A cuarenta años de su muerte, John F. Kennedy aún es popular 20-11-03

Cuarenta años después de su muerte, John F. Kennedy sigue siendo no sólo una figura luminosa de un Estados Unidos moderno. El presidente más joven de la historia estadounidense se convirtió en un mito.

Para sus admiradores, encarna al mismo tiempo los ideales de la libertad estadounidense y la fascinación por un estilo de gobierno glamoroso.

Nuevos documentales televisivos y programas especiales dan fe de una popularidad inquebrantable del carismático presidente, sobre cuya vida entre el poder y las mujeres bellas seguramente hay más libros escritos que sobre cualquier otro presidente estadounidense. Y eso que los historiadores hace tiempo que llegaron a la conclusión de que el balance político de los tres años de gestión de Kennedy tuvo bastante menos brillo que sus discursos.

En muchos sentidos, argumentan, John F. Kennedy es más parecido al actual presidente republicano George W. Bush de lo que les gustaría a los demócratas. Como dueño y señor de la Casa Blanca Kennedy fue un intelectual elocuente y un gran vividor, que tenía tanto a Hollywood como al grueso de los intelectuales a sus pies. Bush, en cambio, no destaca por su retórica y es más bien un asceta esquivo y conservador. Pero ambos provienen de familias ricas y poderosas, que los apoyaron en su camino a la Casa Blanca. Y cuanto a sus visiones sobre el papel de Estados Unidos en el mundo, como país elegido para defender la libertad, muestran muy pocas diferencias.

Kennedy, como Bush, veía en el ataque la mejor defensa y declaró que Estados Unidos estaba dispuesto a «pagar cualquier precio y cargar con cualquier peso para luchar contra los enemigos», según el politólogo Robert Higgs.

«La falta de consideración y la inclinación a la mentira» son típicas de Kennedy y Bush, considera Higgs. El experto habla de «similitudes preocupantes», sobre todo en el manejo de la opinión pública y en la disposición a correr riesgos importantes en su ofensiva política exterior.

Kennedy no era un político dispuesto a dejarse acusar de vacilante con los enemigos de Occidente o de sus valores. Con el incremento de las tropas estadounidenses en Vietnam a 17.000 hombres, colocó la piedra fundamental de una larga y sangrienta guerra en el sudeste asiático y la derrota más amarga de Estados Unidos en el siglo XX.

Kennedy aprobó la utilización de napalm. «Kennedy creía -como hoy Bush en Irak- que los problemas en Vietnam se solucionarían rápidamente», escribe el historiador Howard Jones. Tanyo Bush como Kennedy llevan adelante sus actividades militares sin un plan realista.

Pero ya antes de Vietnam, Kennedy había demostrado una considerable torpeza en materia de política exterior. En 1961, fracasó al intentar derrocar con una intervención militar en Cuba, la de Bahía de Cochinos (Playa Girón), a Fidel Castro. Los historiadores cuestionan también el resultado de la crisis de Cuba en 1962, celebrado como un éxito. El rival soviético Nikita Kruschev sólo cedió.

Sus mayores méritos históricos seguramente están en la política interior. Kennedy no sólo entusiasmaba a la juventud con los ideales de justicia y valor cívico. Además enfrentó los problemas sociales de Estados Unidos y logró avances en cuanto a educación y salud. Paulatinamente, defendió el movimiento civil en defensa de los afroamericanos y asumió el riesgo que significaba para su gran popularidad. Fundó el programa espacial «Apollo» y abrió el camino al primer viaje a la Luna en 1968.

Finalmente, creó los cuerpos de paz de EE.UU. En ellos trabajaban estadounidenses jóvenes voluntariamente en países del Tercer Mundo. Esta organización civil de ayuda al desarrollo contribuyó a cambiar la imagen del estadounidense en el mundo, que sólo era relacionada con los intereses económicos. (DPA)


Cuarenta años después de su muerte, John F. Kennedy sigue siendo no sólo una figura luminosa de un Estados Unidos moderno. El presidente más joven de la historia estadounidense se convirtió en un mito.

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