Amalia Pica, una cipoleña en ArteBA

La artista, que actualmente vive en Londres, formó parte de la muestra que cerró el domingo, en Buenos Aires,y que reunió a 80 mil personas en La Rural.

ARTE

Nació en Neuquén en el 78, pero creció en Cipolletti (y de allí se considera) y en Buenos Aires egresó del Instituto Universitario Nacional del Arte, como profesora de escultura en 2003.

Antes de terminar la Escuela, Amalia Pica ya sabía que amaba el arte. En 2004-05 hizo una residencia en Ámsterdam y cuatro años más tarde se radicó en Londres, donde trabaja y vive. Cuando no viaja, claro, cosa que hace constantemente, siguiendo sus exposiciones en la Tate Gallery de Londres, el Museo Guggenheim de Nueva York, o la de diciembre pasado en el MNBA Neuquén, la primera gran exhibición en Argentina.

Por estos días, es una de las plásticas contemporáneas más buscadas en el exterior y también en arteBA, en la Rural, donde ocupó el puesto D17 – König Galerie de Berlín y coordinó la performance Asamble: un caminito de varones y chicas, cual hormigas, cargando sillas diversas en lugar de hojas. Quien encabeza la fila se sienta y los demás lo imitan formando una rueda que no se cierra porque cuando el último está por ubicarse, la primera se levanta y camina hasta armar círculo en otro lugar. Una suerte de asamblea, sin a, inconclusa, de ahí su nombre.

-Históricamente, el círculo tiene mucho de ritual. Es una forma de reunión y trato de explorarla, pero también de hablar de la dificultad que tiene la gente para organizarse y generar actitudes políticas.

-Cabe preguntarte, entonces, sobre la función del arte…

-Es como preservar un espacio de subjetividad. El mundo, en realidad, es un lugar muy cruel y sin sentido y el arte es un modo de resistencia, porque es buscarle significado a las cosas o generarlo. Es un encuentro colectivo en ese ámbito de búsqueda de sentido.

-¿Qué herramientas te sirven, qué materiales, para intervenir lo real, crear tu mirada?

-Muchas de mis obras están ligadas a qué nos une y al acto comunicativo. Como una exploración del arte como acto comunicacional, pero también de los aparatos de la comunicación, desde micrófonos hasta megáfonos. Porque me interesa qué cosas reconocemos como imágenes que nos juntan. Yo estudié escultura más tradicional y de a poco me fui expandiendo hacia lo que se le llama instalación.

“Hoy, la experiencia ante las obras está muy mediatizada por los teléfonos, por Internet… Creo, espero, deseo que ese tiempo se dé en la memoria de las personas. Puede hacer una mirada rápida, pero –con suerte- esa imagen se retiene y comienza a integrar un repertorio de imágenes que vuelven, se resignifican y dos años más tarde se recuerdan, o algo en la calle las vuelve a la mente, transformándose en parte del repertorio visual. De allí se nutre la imaginación… Cuando uno crea imágenes en la cabeza, parte de cosas que vio. Y tal vez, la dimensión del tiempo se relacione con una mirada distraída, si se quiere, pero que sigue volviendo.

-Una mirada cargada de datos de la publicidad, del diario bombardeo mediático…

-Por un lado, siento que debemos generar una mirada crítica con la producción audiovisual. Y por otra parte, el exceso de información, de imágenes que yo no hubiera elegido ver, me parece que integra el archivo personal al que es importante nutrir y ampliar Como artista, debo trabajar con eso y transformarlo en el material que utilizo.


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