Una novela que se hunde en la memoria y las atrocidades del nazismo

Una pesquisa de sesgo detectivesco lleva al escritor francés Patrick Modiano a sumergirse en la vida de una chica judía de 15 años que desaparece sin dejar rastros de un internado de monjas y es identificada luego en una lista de deportados del campo de exterminio de Auschwitz, un recorrido dramático y polisémico que el reciente Nobel de Literatura retrata en la novela Dora Bruder.

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“Se busca a una joven, Dora Bruder, de 15 años, 1,55 metros, rostro ovalado, ojos gris marrón, abrigo sport gris, pullover burdeos, falda y sombrero azul marino, zapatos sport marrón. Ponerse en contacto con el señor y la señora Bruder, bulevar Ornano, 41, París” decía el pequeño anuncio publicado el 31 de diciembre de 1941 en el diario París Soir.

Cuarenta años después, el aviso llega fortuitamente a manos del escritor, que resignifica su propósito original y decide emprender una meticulosa investigación para averiguar qué ocurrió con la joven y su familia.

La indagación sobre el destino de Dora, que se despliega por archivos policiales, entrevistas a vecinos del barrio y vigilia por las calles, deja una constatación funesta: el detective Modiano descubre enseguida que la chica era de origen judío y que tras escaparse de casa fue detenida por la policí­a colaboracionista y deportada a Auschwitz, donde murió.

A partir de esta precariedad biográfica, Modiano construye una arquitectura narrativa que hace de la carencia una virtud y aprovecha la ausencia de certidumbre para bosquejar su obsesión en torno a la memoria: “Si yo hubiera vivido en el siglo XIX habrí­a escrito novelas rurales: largas novelas redondas y completas. Pero en esta época todo es fragmentario, y las grandes ciudades favorecen eso, el anonimato, que el rastro de las personas se pierda”, sostiene en una entrevista concedida hace unos años al diario El País.

“También es verdad que yo siempre he estado impresionado por las desapariciones, por las ausencias. Por eso me fascinan las viejas guí­as de teléfonos en las que aparecen los nombres de los abonados, porque de un año al otro hay gente que desaparece, que se va”, acota en ese mismo reportaje.

La pesquisa que inicia el escritor se puede leer como un ejercicio en el que a medida que toma contacto con el destino de Dora va delineando zonas difusas de su propia infancia -el autor de “La calle de las tiendas oscuras” se reconoce en muchos de los espacios que transita la chica- y reflexiona sobre el peso que adquieren las huellas que una persona deja sobre las demás: cómo este sustrato se convierte en el único registro perdurable una vez que la vida termina.

Ante la muerte -expone Modiano- uno sobrevive en la memoria de quienes ha conocido a través de matices y rasgos que retornan desfigurados por la naturaleza errática del recuerdo. Cuando estos referentes también mueren, entonces habremos desaparecido para siempre.

El escritor trabaja sobre las simetrías entre la casa del Boulevar Ornano donde vive la familia Bruder y los paseos de su niñez de la mano de su padre por ese miso paisaje que vincula la desaparición de Dora con la de ese niño que también se ha volatilizado por efecto del paso del tiempo.

La historia avanza en paralelo sobre otro núcleo, el mismo que reviste entre los argumentos de la Academia Sueca para otorgarle el Nobel de Literatura: las marcas del dolor y la violencia en una sociedad -la europea- que soportó durante años la pesadilla nazi.

Dora Bruder, que acaba de lanzar Seix Barral en sintonía con otras obras que empezarán a saldar la omisión de Modiano en las librerías locales, compendia el sufrimiento de toda una época reinterpretado desde la perspectiva actual y al mismo tiempo la peripecia del escritor que trata de recobrar la verdad y se interpela sobre sus alcances.

El narrador va en busca de Dora mientras se interroga sobre las formas de reconstruir una biografía, sobre las diversas maneras de contar una vida y los mecanismos de la ficción -que sin funcionar necesariamente como una tergiversación- permiten llenar los vacíos y sumarle densidad a las conjeturas.

“Nunca sabré cómo pasaba los dí­as, dónde se escondía, en compañí­a de quién estuvo durante los primeros meses de su primera fuga y durante las semanas de primavera en que se escapó de nuevo. Ese es su secreto. Un modesto y precioso secreto que los verdugos, las ordenanzas, las autoridades llamadas de ocupación, la prisión preventiva, la Historia, el tiempo -todo lo que nos ensucia y destruye- no pudieron robarle”, escribe Modiano.

Fuente: Télam


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