Arrancan las paritarias

Por Redacción

Como sucede todos los veranos, el Poder Ejecutivo, los sindicatos y las entidades que negocian en nombre de los empresarios están concentrándose en la próxima edición de las paritarias a sabiendas de que mucho podría cambiar en los meses por venir. Por enésima vez el gobierno nacional quisiera fijar un techo levemente inferior a la tasa de inflación prevista con la esperanza de que los acuerdos alcanzados sirvan para bajar las expectativas, los gremialistas insisten en que sea superior y los voceros del patronato empresarial dan a entender que a su juicio tanto los funcionarios como sus interlocutores sindicales son demasiado optimistas. Aunque todos comprenden que los resultados de las negociaciones que están en marcha incidirán en la evolución de la economía y que por lo tanto la moderación les convendría a los trabajadores que, caso contrario, luego de conseguir un aumento importante lo verían devorado por la inflación, ni siquiera los sindicalistas proclives a simpatizar con el presidente Mauricio Macri pueden darse el lujo de reclamar menos que los demás compañeros. No sorprende, pues, que el techo del 25% insinuado por el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, se encuentre por debajo del piso del 30% avalado por el jefe de la CGT, Hugo Moyano, para no hablar de los montos que tienen en mente los estatales, encabezados por los docentes que, como es habitual, están pidiendo aumentos que de generalizarse provocarían estragos en la ya precaria economía nacional. Según los voceros gubernamentales, en su mayoría los sindicalistas son conscientes de que, por ser tan mala la situación económica del país, sería peor que inútil insistir en aumentos salariales desmedidos, pero mientras duren las paritarias no tendrán más opción que asumir una postura combativa. Asimismo, algunos, entre ellos los líderes de los gremios docentes, militan en el kirchnerismo y aprovecharán cualquier pretexto para oponerse a los “neoliberales” macristas; al fin y al cabo, en la provincia de Buenos Aires año tras año se ensañaban con el gobernador Daniel Scioli por creerlo un traidor en potencia a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, de suerte que extrañaría que trataran mejor a su sucesora María Eugenia Vidal. El que los protagonistas de las paritarias no quieran brindar la impresión de estar dispuestos a aceptar menos que sus compañeros y rivales es lógico, ya que su propia reputación está en juego y, para más señas, tienen que defenderse no sólo de los ultras del kirchnerismo que sueñan con desensillar pronto a Macri sino también de izquierdistas que los acusarán de pactar con el capitalismo. Sin embargo, la uniformidad aparente reflejada por las paritarias no corresponde a lo que está sucediendo en la economía real. Algunos sectores están en crisis por razones que ningún gobierno nacional estaría en condiciones de modificar. La caída vertiginosa del precio del petróleo en los mercados internacionales ha forzado a los petroleros a tomar en cuenta el riesgo de que queden eliminados los empleos de miles de trabajadores. Por motivos diferentes también están en problemas las empresas automotrices, mientras que la recesión brasileña y la devaluación del real cohíben a los sindicalistas de industrias que, como saben, son poco competitivas. Por ser ta distinta la situación en que se hallan tales sectores y otros, la costumbre corporativista de celebrar paritarias simultáneas se ha desactualizado pero parecería que nadie quisiera reconocerlo, ya que a los sindicalistas y los dirigentes de las asociaciones de empresarios les encanta llamar la atención sobre su presunta influencia. Por desgracia, últimamente se ha ampliado mucho la brecha entre lo posible y lo deseable. Mientras que el gobierno tiene que privilegiar los números que le dicen que escasean los recursos financieros, los sindicalistas se saben constreñidos a subrayar que el poder adquisitivo de los asalariados se ha reducido bastante a partir de las elecciones del año pasado y que es su deber tratar de recuperarlo. Si bien el gobierno se ha comprometido a tomar medidas destinadas a complacer a los sindicalistas, como modificar el régimen de Ganancias, el aumento reciente de las tarifas eléctricas les ha brindado un buen pretexto para adoptar una actitud más dura.


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