El contrasentido

Redacción

Por Redacción

Un Ministerio de Planificación en un gobierno cortoplacista

HUGO GRIMALDI (*)

Ya ni los más fieles kirchneristas pueden creerle a Julio De Vido. Querrían, pero la bronca es generalizada porque los cortes de luz no discriminan entre los votantes. Lo que hoy está sucediendo con el ministro es como con la inflación: irritan cada vez más las excusas, mientras la realidad de los apagones destroza cualquier argumento. Es un clásico. Cada seis meses, con la llegada de los calores y los fríos extremos, De Vido recita el catecismo de los picos de demanda y lo más evidente es que ninguno, ni él ni sus colaboradores ni nadie en el gobierno hace algo para que al período siguiente no vuelva a ocurrir lo mismo. Después de una década, algo es innegable: el cortoplacismo populista es incompatible con la planificación del Estado. Por otro lado, el tenor del discurso sobre la falta de electricidad es un clásico en el kirchnerismo, experto en cambiar la bocha y hablar de cosas laterales. Así, pasó también con el comunicado presidencial que acusó al periodismo de haber informado sobre un extraño negocio en el sur. Se habló de un error sobre la propiedad de una hostería en El Calafate, pero nada se dijo del mecenas que alquiló habitaciones durante dos años en tres hoteles de la familia Kirchner por $14,5 millones. En el caso de la luz, pasó algo parecido: se pateó la pelota afuera. Cuando se sabe que el colapso está en las redes de distribución, el ministro De Vido se fugó para el lado donde no está radicado el problema y habló de generación sobreabundante y que había disponible 27.000 megavatios. Hoy, parece que tantos no había porque oficialmente se tuvo que reconocer que Uruguay hizo un modesto aporte preventivo a la sequía. Como saben los millones de personas que se han quedado sin luz y lo sufren, el problema no es lo que está disponible, sino lo que no llega a las casas, ya que los cables se recalientan y saltan las térmicas de las subestaciones. En verdad, en estos diez años, el ministro nunca pudo enderezar las desviaciones en las áreas bajo su responsabilidad, justo la infraestructura que se comió el modelo y sus engendros de tarifas subsidiadas y de dedo estatal a discreción, que terminó inhibiendo la inversión. Así, aunque convencidos a ultranza, al área de Planificación le fue mal en casi todo: los trenes colapsaron, se le destrozaron las rutas, los puertos se le volvieron antiguos, por saturación la telefonía celular pasó a ser un desastre, mientras que nadie sacó más petróleo y gas a precios ínfimos, un error tan grosero que hoy le genera a la Argentina una sangría anual de miles de millones de dólares, justamente el actual talón de Aquiles del gobierno. Sin embargo, por la proximidad con la vida diaria, el caso de la electricidad domiciliaria es como la comprobación de los precios: molesta el engaño, pero también la subestimación. Ocurre que el problema de la falta de energía está a una perilla de distancia en todas las casas y comercios y no hay excusas que sirvan. Es la gente la que sufre el calor, a quien se le apaga la heladera, la que la padece en el cuerpo cuando sube las escaleras y a quien le explota la cabeza. Aunque todo esté muy lindo y sobren megavatios de oferta, si de un año a otro no se ensayan soluciones y éstas se dejan para la próxima ocasión, cuando todo se queda a oscuras, la realidad es una sola y no hay palabras que puedan esconderla. (*) Director periodístico de DyN


Un Ministerio de Planificación en un gobierno cortoplacista

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