Un Presidente que sigue sin disculparse





La fiesta de cumpleaños de Fabiola en olivos, el 14 de julio de 2020.

El dedo índice levantado y la voz desgañitada para decir, ayer, “el único responsable soy yo: me hago cargo, doy la cara y me pongo al frente de todo esto”, ya no transmiten sinceros pedidos de disculpas, dado el contexto de sus palabras y el verdadero sentido que las anidan.

Alberto Fernández se siente forzado a enmendar torpes mensajes con otros igualmente engañosos, bajo la mezquina necesidad política de salir de un pantano por la urgencia de evitar un impacto de campaña.

“No me van a hacer caer por este error”. ¿Error? Fue una violación a normas sanitarias de excepción que él mismo dictó, con consecuencias penales y multas, y para colmo en el interior del espacio donde hoy gobierna en pandemia. Para usar la misma vara de rigor que aplicó a la ciudadanía, el festejo fue un incumplimiento a la ley; un delito.

Pero insiste en definir como “desliz y descuido” a un evento festivo claramente planificado y con invitados determinados.

Lejos de una exculpación, Fernández mantiene el dedo en alto contra sus críticos y divulgadores de una foto demoledora, demostrativa de cómo el Presidente se mofó de una población que sufría el encierro y el dolor de no poder ver o despedir a sus afectos. “Me la pasé leyendo las cosas que decían los hipócritas. (…) Algunos fueron tan miserables que dijeron que le eché la culpa a mi compañera”. ¿Hace falta recordar que apenas tres días antes dijo: “Mi querida Fabiola convocó a un brindis que no debió haberse hecho”?

El cinismo y el descaro siguen tan vigentes como las veces que negó que hubiera reuniones sociales en Olivos, desacreditó las primeras fotos “fake” con “fhotoshop”, y aseguraba sin rubor que los ingresos a la Quinta sólo tenían que ver con trabajo.

En el desbarrancamiento, Alberto se refleja fiel exponente de la vieja política de la hipocresía, la mentira y falta de sensibilidad, con el agravante de una palabra que vale ya muy poco. Sigue la lógica del Vacunatorio VIP, adeudando una disculpa franca y un sometimiento a la ley por la grave trasgresión y ofensa pública producidas.


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