«Tengo terror al sentido colectivo de los símbolos»

Es una de las periodistas de mayor prestigio en el medio televisivo y gráfico nacional. Norma Morandini desarrolló además una intensa actividad como corresponsal de la revista española "Cambio 16" y del diario "O"Globo", de Brasil. Es autora del libro "Catamarca", un ensayo revelador a partir del crimen de María Soledad. El año pasado publicó "La gran pantalla" (Sudamericana), donde analiza la televisión y toca temas que parecen vedados para la opinión pública.

Norma Morandini tiene una desarrollada capacidad para indicar con el dedo eso que, por lo general, se calla: las obviedades importantes que definen políticas de discriminación o se regodean en la hipocresía.

A veces el esfuerzo le ha valido elogios, en otras ocasiones los aplausos vinieron en forma de ironía. «Eres una periodista más para la televisión alemana», cuenta en esta entrevista con «Río Negro» que alguna vez le dijeron sus compañeros de trabajo.

Pero la frase tiene varias connotaciones, y otras cargas. Hay palmadas en la espalda que mejor no recibir.

Morandini lleva mucho tiempo en los distintos escenarios del medio periodístico. Fue corresponsal de «Cambio 16», pero hoy es bien conocida por su actividad profesional en televisión y diarios, en especial los del holding «Clarín».

El año pasado publicó «La gran pantalla. Periodismo en televisión de Neustadt a Pergolini» (Sudamericana), un libro que sirve para entender parte de lo que por estos días ocurre en la movida pantalla chica.

Los noticieros sin presencia femenina y convertidos en show, dinosaurios del periodismo televisivo cargando con su pasado, la peligrosa confusión entre realidad y ficción, a propósito del recientemente terminado «El Bar» (con un récord de llamadas telefónicas a 3 pesos más IVA) o de «Gran Hermano», la falta de formación en el medio periodístico y su precarización, la vocación de los diarios por parecerse a la televisión, son temas que afloran entre sus reflexiones. Morandini profundiza donde otros dejaron el trabajo sin terminar.

– ¿Se planteó la posible temporalidad de este libro cuando comenzó a escribirlo?

– Al contrario. Hace tiempo que los jóvenes me piden que los ayude con sus tesis, ya que a mi vida se ha agregado una parte de docencia.

Las cosas de las que hablo pareciera que son utópicas, pero las he visto. Mi aspiración es que el periodismo sea lo más parecido posible a lo que es en las democracias desarrolladas. Veo que algunas cosas que digo en el libro, sobre todo en la televisión, siguen vigentes.

Eso no es la realidad

– En parte se lo menciono porque el libro, que salió hace un año ya, parece escrito hace pocas semanas. La aparición de «Gran Hermano» y «El Bar», que han merecido diversas coberturas periodísticas, reactualiza sus puntos de vista.

– Eso no es periodismo. Aunque nos quieran hacer creer que eso es la realidad, es un juego. No puedo hablar de esto porque no los veo, participé de un debate al principio y cuando estaba allí pensé: «Estoy loca, estoy convalidando algo que es un negocio». Sé que tienen un canal, revistas. En la sociedad de consumo, ya lo sabemos, la gente es llevada casi como rebaño. Cuando hay una opinión pública crítica, es más difícil caer en lo que le imponen.

– Es cuando menos extraño leer estas coberturas de una situación en la que supuestamente se ve todo, es la cobertura de la cobertura.

– Además estos chicos aparecen opinando de todo. Convertidos en personajes.

Por otro lado se apela a modelos que están muy alejados de la gente joven. La vida como un espejo, gente que está tirada en la casa viendo cómo están tirados otros. La realidad no es ésa, la realidad es que vos y yo estamos trabajando, o se está penando porque no hay trabajo. Entonces me niego a que se llame realidad a eso.

Parodia y periodismo

– Usted hace en su libro una diferenciación entre el periodismo y lo que planteaba en su programa «CQC» Mario Pergolini.

– Parodia al mismo periodismo, sólo que los periodistas no nos dimos por aludidos. Mirá lo que produce Pergolini ahora, un programa periodístico (Se refiere a «.Doc/2» conducido por Daniel Tognetti y Rolando Graña)

– Y también «El Bar».

– Claro, pero hay que diferenciar los géneros. Periodismo no es cualquier programa con un micrófono. Porque entonces, como vemos en televisión, cualquier persona que tiene dos anunciantes, pone una mesa y un micrófono, ya se considera periodista. Una persona primero debe estudiar, acreditarse en la independencia.

– Recuerdo un libro de Tomás Abraham, «La aldea local» (Eudeba), donde al igual que usted, deja atrás la vieja discusión acerca de la validez intelectual de la televisión.

– Yo no sólo tuve prejuicios, sino que fui víctima de esos prejuicios. Recuerdo que cuando escribí «Catamarca» participaba de las tertulias de los programas. Recuerdo que me invitaba mucho Bernardo Neustadt. Venía de España, había vivido en Brasil, y pensaba: a mí me tienen que juzgar por lo que digo, no por sentarme al lado de Neustadt. Yo le he dicho cosas a él que nadie se las decía, se las he escrito, con respeto. Nunca me metí con su vida privada.

Cuando escribí el libro «Catamarca», en «Página/12» hicieron una crítica muy elogiosa, me equiparaban con Emile Zola y qué sé yo. Sólo que para llegar a esa parte tenías que leer toda la mitad de la crítica preguntándose si los intelectuales debían o no ir a la televisión. Esto es lo que me asusta de nuestro país, el temor a innovar. Lo que no hay que cambiar son los valores. Te das cuenta que después viene la realidad, nos pasa por encima y nos quedamos ahí sin saber lo que ha pasado.

– Uno de los capítulos más fuertes de su libro es aquel dedicado a la visita de Orianna Fallacci, donde los periodistas locales llegan a acusarla de fascista. (Nota: Morandini recordó los dichos de la periodista italiana, hace unos años, en una charla con otros profesionales del medio, acerca del papel que jugó la prensa durante la dictadura militar).

– Es un buen espejo para todos y mirarnos ahí como sociedad. ¡No sabés lo que era en la época! Yo acababa de llegar a la Argentina, así que me lo ligué de entrada. Además ese patoterismo. No lo podía creer. Neustadt que decía «¡nos va a oír, nos va a oír!».

Me lo ligué de entrada. Los militares incentivaron el antiextranjerismo y ahora estamos del otro lado, sólo lo extranjero vale. De no valer nada, luego pasamos a entregarles todo. Vamos de extremo a extremo. La tipa quedó como una dama, como una justiciera para mucha gente que veía a Neustadt para pelearse con Neustadt.

– Hay muchas cuestiones básicas que no se dicen o analizan en el medio periodístico. El que no haya mujeres en los noticieros es una de las que usted menciona. El tabú acerca de las drogas prohibidas es otra cuenta pendiente. Pienso en la participación de Antonio Escohotado, en el programa «Memoria». El escándalo, los ataques a su persona, hasta intentaron meterlo preso.

– El estuvo primero conmigo que con nadie en el cable. Hicimos un programa fantástico. Sin escandalizar, por eso, son los enfoques. Hay un enfoque chisme. Cuando trabajaba en el 13 me decían, como crítica, «sos más para la televisión alemana», y a mí me sonaba como a un elogio.

Luego entendí que eso también quería decir que uno no puede vivir tan alejado de la sociedad en la que vive. Pero de ahí a ser oportunistas. Todo el debate de Bolocco me da vergüenza. ¿Qué importancia tiene? Todo el mundo dice que es una cosa de marketing, que es un contrato, pero son vehículos de esa propaganda. Si ellos quieren hacerla lo medios se prestan maravillosamente.

– Que paguen publicidad…

– Precisamente, que paguen publicidad.

El show de los noticieros

– Pensando también en Fernando Savater: el concepto de patria también debería ser pensado desde otro lugar.

– Tengo terror al sentido colectivo de los símbolos. Aquí cerca de donde vivo hubo una manifestación y había carteles por todos lados y cuando veo eso de: «No venga con consignas partidarias, traiga banderas», a mí me corre un frío, porque ya sabemos quiénes usaron los símbolos.

La soberanía está puesta en otras cosas, en la gente. ¿De qué nos sirven los símbolos si hay ciudadanos de primera, de segunda y otros que ni siquiera existen, los han sacado del mapa? El debate por lo argentino está puesto en otro lado. En un país que ha entregado sus decisiones afuera.

Todo el riesgo país es como nos miran. Es el modelo de país desde Menem en adelante. Esta es la consecuencia de cómo se decidió vender hasta las joyas de la abuela, y se entregó el comando del país al cómo nos miran. Me da la sensación de que tenemos unos ojos inmensos afuera. Habría que recordar los años previos, la euforia. Fascinados con el Primer Mundo, mucha gente no tiene idea de lo que habla. Ojalá tuviéramos valores de Primer Mundo.

– Otro punto es el caso de los noticieros. En el «89, por ejemplo, la mayor parte del contenido era local, lo extranjero se limitaba a las fotografías. Postales del afuera. Luego eso cambió, pero subsiste el concepto de show en los noticieros.

– Me obsesiona el tema de los valores. Cuando se debatió lo del IVA, no escuché a nadie explicar que el IVA no es un privilegio. Se les exime a las empresas periodísticas de él para que cumplan con el mandato constitucional de informar a la sociedad. Para satisfacer el derecho que tiene la gente de estar informada. Pero no se dice y no se ve la idea del periodista como expresión de la opinión pública.

– Hay una notoria falta de análisis y de un periodismo más profundo en los noticieros televisivos. El conflicto de Medio Oriente es apenas una imagen brutal de tiros y explosiones. Nadie explica de qué se trata.

– Acá Medio Oriente es una postal. No se contextualiza, que es lo primero que debe aprender un periodista.

Cuando empecé me decían no digas que sos de la universidad. Hoy no toman a personas que no vengan de la universidad, pero el periodista en la redacción no tiene importancia. Toman jóvenes a los que les pagan nada, porque se ha precarizado también la empresa periodística y los largan sin que nadie los oriente, como un editor de mayor experiencia. Acá lo único que tienen que hacer es correr con la cámara.

– En el marco que usted describe, los diarios cada vez pretenden parecerse más a la televisión.

– En ese contexto los únicos que podrían competir son los buenos escritores y el reportaje, lo que en la tele produce emoción. Y el único que puede emocionar es el escritor y los diarios no lo convocan.

Además hay mucho prejuicio a la primera persona, a veces me corrigen. Pero cuando hablo lo hago desde mí, como yo he visto las cosas. Si observo algo debo describirlo desde ese lugar, para eso tengo una confianza depositada, la de tener una columna.

Claudio Andrade


Adherido a los criterios de
Journalism Trust Initiative
Nuestras directrices editoriales
<span>Adherido a los criterios de <br><strong>Journalism Trust Initiative</strong></span>

Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios