“Y un día me convertí en esa madre que aborrecía”

El mandato social nos impone primero ser madres y luego madres buenas, abnegadas e incondicionales. Pero hay otra forma más real de ser madre. El último libro de la periodista Sonia Santoro lo demuestra en primera persona, con humor y un toque de ficción.




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“Parirás con dolor a tus hijos”. Confirmado: la “bendición” viene de la mano de la condena por apartarse de la norma, del castigo por haber estado dispuestas a probar el fruto prohibido. Desde entonces el durazno trae la pelusa y el que quiere celeste que le cueste. Sin embargo, cuando decidimos ser madres eso que “sabemos” desde siempre ¿dónde está? Las voces ancestrales de la ambigüedad y la paradoja parecerían quedar subsumidas en una suerte de “ideal maternal”, en palabras de Clara Coria, construido sobre la base del altruismo, la incondicionalidad y la abnegación.

“El mandato de la sociedad en la que vivimos sólo nos habla de la parte linda de la maternidad -que existe claro-, pero no de las exigencias que esto implica para las mujeres que no entran dentro de ese esquema de ser madres buenas, abnegadas, ordenadas”, opina Sonia Santoro, periodista y autora de “Y un día me convertí en esa madre que aborrecía”, en diálogo con rionegro.com.ar.

Sonia tiene 37 años, es periodista y licenciada en Comunicación y tiene dos hijos que define como “inspiradores”. Con el nacimiento del primero sentía que su carrera profesional se estancaba, que sus relaciones se limitaban a encuentros con gente con hijos, que su pareja se convertía en una especie de hermano postizo y personajes como la niñera, la madre y una autora de libros sobre maternidad iban cobrando un protagonismo hasta entonces impensado.

Así con el primer hijo nacía este libro y una manera de procesar la maternidad y de construir un modo más personal de ser madre.

Dicen que la maternidad, entre otras cosas, es una oportunidad de avanzar definitivamente hacia la vida adulta. ¿Coincidís con esta afirmación?

Puede ser una oportunidad, no creo que la única. Lo que es claro es que es definitiva porque no hay vuelta atrás.

¿La madre en la que una aborrece convertirse necesariamente es la madre propia o una construcción más compleja?

No es necesariamente nuestra propia madre. Creo que mucho más complicado que eso, son los mandatos que la sociedad en que vivimos tiene para con las mujeres que tienen hijos, mandatos que por un lado hablan de la parte linda de la maternidad, que existe claro, pero no de las exigencias que esto implica para las mujeres que no entran dentro de ese esquema de ser madres buenas, abnegadas, ordenadas, etc.

¿Por qué no hablamos de la “oscuridad” o la “cosa negra” de la maternidad? ¿Cuáles son para vos sus peores aspectos?

Supongo que es porque la maternidad está todavía en el orden de lo sagrado para nuestra sociedad. Y romper con eso –la madre santa- asusta mucho. De todos modos, creo que entre amigas se hablan de estas cosas. De cómo te tratan en el hospital, de lo que sentís cuando el bebé llora toda la noche, de cómo te peleas con tu pareja por el bebé, etc.

Ese camino de transformarnos en lo que detestamos, ¿cuándo comienza? ¿Es un proceso inevitable?

No sé si es inevitable, a mí me pasó. Creo que al tener un hijo entendemos un poco más a nuestras madres. Además, el modelo más vivenciado que tenemos de criar es el de nuestra madre, de nuestra familia, entonces al principio volvés a ese modelo. No sin contradicciones por supuesto. Lo que es claro es que lleva un tiempo construir una manera más personal de ser madre.

¿Por qué pese a luchar contra el estereotipo en el terreno laboral o en el de la pareja, el de la maternidad parece ser más fuerte y un día nos sorprendemos entrampadas o víctimas de él?

Porque cuando sos madre, lo sos por primera vez, entonces todo es nuevo para vos, y no sabés nada en ese campo aunque seas una destacada profesional en tu rubro laboral. Así es que terminás recurriendo a lo que tenés más a mano, a lo que te resuena más de tu historia y repetís modelos. El desafío, como decía antes, es romperlos y hacer un camino propio.

Carla Czudnowsky dijo sobre tu libro que, al leerlo, se sintió una madre real, ni la peor, ni la mejor sino una madre posible. ¿Podemos entender que esa madre se hace posible desde el humor y al mismo tiempo desde la desolación?

Eso es un poco lo que transmite el libro porque así es también la vida real. Pasamos por momentos trágicos (o que vivimos como trágicos) y después recordamos la anécdota con humor. También hay momentos malos que no hay forma de mirarlos con sonrisas y otros que son pura maravilla. En el libro hay un poco de todos estos estados que nos genera la maternidad.

Varios “especialistas” coinciden en que las mujeres “sabemos” ser madres porque desde pequeñas, al jugar, nos han educado para eso. Y lo plantean como un aspecto positivo que intenta alejar el temor de una madre primeriza que “no sabe qué hacer”. ¿No es un poco triste?

Yo jamás había cambiado un pañal antes de tener a mi hijo. Y por supuesto estoy en contra de pensar que las mujeres sabemos ser madres por el hecho de ser mujeres, y de adoctrinar a las nenas desde chiquitas para que aprendan a ser madres. En la misma línea se inscribe la idea del instinto maternal, un gran debate en el feminismo. Creo que la maternidad básicamente se aprende.

Con humor mi terapeuta me transmitió una idea liberadora. “Hagas lo que hagas, los hijos siempre van a tener algo para reprocharte”. Es cierto, ¿no?

Totalmente de acuerdo y tal vez por cosas que ni nos imaginamos. Una máxima surrealista decía algo así como: hay que matar a los padres cuando son jóvenes porque después uno se encariña.

El cansancio y el dolor, la angustia y la excitación condujeron a Sonia a la conclusión de que tener un bebé es tan maravilloso como había escuchado pero también es un momento de sorpresa, de redescubrimiento y la oportunidad de construir “otra forma” de ser madres. Madres posibles.

Su historia, común a la de otras mujeres-madres, nos “permite repensar el complicado proceso de crianza de un hijo, el de hacerse madre desde el humor y también la desolación”, y da cuenta de “una maternidad mucho más oscura de lo que todavía nos siguen contando”.

“Uy, se acerca el día de la madre, ¿cómo lo vivís? Para mí es un día para comer cosas ricas con la gente que nos tocó en esta vida: madres e hijos/as, ni los mejores ni los peores, como diría Carla”. Como dicen Sonia y muchas más.

Natalia López

natalial@rionegro.com.ar


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