Un lugar en el difícil universo del cine llamado Argentina

El 2004 fue un año muy positivo para el cine local.

Las cuatro importantes candidaturas que el filme de Adolfo Aristarain “Roma” recibió para los premios Goya de España le ponen un broche a un 2004 positivo para el cine argentino, en el que consolidó su prestigio internacional con más de 100 premios y comenzó a regular su exhibición interna con el establecimiento de una cuota de pantalla por el Instituto de Cine (Incaa). Aunque con altibajos relacionados especialmente con la escasa convocatoria de público que demostraron demasiadas películas locales, la promisoria realidad del cine argentino incluyó este año unos 60 estrenos, el rodaje de numerosos productos que quedan para su difusión desde 2005, una presencia destacada en festivales y la creación de una Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas. Se trató de una temporada en la que siguió vigente la fiebre productiva de años anteriores, que dio lugar tanto a propuestas arriesgadas y autorales -uno de los rasgos distintivos y más atractivos del denominado nuevo cine argentino- como a otras de corte más industrial, volcadas francamente al entretenimiento y el deleite de públicos masivos. En ese sentido, la película argentina más taquillera del año fue el dibujo animado “Patoruzito”, con 2.083.431 espectadores, y la siguieron “Luna de Avellaneda”, con 1.052.683; “Peligrosa obsesión”, con 804.016; “Erreway-4 caminos”, con 342.470; “Diarios de motocicleta”, con 205.940, y “El abrazo partido”, con 154.751. En una decisión que celebró la mayoría y que busca defender al cine nacional frente a la capacidad hegemónica de las productoras estadounidenses y de las cadenas de multicines asociadas a ellas, el Incaa fijó una cuota de pantalla y una media para las películas locales. La medida del Incaa -que además ahondó su política de difusión con la multiplicación de espacios de exhibición propios acá y en el mundo- se traduce en la obligación de cada sala del país en estrenar un filme argentino por trimestre y en respetar un mínimo de espectadores para que las películas puedan permanecer allí una semana más. “Ahora la Argentina es un país en el mapa del cine mundial”, dijo Thierry Fremaux, delegado artístico del renombrado festival de cine de Cannes, cuando estuvo en Buenos Aires buscando nuevos filmes argentinos para ese certamen, ya que para él “son películas hechas por autores. Y los nombres de los directores argentinos -agregó- son ahora famosos”. Uno de esos argentinos famosos es el fogueado Fernando “Pino” Solanas, autor del documental “Memorias del saqueo”, quien recibió un Oso de Oro honorario por su trayectoria en el Festival de Cine de Berlín y se convirtió en el primer director latinoamericano en ganar un premio de esa trascendencia. Al inicio del año, dos hechos salientes fueron el Goya de Honor a la trayectoria que la Academia de Cine de España otorgó al actor Héctor Alterio y el Goya a la mejor cinta extranjera de habla hispana que entregó a “Historias mínimas”, de Carlos Sorín. Realizadores como Lucrecia Martel, Lisandro Alonso, Santiago Loza, Pablo Trapero, María Victoria Menis, Daniel Burman, Tristán Bauer, Alejandro Agresti, Daniel Rosenfeld, Martín Rejtman, Ana Poliak, Leonardo Di Cesare, Pablo Reyero y Alejo Taube volvieron a poner al cine argentino en carrera en los más importantes certámenes internacionales. “El abrazo partido”, de Burman, ganó dos Osos de Plata en Berlín; “La niña santa”, de Martel, compitió en Cannes; “Un mundo menos peor”, de Agresti, logró un premio en Venecia; y “Roma”, de Aristarain; “El perro”, de Sorín, y especialmente “El cielito”, de Menis, brillaron en la sección oficial de San Sebastián. Además, “Conversaciones con mamá”, de Santiago Carlos Oves, obtuvo el premio a la mejor película latinoamericana en Montreal y el Sol de Oro a la mejor actriz (China Zorrilla) y el premio del público en Biarritz, donde “Whisky Romeo Zulú”, ópera prima del actor Enrique Piñeyro, recibió el Sol de Oro a la mejor película. En el panorama internacional también brillaron las coproducciones con aporte argentino, como sucedió con “Whisky”, de los uruguayos Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, y “Diarios de motocicleta”, del brasileño Walter Salles, que se alzaron con galardones en Cannes y en otros festivales. Por otro lado, un grupo de cerca de 400 cineastas, productores y actores argentinos creó la Academia de Cine y la estrenó eligiendo a “El abrazo partido” como candidata al Oscar a la mejor película extranjera, y a “Luna de Avellaneda”, de Juan José Campanella, como candidata a los Goya. El cine argentino joven, sobre todo el más experimental, siguió hallando generoso cauce para su difusión en el anual Bafici (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente), que resultó tema polémico meses atrás cuando su director, Eduardo Antín “Quintín”, fue sorpresivamente relevado de su cargo como director y reemplazado por el crítico e historiador Fernando Martín Peña. Ultimo pero no menos importante, hubo numerosas gestiones y convenios entre el Incaa y los organismos similares de otros países, especialmente los miembros del Mercosur, para generar un marco de intercambio en el terreno de la coproducción, la difusión y la distribución de obras en Latinoamérica y Europa. (Télam). Paulo Pécora

lidad del cine argentino incluyó este año unos 60 estrenos, el rodaje de numerosos productos que quedan para su difusión desde 2005, una presencia destacada en festivales y la creación de una Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas. Se trató de una temporada en la que siguió vigente la fiebre productiva de años anteriores, que dio lugar tanto a propuestas arriesgadas y autorales -uno de los rasgos distintivos y más atractivos del denominado nuevo cine argentino- como a otras de corte más industrial, volcadas francamente al entretenimiento y el deleite de públicos masivos. En ese sentido, la película argentina más taquillera del año fue el dibujo animado “Patoruzito”, con 2.083.431 espectadores, y la siguieron “Luna de Avellaneda”, con 1.052.683; “Peligrosa obsesión”, con 804.016; “Erreway-4 caminos”, con 342.470; “Diarios de motocicleta”, con 205.940, y “El abrazo partido”, con 154.751. En una decisión que celebró la mayoría y que busca defender al cine nacional frente a la capacidad hegemónica de las productoras estadounidenses y de las cadenas de multicines asociadas a ellas, el Incaa fijó una cuota de pantalla y una media para las películas locales. La medida del Incaa -que además ahondó su política de difusión con la multiplicación de espacios de exhibición propios acá y en el mundo- se traduce en la obligación de cada sala del país en estrenar un filme argentino por trimestre y en respetar un mínimo de espectadores para que las películas puedan permanecer allí una semana más. “Ahora la Argentina es un país en el mapa del cine mundial”, dijo Thierry Fremaux, delegado artístico del renombrado festival de cine de Cannes, cuando estuvo en Buenos Aires buscando nuevos filmes argentinos para ese certamen, ya que para él “son películas hechas por autores. Y los nombres de los directores argentinos -agregó- son ahora famosos”. Uno de esos argentinos famosos es el fogueado Fernando “Pino” Solanas, autor del documental “Memorias del saqueo”, quien recibió un Oso de Oro honorario por su trayectoria en el Festival de Cine de Berlín y se convirtió en el primer director latinoamericano en ganar un premio de esa trascendencia. Al inicio del año, dos hechos salientes fueron el Goya de Honor a la trayectoria que la Academia de Cine de España otorgó al actor Héctor Alterio y el Goya a la mejor cinta extranjera de habla hispana que entregó a “Historias mínimas”, de Carlos Sorín. Realizadores como Lucrecia Martel, Lisandro Alonso, Santiago Loza, Pablo Trapero, María Victoria Menis, Daniel Burman, Tristán Bauer, Alejandro Agresti, Daniel Rosenfeld, Martín Rejtman, Ana Poliak, Leonardo Di Cesare, Pablo Reyero y Alejo Taube volvieron a poner al cine argentino en carrera en los más importantes certámenes internacionales. “El abrazo partido”, de Burman, ganó dos Osos de Plata en Berlín; “La niña santa”, de Martel, compitió en Cannes; “Un mundo menos peor”, de Agresti, logró un premio en Venecia; y “Roma”, de Aristarain; “El perro”, de Sorín, y especialmente “El cielito”, de Menis, brillaron en la sección oficial de San Sebastián. Además, “Conversaciones con mamá”, de Santiago Carlos Oves, obtuvo el premio a la mejor película latinoamericana en Montreal y el Sol de Oro a la mejor actriz (China Zorrilla) y el premio del público en Biarritz, donde “Whisky Romeo Zulú”, ópera prima del actor Enrique Piñeyro, recibió el Sol de Oro a la mejor película. En el panorama internacional también brillaron las coproducciones con aporte argentino, como sucedió con “Whisky”, de los uruguayos Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, y “Diarios de motocicleta”, del brasileño Walter Salles, que se alzaron con galardones en Cannes y en otros festivales. Por otro lado, un grupo de cerca de 400 cineastas, productores y actores argentinos creó la Academia de Cine y la estrenó eligiendo a “El abrazo partido” como candidata al Oscar a la mejor película extranjera, y a “Luna de Avellaneda”, de Juan José Campanella, como candidata a los Goya. El cine argentino joven, sobre todo el más experimental, siguió hallando generoso cauce para su difusión en el anual Bafici (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente), que resultó tema polémico meses atrás cuando su director, Eduardo Antín “Quintín”, fue sorpresivamente relevado de su cargo como director y reemplazado por el crítico e historiador Fernando Martín Peña. Ultimo pero no menos importante, hubo numerosas gestiones y convenios entre el Incaa y los organismos similares de otros países, especialmente los miembros del Mercosur, para generar un marco de intercambio en el terreno de la coproducción, la difusión y la distribución de obras en Latinoamérica y Europa. (Télam). Paulo Pécora

Cifras de taquilla

Dos filmes argentinos, “Patoruzito” y “Luna de Avellaneda”, superaron el millón de espectadores en salas locales en el 2004, según datos aportados a Télam por las empresas distribuidoras de cine. Si se advierte que sólo la concurrencia de una tercera cinta nacional, “Peligrosa obsesión”, fluctuó entre el medio millón y el millón de boletos, y que títulos ambiciosos y con prestigio atrajeron a menos de 200 mil personas, cabe concluir que el notable volumen de estrenos criollos, 61, no guardó relación con el total de clientes que sumaron esos productos autóctonos o producidos con aporte argentino. En una temporada como 2004 que, con 44 millones de localidades vendidas en cines nacionales, terminó con un notable incremento en ese aspecto en comparación con años anteriores, sólo seis de esos 44 millones lo fueron para presenciar filmes argentinos, un magro 13,5 por ciento. Lo que sigue es la lista de las 12 películas total o parcialmente producidas por Argentina que vendieron más entradas en salas locales durante el año 2004 (los datos abarcan hasta el martes 14 de diciembre). De cada una se informa el título, la fecha de estreno y la cantidad de localidades despachadas.


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