«Ángeles y demonios»
En la vida las personas generalmente no podemos dejar de pasar en algún momento por un consultorio médico ni por el estudio de un abogado. Lamentablemente en mi caso por visitar a un médico tuve que terminar visitando a un abogado, vaya paradoja.
Si comparamos el título de la carta seguramente relacionamos a «ángeles» con médicos y «diablos» con abogados, pero en mi caso fue al contrario. Luego de peregrinar por unos cuantos abogados que no me daban respuestas y sólo hacían que pasara el tiempo, cansada de ir o de llamar por teléfono y recibir la clásica respuesta «El Dr. se comunicará con usted; no se encuentra en el estudio, está con gente», entre otras tantas que solemos escuchar, tuve la dicha y la maravillosa suerte de encontrar un profesional en la Justicia con todas las letras.
Esta persona escuchó mi caso, lo estudió, lo analizó, sacó conclusiones y sin pedirme ni tan siquiera mencionar el tema económico asumió la defensa de mi caso: mala praxis médica. Causa escozor escuchar esta frase. Si bien soy consciente de que se generó una industria de este tipo de procesos, en mi caso era concreto y rotundo, no era que estaba trastornada psiquiátricamente o era una paciente delicada, como muchos argumentaron: se trataba nada más y nada menos de que se habían olvidado de poner en mi columna diez centímetros de fijación lumbar, lo cual me costó una jubilación por invalidez, me quitó años y la posibilidad de trabajar y me llevó a tener que sostenerme con una magra pensión y a ser víctima y rehén de un sistema de salud que no se hace cargo de las obligaciones que le corresponden (PAMI).
En fin? así paso mis días, con toda clase de analgésicos y -a mis 55 años- sin poder desarrollarme como cualquier persona normal lo haría. Mi columna ya quedó dañada, nadie ni nada podrá arreglarla para que vuelva a ser la de antes, pero el tiempo pasa y tal vez la ciencia en algún momento cree algo que pueda mejorar mi calidad de vida.
Más allá de todo lo expresado, quiero hacer público y notorio mi profundo reconocimiento, aprovechando que el mes pasado se festejó el Día del Abogado, al Dr. Oscar de Caso, un ejemplo de persona, intachable y de una conducta profesional destacable. Su gestión en el proceso fue impecable y digna de ser tenida en cuenta por sus colegas. En los tres años que duró el juicio estuvo siempre atento a todas las instancias, consultando, preguntando, analizando… y lo más grato (por decirlo así, después de semejante tortura): en ningún momento dejó de hacerme sentir una persona de carne y hueso tanto con derechos como con obligaciones, como todos los ciudadanos.
Dr. Oscar de Caso: gracias. La sentencia no calmará mi dolor, pero me reconforta el alma saber que todavía hay personas como usted en las que podemos confiar, en las que la palabra de aliento está presente. Siempre estaré agradecida por su atención y por la voluntad que demostró en todo el proceso.
También solicito públicamente al Colegio de Abogados el reconocimiento al Dr. De Caso; personas así hacen que creamos en la Justicia, muchas veces injusta, para que no se sigan perdiendo valores en un sistema donde se reclama cada vez más que a la Justicia se le caiga la venda de los ojos.
Griselda Rosa Ferreyra, DNI 10.978.600 – Neuquén