«A la mayoría no le interesa la educación»

Jaim Etcheverry dijo que es bajo el capital cultural de los docentes. El 64 % de la gente entre 14 y 25 años no terminó el secundario.Advirtió que la crisis provoca generaciones perdidas.

Redacción

Por Redacción

«El fracaso escolar de nuestros niños y jóvenes no es el fracaso del sistema educativo ni de la institución escolar: es, ante todo, el fracaso de un modelo cultural y de un sistema de valores». El análisis pertenece al reconocido investigador Guillermo Jaim Etcheverry, quien instala en el centro del debate la falsa preocupación de la sociedad acerca de la educación de niños y jóvenes. A causa de la escasa preparación de los docentes argentinos, Etcheverry denuncia la existencia de generaciones perdidas que tendrán mínimas posibilidades de insertarse en el mercado laboral.

Recientemente incorporado a la Academia Nacional de Educación, en reconocimiento a su trayectoria como investigador, Etcheverry expuso en su libro «La tragedia educativa» el panorama actual de la educación en el país.

«El imperativo contemporáneo de lograr que todas las experiencias de la vida, incluso la escolar, sean «divertidas», anticipa el ocaso del esfuerzo que, necesariamente, está vinculado con el aprendizaje», explica Etcheverry en su libro y amplía estos temas en una entrevista que le realizó «Río Negro» en su última visita a la región.

– Usted manifiesta en «La tragedia educativa» una fuerte preocupación por lo que parece menos preocupante para aquella gente que habla de educación: los contenidos pedagógicos, la forma de enseñar…

– Ocurre que el debate educativo está centrado exageradamente en lo económico. A mí, lo que me interesa es desviar la atención hacia la instancia misma de la educación. En este momento a la sociedad argentina no le interesa este tema tanto como se dice. La gente valora las certificaciones, que los chicos completen los ciclos, pero a la mayoría de los padres no les interesan los contenidos que sus hijos aprenden en las aulas. Los padres quieren que les den por aprobado el año escolar, sin importar la calidad de la educación que recibieron los alumnos, en un ciclo lectivo con muchos altibajos, muchos días sin clases…. Hay falta de preocupación. Los padres se resisten a pensar que su chico es un ignorante. Hay una confianza ciega en la tecnología y esto no va a resolver el problema educativo.

– ¿Cómo definiría el rol que la clase dirigente argentina le adjudica a la educación?

-La clase dirigente argentina no privilegia el tema educativo. Un análisis del porcentaje del PBI destinado a educación en nuestro país, establece la importancia que la sociedad le asigna a ese objetivo. Durante 1995, Argentina invirtió en educación un 4 por ciento del PBI. A título comparativo, Canadá invirtió el 7 por ciento de su PBI, Israel un 8,3 por ciento y Malasia el 5,1 por ciento. En contra de lo que la gente cree, es muy poco el impacto que tiene el Ministerio de Educación en este tema, debido a la federalización del sistema. Lo único que está manejando ahora (el ministerio) son los presupuestos de las universidades que son autónomas.

-¿Somos pobres porque tenemos una mala educación o tenemos una mala educación porque somos pobres?

-Somos pobres porque tenemos una mala educación, de eso no hay dudas. No existe una decisión política destinada a revertir esto, la Argentina invierte sólo el cuatro por ciento de su producto bruto en este tema y un cadete gana más que un maestro, por la falta de relevancia social que tiene el empleo. Este mensaje se transmite a los chicos. La Argentina no privilegia el logro académico, porque no es fácil lograrlo.

-¿El reclamo de la sociedad no es suficiente para lograr un cambio educativo?

-En este sentido, está claro que el reclamo general de los padres es por los sueldos que deberían cobrar los docentes, no por el contenido de lo que se enseña. La formación docente de la Argentina está en los niveles más bajos de la población, por eso el capital cultural que llevan los maestros al aula es bajo.

– Lo que usted plantea es un círculo vicioso, ¿estamos hablando de una generación perdida?

– De varias generaciones perdidas.

-Usted afirma en su libro que «la enseñanza se ha ido convirtiendo, de manera insensible en un espectáculo». ¿La permanente exposición ante los medios masivos de comunicación perjudica aún más la calidad de la educación?

– La televisión también influye en el vocabulario reducido que manejan los estudiantes. Pero me parece que el problema más grave, es que respetamos la cultura juvenil como lo único válido. Los chicos no son tontos, saben que el contenido de lo que ven en televisión es superficial, pasatista. El problema con los medios es que venden la espectacularización de la vida. Todo tiene que ser divertido. Entonces la escuela no interesa porque es aburrida. Y los padres avalan esto. Hay que entender que la escuela no es un lugar para divertirse sino para esforzarse

¿Cuál será la incidencia de la implementación de la Ley Federal de Educación en las escuelas del país?

– Las leyes … no tienen mucha incidencia en el aula. Depende de la calidad del maestro, porque la transmisión de contenidos es una interacción personal con los alumnos. Lo que se perdió es el ansia de la educación, porque esto está ligado al esfuerzo. Hoy ni los padres ni la sociedad están interesados en que se haga este esfuerzo.

-¿Esto agrava la repitencia y la deserción escolar?

-El problema de la deserción y la repitencia está relacionado con lo económico, más que con la estructura del sistema educativo. Por otra parte en la Argentina hay un énfasis en lo instrumental, educar para el trabajo … Y la educación tiene otra finalidad que es la de formar personas, que además puedan trabajar, pero lo que se busca es una persona que sepa leer y escribir, que tenga espíritu crítico y capacidad de abstracción.

«El sistema escolar está maniatado»

«Hoy, como en el Siglo de las Luces, el ideal sigue siendo la independencia del hombre. Pero si antes se consideraba que el camino para conseguirla pasaba imprescindiblemente por la cultura, ahora se ve en ella un obstáculo.

Parecería que sólo se logrará la autonomía individual cuando el pensamiento deje de ser un valor supremo para convertirse en una opción más. Antes, se combatía el elitismo intentando que todos accedieran al conocimiento de las grandes obras humanas: la igualación a través de la cultura. Ahora, buscan convencernos de que no hay obras humanas grandes y pequeñas porque todas tienen igual valor. Por eso, en la actualidad, no es visto como elitista quien niega a la gente el acceso a la cultura, sino el que se resiste a calificar como cultural cualquier tipo de diversión. Amenazados, temerosos de denunciar el no-pensamiento, ya ni intentamos comparar. Confundidos, no advertimos que cuando todo vale lo mismo, en realidad nada vale».(1)

Partiendo de este análisis realizado por Etcheverry en 1996, no son incomprensibles las consecuencias que el investigador Científico del Conicet avizora para el sistema educativo y la institución escolar en las páginas de «La tragedia educativa», sólo tres años más tarde.

«Niños y jóvenes viven rodeados de signos inequívocos que desnudan los valores que predominan en la sociedad», denuncia Etcheverry. Por ello, el descuido de la educación por parte del conjunto del país, así como el descenso experimentado por el rendimiento académico de los estudiantes tienen una lógica por demás siniestra. Son la consecuencia de un funcionamiento del sistema educativo maniatado. Entre aspiraciones que no se cumplen y un «dejar pasar», dictado por una realidad socioeconómica definida por planos de poder, a los cuales poco interesan aquellas aspiraciones.

(1) Jaim Etcheverry, Guillermo: ¿Es todo igual?, en Rev. La Nación, Bs. As., 16 de marzo 1996, p. 12.


"El fracaso escolar de nuestros niños y jóvenes no es el fracaso del sistema educativo ni de la institución escolar: es, ante todo, el fracaso de un modelo cultural y de un sistema de valores". El análisis pertenece al reconocido investigador Guillermo Jaim Etcheverry, quien instala en el centro del debate la falsa preocupación de la sociedad acerca de la educación de niños y jóvenes. A causa de la escasa preparación de los docentes argentinos, Etcheverry denuncia la existencia de generaciones perdidas que tendrán mínimas posibilidades de insertarse en el mercado laboral.

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