Avianca, otra historia de éxito latinoamericano

Redacción

Por Redacción

Hay en nuestra América Latina compañías aéreas de las que uno puede estar honestamente orgulloso. El mejor ejemplo es ciertamente el de Latam, el resultado de la fusión entre la chilena LAN y la brasileña TAM, empresa que hoy está inequívocamente ubicada entre las mejores del mundo, es manejada con absoluta transparencia con servicios realmente excelentes y que compite –sin dramas– contra cualquier otra línea aérea. Donde fuere. Pero hay ahora otro buen ejemplo. Algo menor, pero también importante. E impactante. Me refiero al de la empresa aérea nacional colombiana: Avianca. Ambos ejemplos testimonian obviamente que no se necesita vivir de los subsidios. Ni de los favores oficiales. Ni de los contactos políticos. Y que se puede ciertamente ganar buena plata en el sector de la aviación aerocomercial operando empresas aéreas, cuando se lo hace con capacidad y profesionalismo. Todo lo contrario a lo que hoy, desgraciadamente, vemos en el caso triste de Aerolíneas Argentinas. Avianca acaba de comenzar a cotizar sus acciones en la Bolsa de Nueva York. Con la más absoluta normalidad. En una sola década salió de la posibilidad de quiebra, manejada con toda inteligencia y sentido de la oportunidad por un inversor de 63 años, curiosamente de origen boliviano: Germán Efromovich, quien se había enriquecido previamente en el sector energético brasileño. Hoy el referido empresario encabeza un conglomerado empresario realmente multifacético denominado Synergy Group Corp. El éxito logrado en Avianca se sintetiza simplemente en haber invertido –hace diez años– 64 millones de dólares y haberlos transformado –en una empresa que en el 2004 gambeteó con la posibilidad de quebrar– y hoy operar con un patrimonio neto que se calcula en el orden de los 1.500 millones de dólares. Nada mal. La empresa aérea nacional colombiana tiene unas 140 aeronaves, con un promedio de antigüedad de apenas cuatro años. Ellas vuelan constantemente a más de 100 distintas ciudades. Avianca es la empresa aérea comercial más antigua de Sudamérica, desde que su pasado se remonta a 1920. En el 2004, cuando estaba todavía sumergida en la angustia financiera, Avianca tenía apenas unos 40 aviones, con un promedio de 14 años de antigüedad. Un cuadro muy distinto de la realidad actual, por cierto. La contratara del éxito. El plan de inversiones de Avianca para los próximos seis años supone gastar unos cinco billones de dólares adicionales en modernizar y mejorar los activos de la empresa. Fundamentalmente con aviones de última generación. No hace mucho Avianca se fusionó con TACA, la buena empresa aérea centroamericana. En lo que va del año, ha transportado a unos 16 millones de pasajeros. Lo que supone un aumento del 8,3% respecto del 2012. Pero lo que más envidia nos da es que, cada trimestre, la empresa arroja utilidades del orden de los 70 millones de dólares. En lugar de perder unos dos millones diarios, como ocurre con nuestra “propia” empresa “de bandera”. Otra vez los colombianos, nada mal. Los aeropuertos colombianos le quedan chicos a Avianca. En verdad, son uno de sus cuellos de botella. El de Bogotá, modernizado, tampoco le alcanza. Pensar que Efromovich vendía en su momento enciclopedias, puerta a puerta. Y que tuvo una granja de cría de faisanes y que se ganó la vida enseñando en una academia brasileña para adultos, donde tuvo entre sus alumnos nada menos que al expresidente Lula da Silva. Hoy el empresario es millonario, como fruto de su esfuerzo y de su inteligencia. No de favores políticos. Ni de subsidios. Un historia muy distinta de lo que, en este mismo sector, ocurre perversamente entre nosotros. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)


Hay en nuestra América Latina compañías aéreas de las que uno puede estar honestamente orgulloso. El mejor ejemplo es ciertamente el de Latam, el resultado de la fusión entre la chilena LAN y la brasileña TAM, empresa que hoy está inequívocamente ubicada entre las mejores del mundo, es manejada con absoluta transparencia con servicios realmente excelentes y que compite –sin dramas– contra cualquier otra línea aérea. Donde fuere. Pero hay ahora otro buen ejemplo. Algo menor, pero también importante. E impactante. Me refiero al de la empresa aérea nacional colombiana: Avianca. Ambos ejemplos testimonian obviamente que no se necesita vivir de los subsidios. Ni de los favores oficiales. Ni de los contactos políticos. Y que se puede ciertamente ganar buena plata en el sector de la aviación aerocomercial operando empresas aéreas, cuando se lo hace con capacidad y profesionalismo. Todo lo contrario a lo que hoy, desgraciadamente, vemos en el caso triste de Aerolíneas Argentinas. Avianca acaba de comenzar a cotizar sus acciones en la Bolsa de Nueva York. Con la más absoluta normalidad. En una sola década salió de la posibilidad de quiebra, manejada con toda inteligencia y sentido de la oportunidad por un inversor de 63 años, curiosamente de origen boliviano: Germán Efromovich, quien se había enriquecido previamente en el sector energético brasileño. Hoy el referido empresario encabeza un conglomerado empresario realmente multifacético denominado Synergy Group Corp. El éxito logrado en Avianca se sintetiza simplemente en haber invertido –hace diez años– 64 millones de dólares y haberlos transformado –en una empresa que en el 2004 gambeteó con la posibilidad de quebrar– y hoy operar con un patrimonio neto que se calcula en el orden de los 1.500 millones de dólares. Nada mal. La empresa aérea nacional colombiana tiene unas 140 aeronaves, con un promedio de antigüedad de apenas cuatro años. Ellas vuelan constantemente a más de 100 distintas ciudades. Avianca es la empresa aérea comercial más antigua de Sudamérica, desde que su pasado se remonta a 1920. En el 2004, cuando estaba todavía sumergida en la angustia financiera, Avianca tenía apenas unos 40 aviones, con un promedio de 14 años de antigüedad. Un cuadro muy distinto de la realidad actual, por cierto. La contratara del éxito. El plan de inversiones de Avianca para los próximos seis años supone gastar unos cinco billones de dólares adicionales en modernizar y mejorar los activos de la empresa. Fundamentalmente con aviones de última generación. No hace mucho Avianca se fusionó con TACA, la buena empresa aérea centroamericana. En lo que va del año, ha transportado a unos 16 millones de pasajeros. Lo que supone un aumento del 8,3% respecto del 2012. Pero lo que más envidia nos da es que, cada trimestre, la empresa arroja utilidades del orden de los 70 millones de dólares. En lugar de perder unos dos millones diarios, como ocurre con nuestra “propia” empresa “de bandera”. Otra vez los colombianos, nada mal. Los aeropuertos colombianos le quedan chicos a Avianca. En verdad, son uno de sus cuellos de botella. El de Bogotá, modernizado, tampoco le alcanza. Pensar que Efromovich vendía en su momento enciclopedias, puerta a puerta. Y que tuvo una granja de cría de faisanes y que se ganó la vida enseñando en una academia brasileña para adultos, donde tuvo entre sus alumnos nada menos que al expresidente Lula da Silva. Hoy el empresario es millonario, como fruto de su esfuerzo y de su inteligencia. No de favores políticos. Ni de subsidios. Un historia muy distinta de lo que, en este mismo sector, ocurre perversamente entre nosotros. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

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