Una criatura voraz

Recién en los últimos días Jorge Sobisch recuperó la sonrisa.

Un «extraño» al sobischismo llamado Jorge Sapag conducirá desde mañana la provincia durante 60 días, siempre y cuando, claro está, el gobernador Jorge Sobisch no tenga sorpresas en la devaluada interna que enfrenta hoy con Fernando Morales, el único afiliado que decidió presentarle batalla.

El vicegobernador, un hombre que está dispuesto a terminar su contrato con el oficialismo sin alterarlo, quedó atrapado por sus indefiniciones. La prueba es que ahora se encuentra ante la contradicción de mantener el rumbo de una gestión a la que criticó semanas atrás.

«Mi amigo Jorge», dijo Sobisch el lunes último, asumirá en un acto que se llevará a cabo en la gobernación. El anuncio anticipado del traspaso de mando antes de ir a las urnas es un reconocimiento por parte del gobernador de que la interna del Movimiento Popular Neuquino es apenas un trámite, pero va en sentido contrario a las expresiones formuladas por el ministro de Gobierno, Oscar Gutiérrez, que horas antes había dicho que los partidos hay que jugarlos y que Morales tenía la misma importancia de un dirigente del calibre de Felipe Sapag.

Si el pronóstico del oficialismo es acertado, mañana un Jorge andará de campaña, pero vigilando de cerca lo que ocurre en la gobernación a través de sus ministros, y el otro Jorge tendrá que inaugurar obras, viajar al interior, firmar decretos y reunirse con funcionarios que últimamente lo han ignorado.

Sapag llega a esta curiosa instancia no por obra del destino ni de la casualidad, sino por su propia decisión de golpear sin que se quiebre la sociedad que cerró con Sobisch, una figura política que una rama del sapagismo contribuyó a crear con proyección provincial en 1991.

Aquel «hijo bastardo», como definió a Sobisch alguna vez el ex diputado provincial Gustavo Vaca Narvaja, demostró ambición ilimitada, voracidad por el poder y una estrategia que finalmente lo llevó a dominar el partido que fundaron los hermanos

Sapag a principios de la década del '60. En el trayecto les cortó las alas a los herederos con linaje, o al menos lo hizo para este tiempo de la historia política de la provincia.

Los afiliados a este partido no deberían asombrarse si Sobisch, como todo ganador, comienza a reescribir la historia del MPN.

El dilema del heredero con portación de apellido es el que enfrentó Jorge Sapag en el agitado junio, cuando reclamó un partido «abierto y participativo», acusó de «autista y ciega» a la conducción de Sobisch, habló de diferencias «insalvables» con la gestión y cuestionó el «personalismo» del gobernador y el de su entorno más próximo, con el que tendrá que convivir los próximos dos meses Después de jugar varios meses a la intriga, finalmente el vicegobernador renunció a la presidencia de la Convención partidaria y a la fórmula que integraba con Sobisch.

En el camino, Sapag había procurado, por intermedio de emisarios, generar un clima favorable a una hipotética alternativa, encabezada por él, la que finalmente quedó descartada El vicegobernador actuó como el novio que llega hasta el altar y pega la vuelta antes de dar el sí. Su actitud ha sido criticada hasta por su hermana, la senadora Luz Sapag, que esta semana confesó que se sintió defraudada.

Nunca se conocieron los motivos que derivaron en la decisión última que tomó el vicegobernador. Probablemente haya existido alguna razón de peso. De todos modos, Sapag considera que no es necesario dar explicaciones porque sus confesiones hechas en privado nunca se hicieron públicas y, por lo tanto, su candidatura nunca existió Puede que Jorge Sapag quede en la historia como el hombre que dio un portazo. Pero también como el que no se atrevió a enfrentar al líder que en los '90 fue presentado en sociedad como la cara de la renovación del partido provincial.

Los afiliados a este partido, generoso con los recursos ajenos, deberían preguntarse de qué lado estaría hoy Elías Sapag si estuviera vivo. Probablemente ya no defendiendo a la criatura política que ayudó a engendrar.

La criatura recibió mimos a principios de los '90, un cachetazo por su insolencia en 1995, luego fue condenada a un ostracismo político mientras deambulaba por algunos tribunales que lo absolvieron, hasta que finalmente volvió con renovada energía en 1999. Ayudado por la devaluación del peso y los ingresos dolarizados de las regalías, Sobisch se transformó ahora en un auténtico glotón.

Recién en los últimos días el gobernador ha recuperado la sonrisa y el humor perdidos luego de sucesivos disgustos, algunos de ellos vigentes, como la investigación judicial en marcha por el supuesto intento de soborno al diputado Jorge Taylor con el objetivo último de colonizar el Tribunal Superior de Justicia. Todo esto sin contar la desaparición del menemismo del primer plano de la escena nacional que ha desorientado al oficialismo, a tal punto que la relación de Neuquén con la gestión de Néstor Kirchner es tan fría y distante como cercana y carnal lo fue con la de Carlos Menem.

Sobisch marcha rumbo hacia su reelección con un proyecto político aún más ambicioso que incluye mayor concentración de poder y una nueva apuesta a la proyección nacional para el 2007 Como se siente ganador de todas las batallas, Sobisch anunció que en su próxima gestión se dedicará a recorrer la provincia, el país y el mundo. Y si sucediera que logra mayoría legislativa, podría activar un nuevo proyecto de enmienda o reforma constitucional para autorizar la reelección indefinida.

Gerardo Bilardo

gbilardo@rionegro.com.ar


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