Viaje sin brújula

Aunque virtualmente todos entienden que comenzó hace tiempo la transición desde el kirchnerismo hasta el «ismo» siguiente, aún no se ha conformado ningún polo opositor que sea capaz de llenar el espacio dejado por la implosión de la popularidad de la presidenta Cristina de Kirchner y su marido hiperactivo, el ex presidente Néstor Kirchner. Como muchos han señalado, en las elecciones del 28 de junio no hubo ganadores evidentes. Puesto que por haber nacido en Colombia, Francisco de Narváez necesitaría una reforma constitucional para ser incluido en la lista de presidenciables, hubo un consenso de que los más beneficiados fueron Julio Cobos, Carlos Reutemann y Mauricio Macri, o sea dos dirigentes que no se habían postulado por ningún cargo electivo y un senador que a duras penas consiguió conservar lo que en las semanas previas a la jornada parecía ser una ventaja más que cómoda sobre su rival principal, Rubén Giustiniani, mientras que entre quienes más perdieron estuvo la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió. Con todo, desde que se celebraron aquellas elecciones el panorama se ha complicado todavía más, ya que los supuestamente beneficiados por el voto han tenido que defenderse contra los interesados en hacerlos tropezar, Reutemann parece resuelto a cometer harakiri político y muchas alianzas que en teoría deberían haber servido para introducir cierto orden en el atomizado mundillo político nacional han resultado ser muy frágiles, lo que ha creado una situación que el ex presidente Kirchner ha sabido aprovechar.

Entre los máximos responsables de sembrar confusión está, cuando no, el senador Reutemann. A diferencia de otros aspirantes a la presidencia, le gusta hacerse rogar: para desconcierto de sus simpatizantes cada tanto deja saber que le atormentan dudas en cuanto a la conveniencia de arriesgarse postulándose. Y como si no fuera suficiente su costumbre de expresar sus opiniones con laconismo exasperante, de suerte que ni siquiera sus allegados saben lo que tiene en mente, acaba de estallar de ira de modo tan violento que en una cultura política menos tolerante de los desvaríos que la nuestra ya no tendría ninguna posibilidad de triunfar en una elección presidencial. De tomarse al pie de la letra el exabrupto escatológico con el que reaccionó frente a «la traición» de la senadora Roxana Latorre, Reutemann ya se hubiera borrado de la lista de precandidatos presidenciales, pero peronistas disidentes como De Narváez y Jorge Busti parecen convencidos de que aún está en carrera.

Una consecuencia acaso inevitable de la fragmentación enfermiza que es la característica más llamativa del orden político actual, uno en que ninguna agrupación puede contar con el apoyo de mucho más del 30% del electorado, es que todo depende de la evolución de la imagen personal de los presuntamente presidenciables, los que, además de Reutemann, Cobos y Macri, incluyen al ex gobernador bonaerense Felipe Solá, el actual, Daniel Scioli, y también, si bien por diversas razones por ahora parecen tener pocas posibilidades, Carrió y el gobernador santafecino Hermes Binner. Según Reutemann, el ex presidente provisional Eduardo Duhalde sería un candidato natural, pero, como sin duda comprende, el que conforme a los sondeos la mitad de la población se negaría a votar por él debería bastar como para eliminarlo. En cuanto al ex presidente Kirchner, parecería que ha logrado convencerse de que, merced a la falta de alternativas claras, podría volver a triunfar si se presentara en el 2011, pero puesto que de acuerdo con una encuesta reciente le sería difícil alcanzar el tres por ciento de los votos en una elección presidencial, es de suponer que sus afirmaciones en tal sentido son bravuconadas formuladas con el propósito de impedir que sus adictos lo abandonen por completo antes de tiempo. Nuestras perspectivas políticas, pues, siguen siendo sumamente inciertas debido a la ausencia de partidos coherentes y de liderazgos evidentes. Puede que la situación así supuesta favorezca a los Kirchner, que están esforzándose por ampliar las grietas que ya existen, tentando a personas como la senadora reutemista Roxana Latorre a alejarse de quien había sido su apadrinador, pero no favorece en absoluto al país que continuará a la deriva hasta consolidarse la fuerza que por fin reemplace a la construida por Néstor Kirchner.


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