años de humor literario argentino

Ariel Magnus editó una antología con fragmentos humorísticos, algunos irónicos, de autores argentinos.

Por Redacción

Autores tan disímiles como Osvaldo Soriano, Domingo Faustino Sarmiento, Roberto Fontanarrosa, Esteban Echeverría, Roberto Arlt, Juan Sasturain o Hernán Casciari aparecen reunidos en la antología “La gracia de leer”, que busca compilar “(casi) 200 años de humor literario argentino”, una selección de Ariel Magnus. Se trata de una compilación publicada por Ediciones de la Flor de más de 270 páginas acerca de un género en el que se lucieron muchísimos escritores argentinos, donde se encuentran nombres previsibles y otros no tanto, y que intenta rastrear e inquirir la existencia de una tradición humorística en la literatura argentina. La idea es convidar al lector con fragmentos de textos clásicos, y no tanto, de la narrativa nacional donde prevalezca el humor, la ironía, la sátira o el desenfado: así se suceden extractos de “Una excursión a los indios ranqueles” de Lucio V. Mansilla, “Juvenilia” de Miguel Cané o “Historia funambulesca del profesor Landormy” de Arturo Cancela. “El libro surgió por inquietud personal: ¿existe una tradición humorística en la literatura argentina? Mi intuición era que sí, pero quería tener la excusa de rastrearlo más a fondo. Eso es lo que hice durante meses, y creo poder decir ahora que sí, efectivamente, el humor tiene una larga tradición entre los autores que nacieron en este país”, señala Magnus a Télam. Así, se suceden las ironías de “El Matadero” de Echeverría; el sainete criollo del dramaturgo Nemesio Trejo en “Lección de derecho”, fragmentos de “Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes, las aguafuertes de Arlt o “Adán Buenosayres” de Leopoldo Marechal. Magnus (1975) aprovecha la temática del libro y presenta a cada autor con una breve biografía donde destila su cuota de humor, que también caracterizó a su escritura volcada en “Un chino en bicicleta”, “Muñecas” o “Cartas a mi vecina de arriba”. El compilador dice sobre H. Bustos Domecq (Borges y Bioy Casares) “juntos son dinamita” o de Miguel Cané y su “Juvenilia”: “habla de calles, hospitales y escuelas (Roque Sáenz Peña, Pellegrini, Pirovano) como si fueran compañeros” o se refiere a Vicente Fidel López como el hijo de Vicente López y Planes, “el de Oíd Mortales, etcétera”. Manuel Puig, Dalmiro Sáenz, Julio Cortázar, Angélica Gorodischer, Juan José Saer, Osvaldo Soriano, Isidoro Blaistein, Miguel Brascó y Alberto Laiseca son otros de los escritores que integran la nómina humorística delineada por Magnus. –¿Cuál fue el criterio de selección de los autores y fragmentos compilados? –Básicamente, que me hicieran reír. No sonreír o pensar “Qué gracioso” sino reírme sonoramente. La carcajada fue la jueza, digamos. El otro criterio es que fueran textos lo más narrativos posible, también para acotar un poco el espectro. –¿Existen características comunes o afines que describan el humor argentino? –Mi intuición es que no hay un humor típicamente argentino (así como no hay un ser típicamente argentino), sino que de cada cosa también se deben encontrar ejemplos en la literatura de otras latitudes, sobre todo de la que leen o leyeron los escritores argentinos. La antología intenta mostrar que el espectro humorístico es muy grande y abarca temas de toda índole con distintos tonos y distintos abordajes lingüísticos. Tal vez se pueda sacar de estos textos patrones de escritura o lectura y conclusiones etnológicas. Yo prefiero pensar en un lector que simplemente se ríe. Y que al terminar el libro ya no cree, como acaso creía antes, que humor y literatura son cosas incompatibles o que rara vez se juntan. (Télam)

Ariel Magnus buscó una tradición de humor en los escritores argentinos, la encontró y la refleja en esta antología.


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