Vértigo ingobernable

Como en el fútbol, en materia política el desafío es también jugar en velocidad sin perder precisión. Pero cuando el vértigo se hace ingobernable, aun con la cancha demasiado embarrada, cuando ya hay muchos lesionados por los choques y se está a punto de que el partido termine en un cero a cero infeliz, alguien debe decidir parar la pelota y congelar la situación, en nombre de la supervivencia de todos. Esto es lo que ha empezado a suceder tímidamente en el subsuelo de la clase dirigente en la Argentina de estos días, que observa a muchos políticos aún metidos en el campo de juego a los codazos limpios, trampa sobre trampa, muy calientes e incapaces de pensar a largo plazo, mientras la tribuna, cada vez más nerviosa por las consecuencias económicas de tantos desatinos (inflación creciente, falta de inversión y desempleo), ha comenzado a silbar. El problema más difícil de encauzar es que la presidenta de la Nación, la natural referí de cualquier diferendo, estuvo jugando fuerte para un lado y ha quedado claro que considera a los del otro bando (la oposición, los jueces y los medios) como enemigos antes que como adversarios. Cómo equilibrar las necesidades políticas, con la responsabilidad, la propaganda y hasta con sus ideas de golpe institucional en ciernes, es lo que Cristina Fernández en su rol de número uno de la Argentina, parece que no ha podido conciliar todavía. (Hugo Grimaldi, DyN)

ANÁLISIS


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