Acerca del informe sobre cárceles rionegrinas

Por MIGUEL ANGEL BERMEJO (*)

Especial para «Río Negro»

En torno del informe sobre las cárceles de Río Negro, no queríamos y no debíamos expresarnos hasta tanto el documento no nos fuera oficialmente remitido, algo que parece imposible, ya que a pesar de la presencia de la Dra. Cesaroni en la Subsecretaría de Justicia, no hizo mención al mismo en momento alguno. Acaso se rehuyeron el debate directo y los argumentos contundentes que tenemos para refutarlo. Se trata de un informe parcial, de visión sesgada, carente de conocimientos técnicos y francamente contestatario. Todo ello, según los contenidos vertidos por los diarios, porque –repito– al informe no se lo conoce. ¿A quién se le puede ocurrir decir, afirmar, sospechar, dudar, insinuar, hacer creer que el gobierno de Río Negro no está mirando a los presos? Desacreditar es sencillamente injuriar. Y la injuria es mala fe.

Agradezco que confíen en mis buenas intenciones. Pero tuve que apelar a más que eso, aunque no se note. Tuve que adquirir –entre otros desafíos que me impuso la vida– algunos conocimientos técnicos y prácticos mucho más abarcativos que los que encierra el informe. Y gracias a ello hoy estamos discutiendo sobre la privacidad y no sobre las torturas, la sobrepoblación, el hacinamiento, la baja calidad institucional, etc. Todo tan sólo en 14 meses. Ojalá en otros 14 meses estemos hablando sobre las posibilidades y condiciones de brindar educación superior a los internos o sobre la mejor manera de comercializar sus producciones o sobre su desempeño laboral en establecimientos extracarcelarios; así, los objetivos a discutir se multiplican y no se agotan, en la búsqueda de su inserción real.

Porque no es un tema que se pueda analizar desprendido, fuera de contexto y como pretendiendo sólo desacreditar sin encontrar absolutamente un solo punto positivo en la política penitenciaria rionegrina. Me pregunto: ¿por qué los expertos ingleses se habrían tomado la molestia de cruzar el Atlántico sólo para analizar apenas el 1% de la problemática carcelaria de nuestro país? ¿Por qué eligen Río Negro? ¿Por qué el Dr. Duhalde envía esta comisión que termina denostándonos y no se ocupa de mandarla a Coronda, Magdalena, Mendoza, Córdoba, etc., donde ocurren hechos terribles? ¿Por qué buscan el contraste entre las unidades que tiene el SPF en esta zona (U 12 y U5, dos de las mejores colonias penales del país) con la otrora siniestra cárcel de Roca y no pasan por Devoto? ¿Será que ya empezó la lucha política para el 2007? ¿O se tratará de un simple infantilismo ideológico –tan costoso a veces– que lastima todos los avances en materia de derechos humanos?

Debe existir un espacio donde pueda conciliarse lo expresado en el informe con los dichos vertidos por los expertos británicos en la Facultad de Derecho de General Roca valorizando nuestras acciones y ratificando nuestra mirada y política estratégica en materia penitenciaria. Allí dijeron –según la traductora–: «Los admiramos, les pedimos que sigan así y les deseamos suerte». Antes, en el despacho del jefe de la alcaidía, terminada la recorrida, les indagamos acerca de sus impresiones y dijeron: «Ustedes no recibieron una página en blanco… pero tienen una estrategia y eso es lo importante». En fin, no saber encontrar ese ámbito refuerza a veces la nefasta idea de que vivimos en una sociedad sin destino. Nadie parece querer ser sincero, analizar sin descontextualizar; ser objetivo, discreto, leal. Cada sector toma una parte de la realidad, la que más le conviene, y desde ahí dispara contra sus semejantes, sin importarle las consecuencias.

Desde la función ejecutiva uno percibe un agotamiento casi terminal, a cada instante. En lugar de trabajar, debo contestar porque si no, «guardo silencio», es decir, consiento. Es difícil, al ver estas actitudes, que los privados de la libertad algún día sean tomados en serio. ¡Pobre la suerte que les espera si de este tipo de informes dependen!

A ver si logramos entendernos algún día. La libertad, la protección, la participación, la identidad y la creación son necesidades cuya satisfacción se estimula al satisfacerse una necesidad central, que es el entendimiento. El satisfactor –en este caso– es la educación. Esto forma parte de una matriz de necesidades y satisfactores elaborada por el Dr. Antonio Elizalde (rector de la Universidad Bolivariana de Chile) en su «Desarrollo a Escala Humana», donde juegan lo que llama «satisfactores sinérgicos». En la Argentina, el entendimiento es lo de menos. La sinergia es lo de menos. Así estamos. Así vamos. Cada cual atiende su juego.

 

(*) Subsecretario de Justicia de Río Negro


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