“Una sensación de retorno”

Hoy es un día muy importante en mi vida: estoy ante mi amiga y confidente, mi vieja y querida máquina de escribir. Por momentos se me amontonan letras y espacios, luego fluye mi mensaje de niña que soñó con ser escritora y poeta. Nunca olvidaré las palabras del señor Álvarez: “No tengas miedo que poeta se nace… luego la vida los va puliendo”, y mi pequeña figura pasaba por las demás aulas leyendo mis mensajes… He vivido y conocido lo que ignoraba: se que me falta un montón por conocer (¡si en cada minuto en cada segundo aprendo algo nuevo!, ¡lo que me falta mi Dios!). Siempre me ha intrigado el tema ovnis, y tengo el total convencimiento de que no somos únicos en el universo (no he tenido la suerte de encontrarme frente a ellos, seguramente les pediría que me llevaran a conocer su lugar. Sé que ese día llegará, estoy totalmente convencida). Recuerdo cuando mis amigos de toda la vida me decían: “Negra, parecés un ser de otro planeta, siempre estás viajando y con tus pensamientos en tus cosas, ¡aterrizá a la tierra!” y de sus risas y canciones tomados de las manos en una ronda de amor nacían nuestros secretos. ¿Sabés lo que me pasó?, te cuento un secreto. Todo era tan hermoso: la niñez, la adolescencia (para todos ellos tengo alguna poesía, que volveré a escribir seguramente). Volviendo a mis pensamientos, me hacía miles de preguntas, ante el majestuoso país del río Negro: por un lado, el agua que corría cristalina, con flora y fauna. Por el otro lado (en frente) las imponentes bardas con otra flora y otra fauna… Al ponerse el sol (y quedarme al sol) el murmullo del agua parecía cantarme y una suave brisa acariciaba mis sienes; sentada bajo un verde y hermoso sauce llorón seguía soñando. El trino de los pájaros eran coros celestiales, los patitos silvestres eran un encanto mirarlos en filita detrás de papá y mamá pata. Y al levantar mi vista y observar las majestuosas bardas, tomaban colores distintos: el sol se marchaba lentamente con esa armonía inigualable de sus colores. Cuántos secretos tienen ellos de mí, cuántas ilusiones de joven soñadora, después les escribiré canción al río. Del río que he hablado hasta aquí es el río Negro: conozco todas sus orillas y siempre tiene una geografía distinta; nace en la confluencia del lago Nahuel Huapi (S. C. de Bariloche). Con esto que he escrito hasta aquí (con mi confidente máquina) hay en mí una sensación de retorno a lo que me he dedicado casi toda mi vida. Por algo siento dolor, hace dos años por motivos casi inexplicables junté todos mis escritos (que eran muchos) y los quemé. Una persona me había dicho: “Lo que escribís sólo sirve para líricos, pero eso no te dará de comer; ocupá tu tiempo en otra cosa y no pases tantas horas en la máquina”. ¡Tonta! ¡Qué poca fe me tuve! Después le hablé por teléfono para contarle que había quemado todo y su respuesta fue: “Por qué lo hiciste, te arrepentirás toda tu vida”. De más está decirle que no he vuelto a escribir hasta el día de hoy, feliz y sin resentimientos. Está anocheciendo y llega la luna con todo su embrujo. Como despedida quiero dejar un mensaje de mi adorable Indra Devi. Matayi nos dice: “Ojalá penetre el Sai Yoga hasta el fondo de nuestro ser, despertando la voz de la luz, el amor y la paz que mora en nuestros corazones: a través de la práctica de la respiración profunda”… Nélida Martha Blanco DNI 3.792.825

Nélida Martha Blanco, DNI 3.792.825


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