Niños deformados por el «Agente naranja»

Niños deformados por el "Agente naranja"

Mientras los libros de historia son claros respecto del número de vietnamitas y estadounidenses muertos en la guerra de Vietnam, los niños con deformidades causadas por las armas químicas utilizadas en el conflicto, de cuyo final se cumplieron 25 años, son los grandes olvidados.

Se sospecha que la fisura labial y palatina de miles de niños vietnamitas es obra del «Agente naranja», el defoliante químico con el que el Ejército de Estados Unidos roció bosques y plantaciones de arroz en su campaña de aniquilación de la guerrilla del Viet-Cong.

Al menos un millar de niños al año son operados por doctores vietnamitas y cubanos en el Hospital de la Amistad de la capital, Hanoi, y en lo que va de año cada mañana ingresan 15 nuevos casos en el hospital.

«Antes creíamos que las deformidades eran a causa del «Agente naranja», pero existe otra teoría según la cual la sangre de los niños contiene una especie de sustancia que contiene ácido fólico, que provoca las deformidades», dijo el doctor Bui Duong, del hospital cubano-vietnamita Amistad.

El hospital recibe a pacientes infantiles procedentes de 27 provincias del norte de Vietnam y una o dos veces al año envía a un equipo médico al centro y sur del país para decidir los casos que deberán ser sometidos a intervenciones quirúrgicas.

«Algunos niños en los pueblos son lo suficientemente aptos para efectuarles las operaciones», dijo el doctor Duong.

Entre 1962 y 1975, los aviones C-123 de la Fuerza Aérea estadounidense rociaron 76 millones de litros de herbicidas sobre un 14% del suelo vietnamita en lo que se llamó «Operation Ranch Hand», destinada a evitar que el Viet-Cong se escondiera en las selvas.

Unos 300.000 niños nacidos después de la guerra y de padres que sirvieron como soldados o vivían en las áreas regadas con el «Agente naranja» sufren, entre otras enfermedades, deformidades de piernas y brazos, retraso mental, cáncer y desórdenes en el sistema nervioso. Ni el gobierno estadounidense ni su homólogo vietnamita han sido capaces de establecer una relación entre el «Agente naranja» y los problemas de salud.

«Los resultados no han sido muy satisfactorios porque existen muchas teorías sobre el motivo de las enfermedades, pero nosotros creemos que hay un cierto grado de relación entre el «Agente naranja» y las fisuras palatinas y labiales», manifestó el doctor Duong.

El año pasado un equipo de expertos canadienses realizó un estudio en las provincias centrales y descubrió que productos químicos como la dioxina habían penetrado en la cadena alimentaria, en el suelo y en los ríos.

En el informe realizado por este grupo de expertos se hacía referencia al caso de madres que amamantaban a sus hijos con alto contenido de dioxina en la leche materna.

Mientras el gobierno vietnamita no ha presentado una apelación formal de compensaciones al gobierno estadounidense por el daño causado por el «Agente naranja», los periódicos oficiales sacan a relucir el tema cada vez que se produce la visita de alguna autoridad norteamericana al país, como la del secretario de Defensa, Wiliam Cohen, el mes pasado.

Vietnam, donde 3 millones de personas entre soldados y civiles murieron durante la guerra, y Estados Unidos, que sufrió 58.219 bajas en su política de apoyo al régimen de Saigón contra los comunistas del sur, establecieron relaciones diplomáticas en 1995, veinte años después de acabada la contienda.

Entre los asuntos pendientes de resolución entre los dos países, continúa planeando el de los soldados norteamericanos desaparecidos en acción, en torno de los 1.700 en Vietnam, y el de las víctimas del «Agente naranja».

Son muchos los que opinan que mientras estos temas continúen sin solucionarse, la guerra de Vietnam no habrá acabado del todo. (EFE)


Mientras los libros de historia son claros respecto del número de vietnamitas y estadounidenses muertos en la guerra de Vietnam, los niños con deformidades causadas por las armas químicas utilizadas en el conflicto, de cuyo final se cumplieron 25 años, son los grandes olvidados.

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