Sociedad
En este rincón rural del Alto Valle, entre chacras y caminos empantanados, la Escuela 68 se alza como el corazón de una comunidad que nunca fue pueblo, pero que durante un siglo se sostuvo en el aula, en la cocina y en los recreos. Mientras se preparan para celebrar su centenario, docentes, exalumnos y vecinos reviven la historia de una institución que resistió al olvido y le dio identidad a Guerrico.