“Los ‘gorras’ sólo responden a sí mismos, con autonomía del poder”

Redacción

Por Redacción

–¿De la república militar a la república policial? Lleva años estudiando la relación de la violencia, en el fútbol, en la cotidianidad, y la policía. Hace 30 años dejamos atrás la república militar, ¿estamos en la república policial? – Espero que no. Como sí espero que la política decida finalmente, a la luz de lo que está sucediendo, ocuparse de la policía. Éste es uno de los déficits más graves que tiene nuestra democracia. Si uno reflexiona a partir de revisar la historia de los últimos 40 años y quizá un poco más, encuentra argumentos decisivos para decir que sólo bajo dictaduras militares la policía estuvo subordinada a otro poder. Hoy, lo que se está ratificando y en términos trágicos, claro, es que la policía sólo responde a sí misma. Los “gorras” responden a sí mismos. Hoy ensanchan, en la práctica concreta, esa autonomía del poder político. Convive negociando con la política, pero siempre sale más fortalecida. Negocian en términos muy sencillos… –¿Cómo? –Se lo defino en términos ligeros: “Manejen esto y no me traigan quilombo”… Este vínculo es muy fuerte fundamentalmente entre los gobiernos provinciales y sus policías. No tanto en relación con la Policía Federal. Pero a lo largo de la transición, el poder político, los gobiernos nacionales y provinciales, más allá de éste o aquel caso puntual, se relacionaron con el poder policial sobreactuando. Se nombraban conducciones a las que le acreditaban pergaminos democráticos inexistentes, valores éticos puros, conductas cristalinas… la sobreactuación de Raúl Alfonsín nombrando a Pirker en la Federal, pero la policía en su conjunto seguía consolidando y acrecentando su autonomía y comprometiéndose en hechos terribles sin pagar costo alguno, sin que el poder político se inmutara. La masacre de Ingeniero Budge, por caso, durante la gobernación radical del “Titán” Armendáriz en la provincia de Buenos Aires… –¿Por qué el tipo de relación que definió entre los gobiernos provinciales y sus policías no se da tanto entre la Federal y el poder político? –Porque tiene una “contra”: está muy visible, está en Capital Federal. Más “expuesta” a un control, digamos, extraestatal. A la política siempre se le erige como complejo el manejarse en los términos con que se maneja con las policías provinciales. Lo que hace o no hace tiene un valor algo diferente… Haciendo un parangón con lo que sucede con la violencia en el fútbol: las muertes de los hinchas de los equipos grandes “valen” más que las muertes de los hinchas de equipos del interior. Grave, pero es así. Y si uno pasa revista a la relación gobiernos provinciales-policías provinciales, percibe que ese enfermo vínculo de tanto en tanto producía un escándalo signado por complicidades, impunidades. El caso María Soledad, por ejemplo… con Saadi y sus alrededores complicados, pero la policía provincial barriendo pruebas durante largo tiempo… El caso de la dársena, en Santiago del Estero, bajo el gobierno de la familia Juárez… –¿La dirigencia política le tiene miedo a la policía? –Le tiene muchas cosas, le incomoda. En términos de liberalismo en estricto sensu, en materia de contrato liberal, éste se funda en el monopolio legítimo de la fuerza en mano del Estado. O sea, el Estado es el que organiza y maneja la fuerza que operativamente debe hacer cumplir ese monopolio. ¿Pero qué hizo el Estado?: cedió ese monopolio a la policía. Así durante toda la transición y con la democracia ya consolidada. Monopolio que es poder y que la policía lo reproduce en términos crecientes, permanentemente. Tanto poder, que administran el delito que garantiza caja para la policía e incluso para mucho de la política. De tanto en tanto llaman a conferencia de prensa, muestran los logros de ésta o aquella investigación sobre éste o aquel delito. Es decir, la policía regula su combate contra el delito… –¿El caso del narcotráfico? –Un ejemplo fundamental. Es más, no debe descartarse que los paros de las policías de Córdoba y Santa Fe estén más relacionados de lo que uno se imagina con el hecho de que muchos efectivos están muy comprometidos con el narcotráfico y se los investiga. Es decir, marcarle poder a la política… Hay mucho escrito sobre este tema, incluso Marcelo Sain ha estudiado a fondo la relación de la Bonaerense con el narcotráfico. Aclaremos también una cuestión: no estoy en contra de que la policía reclame mejores salarios, es un reclamo justo. Pero lo hace desde la subordinación en que tiene sometido al poder político. Esto también hay que decirlo. –Se infiere que en 30 años de democracia la política subordinó más al poder. –Absolutamente. Y lo hizo con eficacia, especialmente Carlos Menem con el vaciamiento del presupuesto militar. Luego, el kirchnerismo toma nota que los militares no tienen capacidad de protagonismo y descarga la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida… (Pablo Alabarces es licenciado en Letras por la UBA, donde ejerce cátedra, y doctor en Sociología por la Universidad de Brighton, Gran Bretaña. Dedicado al estudio de las culturas populares y la cultura del fútbol, es además uno de los fundadores de la Sociología del Deporte en Latinoamérica. Entre sus libros figuran “Entre gatos y violadores. El rock nacional en la cultura argentina”, “Fútbol y patria”, publicado también en Alemania; “Hinchadas”, “Peronistas, populistas y plebeyos. Crónica de cultura política” y “Crónicas del Aguante. Fútbol, violencia y política”.

Entrevista: Pablo Alabarces, sociólogo

Alabarces ha analizado los lazos entre “barras”, policías y política.


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