Arquitectura
Poner en valor la construcción original y preservar su esencia fueron las claves para que la bodega La Falda volviera a abrir sus puertas reconvertida en museo, restó, cafetería y el patio Herzig. Esta historia une la gran obra de un pionero alemán, dos geólogos que dejaron la industria del petróleo y vieron una oportunidad en el enoturismo y una diseñadora de iluminación neuquina convencida de que la estética no debe olvidar la funcionalidad. ¿El resultado? Está a la vista.