“Cortando clavos” estuvieron los vecinos
NEUQUÉN (AN).- Un ruido grande, estrépito. Son las 3:30 de la madrugada. Los jóvenes bajan de una traffic que estaciona sobre calle Mendoza, antes del cruce con Alderete. Se escuchan piedrazos. Algunos se refugian tras la madera de la obra que está a pasitos de la sede.
La policía llega. Tarda pero llega. “Vamos, vamos”, dicen algunos. La traffic avanza por Mendoza con la puerta abierta, y los jóvenes, desesperados, no alcanzan a subir. Corren, pero se tropiezan. Un efectivo, a tiro limpio, llega desde la comisaría primera. Y después será uno y otro, y otro más. Una hora entera de disparos. Se escuchan las corridas. Están cerca.
Es 29 de febrero, el día yapa del año bisiesto, y en la capital del tan renombrado proyecto Vaca Muerta no comienzan las clases. La persecución policial sigue y concluirá recién en el bajo, sobre calle Chubut, con una minuciosa requisa sobre la pared.
Un reguero
Amanece, y Alderete es un reguero de escombros y ramas caídas, entre las que se asoman cartuchos rojos.
El Registro Civil está cerrado. El mercado que está al lado abre sus puertas, pero uno de sus dueños se abroquela ante el allanamiento al local. La policía corta calles y desvía el tránsito. Hay un cordón a la vuelta, en el Centro de Formación de la Uocra.
“Hace 25 años que estoy pero nunca vi una situación así”, asegura uno de los comerciantes que pasó la noche “cortando clavos”. Así, una tensión contenida, frente a una zona liberada.
Los vecinos que no se animaron a salir de sus viviendas, pero se despertaron por los estruendos, buscaban obtener información sobre lo que ocurría pero los teléfonos de la policía dieron ocupado.
No faltó quien pidiera trasladar ese gremio a un lugar lejano del casco urbano al dar a entender que la estigmatización de la violencia tiene el sello, en Neuquén, del gremio de la construcción.
NEUQUÉN (AN).- Un ruido grande, estrépito. Son las 3:30 de la madrugada. Los jóvenes bajan de una traffic que estaciona sobre calle Mendoza, antes del cruce con Alderete. Se escuchan piedrazos. Algunos se refugian tras la madera de la obra que está a pasitos de la sede.
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