La Fiesta de la Confluencia: una leyenda y el deseo de celebrar la identidad
Creada por ordenanza en 2010, la Fiesta creció con rapidez, hasta destacarse en el calendario valletano, a fuerza de cifras arrolladoras de espectadores y grillas de primer nivel. Sin embargo, todo empezó con un sentido profundo, salido de la tradición oral.
En Río Negro tenían sus manzanas y peras, en Regina la vendimia, y del lado propio, Chos Malal sus chivitos y Junín de los Andes sus puesteros, sólo por citar algunos ejemplos. ¿Y Neuquén capital? Cuando parecía natural que la gran ciudad patagónica se tuviera que acostumbrar a compartir celebraciones ajenas, se creó en el Concejo Deliberante esta conmemoración.
“La ciudad de Neuquén tiene fecha festiva por el día de su nacimiento, pero no posee ninguna festividad que sea identitaria de la urbe, su población y su cultura”, dice textual la Ordenanza 11.947 de 2010, que se sancionó durante la intendencia de Martín Farizano.

“Atractivo turístico” y “estrategia de promoción y desarrollo económico a nivel nacional y regional”, aparecieron entre los fundamentos, pero desde lo simbólico, la celebración invitó, a los nacidos y a los residentes por opción, a pensar en su propio denominador común. “Cuando una sociedad se patrimonializa se presenta ante otras comunidades como única. El patrimonio es así una síntesis simbólica de los valores identitarios de una sociedad”, explica la normativa fundacional.
Y vaya que Neuquén se destaca por su empuje, el mismo que ostentan los ríos impetuosos que se conectan en el vértice de su ejido. ¿Por qué no celebrar esa “Confluencia” entonces?
En la tierra donde se encontraron familias de distintos orígenes y procedencias, buscando un mejor porvenir, creció ya desde la oralidad la antigua leyenda originaria, que representa a los ríos Limay y Neuquén en las figuras de dos amigos que se disputaron el amor de una misma joven, llamada Raihué (flor nueva).
A modo de prueba, los dioses los convirtieron en ríos para que corrieran hasta el mar, en busca de un caracol como regalo, para que su amada pudiera escuchar por primera vez el rugir de las olas: el primero en lograrlo ganaría su amor.


Así fue que, según la narración, uno desde el norte y otro desde el sur, Limay y Neuquén se lanzaron al desafío, pero la muchacha, cansada de esperarlos, creyó que no volverían nunca. Por eso ofreció su vida a Nguenechen (padre de la tierra), a cambio del regreso de los jóvenes sanos y salvos.
En respuesta a su plegaria, ella fue transformada en un bello arbusto de flores rojas, mientras que sus amigos, angustiados por su muerte, se fundieron en un abrazo eterno que dio lugar al río Negro.
Con este relato en la tradición, las autoridades, ya en la gestión de Horacio “Pechi” Quiroga, activaron las medidas necesarias para hacer realidad las bases de la fiesta, que primero tuvo carácter local, pero pronto creció a lo más alto, reconocida como fecha nacional en 2022, a la par de sus vecinas, tras cumplirse las 10 ediciones.

La iniciativa original incluía la creación de un Concejo Municipal para definir las características, además de “la convocatoria a la comunidad para que participe en la planificación y/o desarrollo, registrándose para colaborar en la organización y/o presentar alguna actividad artística, deportiva, recreativa, cultural, comercial, durante la fiesta a desarrollar”, pero hoy ya las perspectivas se ampliaron incluso a lo internacional.
En el debut en 2013, la explosión que generó la propuesta activó la mejor bienvenida: asistieron 150.000 personas en tres jornadas, con un presupuesto de 2,7 millones de pesos. Desde entonces, el respaldo y el despliegue no pararon de crecer, a la par del desarrollo que sigue registrando la ciudad, con el embellecimiento de la ribera, justamente, como espacio emblemático que le da sentido al festejo.
De cara al 2026, los números de la última edición dejaron la vara bien alta: 1.450.000 personas en cuatro jornadas, entre locales y turistas.

En Río Negro tenían sus manzanas y peras, en Regina la vendimia, y del lado propio, Chos Malal sus chivitos y Junín de los Andes sus puesteros, sólo por citar algunos ejemplos. ¿Y Neuquén capital? Cuando parecía natural que la gran ciudad patagónica se tuviera que acostumbrar a compartir celebraciones ajenas, se creó en el Concejo Deliberante esta conmemoración.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios