Un hombre de Estado

POR JULIO RAJNERI.

Redacción

Por Redacción

OPINIÓN

JULIO RAJNERI

Con su habitual vehemencia, Elisa Carrió ha venido denunciando la existencia de un pacto entre el gobierno y Ricardo Lorenzetti, por el que la Suprema Corte avalaría la constitucionalidad de la ley de Medios a cambio de la restitución de la administración de la caja del Poder Judicial. Lorenzetti ha admitido reuniones con Carlos Zannini por distintos temas que no incluirían la ley de Medios. Y la Corte ha defendido la legitimidad de esos encuentros. Aunque no es común ni en principio aceptable que un funcionario judicial tenga contactos no públicos con una de las partes en litigio, hay casos excepcionales que deben juzgarse con ecuanimidad. Admitamos como hipótesis que esas conversaciones hayan existido. Que aunque no se haya discutido específicamente la ley de Medios, los jueces del máximo tribunal se hayan interesado por conocer cuál sería el procedimiento que emplearía el gobierno en caso de un pronunciamiento favorable, e incluso que esas cuestiones hayan sido tácitamente admitidas como condicionantes de una decisión que, sin ese ingrediente, podría ser un salto al vacío. Para medir la justificación de tales extremos hay que tener en claro que todos, incluida la Corte, estaban al borde del abismo. Un fallo adverso hubiese sido para el gobierno un desastre tal vez mayor que la pérdida de las elecciones. Durante cuatro años, Cristina ha librado la madre de todas las batallas, convirtiendo a Clarín en la fuente de todas las desventuras del país y a la lucha contra el monopolio, en la bandera casi exclusiva de su proselitismo militante. Si la Corte hubiese declarado su ilegitimidad, la humillación hubiese sido posiblemente insoportable y su descrédito habría alcanzado ribetes casi grotescos. Los dos años que quedan de su gobierno estarían signados por el rencor y el ansia de revancha, dos componentes explosivos en un gobierno agónico pero con poder residual. Las perspectivas para Clarín eran no menos ominosas. Un fallo adverso lo colocaría con la cabeza en la guillotina, obligado a desprenderse compulsivamente de parte de su patrimonio, rodeado de enemigos y con pérdidas de una magnitud que podrían hacerlo tambalear en su sólida estructura. Para la Corte, era un dilema no solamente en lo que se refiere al daño potencial para cada una de las partes, sino para su propio rol entre las instituciones republicanas. Un fallo adverso al gobierno lo hubiese colocado en el centro de la tormenta, convertido en el eje de la oposición y en el principal destinatario del odio del kirchnerismo, en el mismo sitio que ocuparon en su momento Cobos y Magnetto. Así las cosas, si Lorenzetti hubiera cumplido ese rol para lograr una salida previsible, y en alguna medida consensuada, le ha prestado un gran servicio a la república. Un fallo favorable que le salva la cara al gobierno, contra la seguridad de que el procedimiento contra Clarín no sea arbitrario y se acepte una propuesta que, siendo similar a la admitida en otros casos, no ha de significar un daño irreparable para la existencia del holding. Si mis deducciones son correctas, estamos navegando en aguas más tranquilas y dentro de 120 días habrá, con algunos escarceos, un final previsible.


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