Mad Men: Don Drapper cae barranca abajo

Si las cosas habían terminado mal para Don al final de la sexta temporada, todo indica que nada mejoró.

Redacción

Por Redacción

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La señal de cable HBO estrenó la séptima y última temporada de “Mad Men”, la miniserie televisiva creada por Matthew Weiner que sigue el destino de Don Draper, uno de los talentos creativos de la publicidad neoyorquina de la década del 60.

Si las cosas habían terminado mal para Don al final de la sexta temporada: arruinado y consumido por el alcohol, separado y con licencia obligatoria en la firma que ayudó a establecer, en este primer capítulo del año en que cierra toda la trama, la situación no parece haber mejorado.

No solo su cargo está usurpado en la nueva Sterling&Cooper sino que su segunda esposa (a quien visita en viaje relámpago a Los Angeles), Megan, parece estar establecida en el mundo televisivo de Hollywood y no muy interesada en salvar el matrimonio que, sin estar partido, quedó distanciado con Don en Nueva York y ella en California.

El alcohol es un fantasma que no se aleja y aquel Don seductor e irresistible de los años de ascenso parece cada vez más desinteresado de las conquistas amorosas con las que aliviaba las tensiones de una carrera en pugna y un matrimonio de suburbios (con Betty) al mejor estilo de los descriptos en los cuentos de John Cheever.

La creación de Weiner, secundado por Scott Hornbacher -dos de los cerebros detrás de la magistral “Los Soprano” ideada por David Chase- no sólo tiene un guión de fierro que indaga en el vacío y las conflictivas del “american way of life” sino además personajes monolíticos y una de las más brillantes recreaciones de la convulsionada década del 60 norteamericana.

En este sentido, ya pasaron por la serie y en distintos momentos, episodios como el asesinato de John Kennedy, la Guerra de Vietman, el LSD, el homicidio de Malcolm X, los hippies, la Nueva York bohemia.

En cuanto a los personajes, no solo Don (John Hamm) es indestructible en su altura dramática (pasado oscuro, identidad oculta, talento, éxito, mujeres, alcohol), sino que está acompañado por otros que le dan sustento Peggy (Elisabeth Moss), que saltó de secretaria a creativa de primer nivel; el genial y simpatiquísimo Roger Stearlin (John Slattery), que de niño rico cambia su visión del mundo por arte y gracia del LSD pero nunca pierde la distinción ni se niega a un buen trago.

A partir de ahora y durante las próximas semanas, los seguidores mundiales de “Mad Men” podrán desentrañar dónde terminan estos personajes para los que -como para todos los humanos- la vida es un hueso duro de roer.

La serie que se ve todos lunes a las 21 por HBO, es otra de las muestras de que hoy por hoy las grandes producciones televisivas poco tienen que envidiarle al cine de Hollywood y, en más de un sentido, lo supera.

FUENTE: Télam


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