Un homenaje al intendente que modernizó Neuquén



A. Rubén Etcheverry*


Hoy, en la Casa Rosada, recibimos por segunda vez el Premio Nacional a la Calidad Municipal desde que a fines de 2016 el intendente me designara como secretario de Modernización. En esta oportunidad es un reconocimiento a la gestión en la talla de ese gran político que fue Quiroga dentro de su “escasa humanidad de 1,70”, como a él le gustaba referirse sumándose algunos centímetros.

Escuchamos en los funerales de las movies americanas las “In Loving Memories”, esa evocación afectuosa con la que recordamos los momentos inolvidables de la vida de una persona. Y estas palabras pretenden ser solo un párrafo de esas memorias:

Si hay algo que destaco de su gestión, lo que lo distinguió quizás por encima de la política, atañe a la sustentabilidad de las finanzas municipales.

Sin dudas será recordado como el intendente que hizo la gran transformación de la ciudad. Y también quien dio los primeros pasos en pos de su modernización.

“Mitad del siglo XX y mitad del siglo XXI”, nos recordaba en cada memorable discurso, o cuando recibía una distinción como la de hoy, mientras mostraba su antiguo Nokia analógico.

Pero si hay algo que destaco de su gestión, lo que lo distinguió quizás por encima de la política atañe a la sustentabilidad de las finanzas municipales, que habíamos planeado difundir en una recorrida por los municipios de todo el país a través su fundación Confluencia.

Sin ese equilibrio entre ingresos y egresos, entre gastos e inversiones, entre obras y salarios, entre recursos y política, entre austeridad y conmemoraciones, como eje prioritario de su gestión, hubiese sido imposible para él haber llevado a cabo ese sueño de la metamorfosis metropolitana de la Confluencia. La capital de la Patagonia.

Como pocos, nos dejó el ejemplo de cómo hacer para que las cosas pasen.

Nunca en contra de las instituciones, ni de la universidad, ni de las organizaciones, sino luchando contra las dispendiosas administraciones, el populismo, el facilismo, la irresponsabilidad en el gasto, la desidia en la recaudación, el endeudamiento irresponsable. Estos fueron sus reales enemigos sistemáticos.

Ojalá que el nuevo gobierno municipal pueda crecer sobre estas bases, de obras, de sentimientos, de sanidad administrativa que hereda, en pos del Neuquén pujante que sigue forjando día a día su identidad.

Pechi nunca pasaba desapercibido. Se hacía querer y reprobar con igual intensidad. Su recuerdo va a perdurar en la historia de la ciudad.

Un intendente personalista, con agallas, cuya gesta se va a extrañar.

Este premio que recibe la ciudad concurre hoy como un merecimiento y remembranza hacia aquél que la última parte de su vida fundió su biografía con la de Neuquén.

*Ingeniero, secretario de Modernización de la Ciudad de Neuquén


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