasa seguridad personal con que se vive en la Guatemala de hoy siga siendo el principal mensaje de los candidatos, aun en la segunda vuelta. Pérez Molina propone “mano dura”; Baldizón, la pena de muerte. Hay entre ambos candidatos una suerte de competencia acerca de quién aparece como el más dispuesto a emplear la dureza en la represión del crimen organizado (apuntando particularmente a algunos cárteles mexicanos que parecen haberse establecido en el norte del país) que ha crecido mucho en Guatemala, así como en otros países centroamericanos, de la mano del narcotráfico, a punto tal que hay quienes encuentran similitudes entre la Guatemala de hoy y la Colombia del 2001 o el 2002, particularmente si de encontrar evidencia de corrupción en las filas policiales o en los estrados judiciales se trata. Una lamentable situación, por cierto. (*) Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


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