Los porteños prefieren al Pro
Si incluimos a los candidatos bendecidos por quienes son los aliados de Mauricio Macri en el plano nacional, en las PASO de la Capital Federal del domingo la coalición incipiente así supuesta consiguió el 70% de los votos, dejando al Frente para la Victoria kirchnerista con menos del 19% y el Frente Renovador de Sergio Massa con un escuálido 0,9%. Puede entenderse, pues, la euforia que se apoderó de los macristas cuando se enteraban de los resultados, si bien andando el tiempo algunos se manifestaron decepcionados –habían soñado con lograr una mayoría absoluta, pero tuvieron que conformarse con el 47,3%–, y la desazón que sintieron los oficialistas que, si bien sabían de antemano que los porteños no los querían demasiado, apostaban a que Mariano Recalde aventajara al joven exministro de Economía Martín Lousteau que contaba con el apoyo de Elisa Carrió. Con todo, aunque no cabe duda de que la campaña presidencial de Macri se ha visto fortalecida por los resultados de las PASO, la Capital Federal es un distrito tan atípico como Neuquén, donde, una vez más, el MPN logró imponerse, si bien por un margen menos contundente que en otras oportunidades. Bien que mal, por ahora cuando menos no hay motivos para suponer que los resultados porteños se repitan en el resto del país, aunque el triunfo de los macristas podría servir para convencer a algunos dirigentes políticos provinciales de que el jefe del gobierno de la Ciudad Autónoma es un candidato presidencial que merecería su apoyo, lo que lo ayudaría a construir la fuerza de alcance nacional que necesitaría no sólo para triunfar en las elecciones presidenciales sino también para contar con el respaldo de un bloque parlamentario adecuado. Para garantizar la gobernabilidad, un eventual presidente no peronista precisaría tener no sólo la legitimidad que le supondría un triunfo electoral, sino también el apoyo de un aparato político lo bastante poderoso como para cubrirle la espalda en circunstancias muy difíciles. Fuera de la Capital, los interesados en las PASO porteñas se concentraron en el duelo entre el jefe de gabinete del gobierno de Macri, Horacio Rodríguez Larreta, y la senadora Gabriela Michetti. De acuerdo común, Rodríguez Larreta debió su triunfo, por casi diez puntos, casi exclusivamente al apoyo que recibió de Macri, ya que semanas antes de las elecciones la mayoría creía que perdería por basar su candidatura sólo en sus comprobadas dotes administrativas, a diferencia de Michetti que procuró llamar la atención a su sensibilidad y su presunta voluntad de comunicarse “con la gente”. Aunque por motivos evidentes es imposible medir con precisión la influencia que tuvo la actitud de Macri en el resultado de la contienda, podría ser que, luego de pensarlo, los porteños ya resueltos a votar a favor de Pro hayan decidido que importa menos el eventual “carisma” de los candidatos que su capacidad gerencial. De ser así, se trataría de un cambio importante. Si bien es universal la propensión de los votantes de países democráticos a favorecer a personajes que les parecen simpáticos sin que les preocupen otros factores que, en principio, deberían ser considerados fundamentales, como la experiencia, el talento administrativo y el nivel educativo, en nuestro país tal tendencia ha tenido tantas consecuencias desafortunadas que sería positivo que el electorado optara por tomar en cuenta características más pertinentes. Además de Macri y Rodríguez Larreta, Lousteau tiene motivos de sobra para sentirse satisfecho con los resultados de las PASO en la Capital Federal. Sin tener que romper con el kirchnerismo de manera tan abrupta y agresiva como hizo otro exmiembro del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Massa, con la ayuda de Carrió, Lousteau logró reubicarse como un referente del progresismo centrista. No sorprendería que en el transcurso de la campaña electoral metropolitana, que culminará el 5 de junio, resultara ser el adversario principal del candidato de Pro, o que, de cobrar más fuerza la candidatura presidencial de Macri, se convirtiera en un aliado importante del líder porteño. En cuanto al kirchnerismo, en la Capital ha perdido mucho terreno, ya que la cantidad de votos que obtuvo Recalde fue llamativamente inferior a los conseguidos cuatro años antes por Daniel Filmus.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Martes 28 de abril de 2015
Si incluimos a los candidatos bendecidos por quienes son los aliados de Mauricio Macri en el plano nacional, en las PASO de la Capital Federal del domingo la coalición incipiente así supuesta consiguió el 70% de los votos, dejando al Frente para la Victoria kirchnerista con menos del 19% y el Frente Renovador de Sergio Massa con un escuálido 0,9%. Puede entenderse, pues, la euforia que se apoderó de los macristas cuando se enteraban de los resultados, si bien andando el tiempo algunos se manifestaron decepcionados –habían soñado con lograr una mayoría absoluta, pero tuvieron que conformarse con el 47,3%–, y la desazón que sintieron los oficialistas que, si bien sabían de antemano que los porteños no los querían demasiado, apostaban a que Mariano Recalde aventajara al joven exministro de Economía Martín Lousteau que contaba con el apoyo de Elisa Carrió. Con todo, aunque no cabe duda de que la campaña presidencial de Macri se ha visto fortalecida por los resultados de las PASO, la Capital Federal es un distrito tan atípico como Neuquén, donde, una vez más, el MPN logró imponerse, si bien por un margen menos contundente que en otras oportunidades. Bien que mal, por ahora cuando menos no hay motivos para suponer que los resultados porteños se repitan en el resto del país, aunque el triunfo de los macristas podría servir para convencer a algunos dirigentes políticos provinciales de que el jefe del gobierno de la Ciudad Autónoma es un candidato presidencial que merecería su apoyo, lo que lo ayudaría a construir la fuerza de alcance nacional que necesitaría no sólo para triunfar en las elecciones presidenciales sino también para contar con el respaldo de un bloque parlamentario adecuado. Para garantizar la gobernabilidad, un eventual presidente no peronista precisaría tener no sólo la legitimidad que le supondría un triunfo electoral, sino también el apoyo de un aparato político lo bastante poderoso como para cubrirle la espalda en circunstancias muy difíciles. Fuera de la Capital, los interesados en las PASO porteñas se concentraron en el duelo entre el jefe de gabinete del gobierno de Macri, Horacio Rodríguez Larreta, y la senadora Gabriela Michetti. De acuerdo común, Rodríguez Larreta debió su triunfo, por casi diez puntos, casi exclusivamente al apoyo que recibió de Macri, ya que semanas antes de las elecciones la mayoría creía que perdería por basar su candidatura sólo en sus comprobadas dotes administrativas, a diferencia de Michetti que procuró llamar la atención a su sensibilidad y su presunta voluntad de comunicarse “con la gente”. Aunque por motivos evidentes es imposible medir con precisión la influencia que tuvo la actitud de Macri en el resultado de la contienda, podría ser que, luego de pensarlo, los porteños ya resueltos a votar a favor de Pro hayan decidido que importa menos el eventual “carisma” de los candidatos que su capacidad gerencial. De ser así, se trataría de un cambio importante. Si bien es universal la propensión de los votantes de países democráticos a favorecer a personajes que les parecen simpáticos sin que les preocupen otros factores que, en principio, deberían ser considerados fundamentales, como la experiencia, el talento administrativo y el nivel educativo, en nuestro país tal tendencia ha tenido tantas consecuencias desafortunadas que sería positivo que el electorado optara por tomar en cuenta características más pertinentes. Además de Macri y Rodríguez Larreta, Lousteau tiene motivos de sobra para sentirse satisfecho con los resultados de las PASO en la Capital Federal. Sin tener que romper con el kirchnerismo de manera tan abrupta y agresiva como hizo otro exmiembro del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Massa, con la ayuda de Carrió, Lousteau logró reubicarse como un referente del progresismo centrista. No sorprendería que en el transcurso de la campaña electoral metropolitana, que culminará el 5 de junio, resultara ser el adversario principal del candidato de Pro, o que, de cobrar más fuerza la candidatura presidencial de Macri, se convirtiera en un aliado importante del líder porteño. En cuanto al kirchnerismo, en la Capital ha perdido mucho terreno, ya que la cantidad de votos que obtuvo Recalde fue llamativamente inferior a los conseguidos cuatro años antes por Daniel Filmus.
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