“Limita la esperanza”




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Con miedo y desesperación una persona disminuye sus energías anímicas y corporales. Por el contrario, confianza y esperanza producen un despertar de las fuerzas de la vida. Ningún hombre se encuentra abandonado de forma inevitable a su enfermedad o malestar. Ninguno de nosotros es un “caso sin esperanza” determinado por fuerzas de las que no se puede liberar. Nosotros mismos determinamos nuestra vida, manteniendo nuestro cuerpo en orden y permaneciendo sanos con un modo de pensar positivo, así como lo quiere Dios. Si, por el contrario, introducimos el desorden en nuestro cuerpo, con ello sufrimos. Por lo tanto, la enfermedad es siempre un síntoma de desarmonía interna. La salud es la consecuencia de la armonía, de la armonía en nosotros mismos y de la paz con nuestro prójimo y sobre todo con el Eterno, que vive en nosotros. Nuevamente vale recordar: tenemos la costumbre de quejamos de Dios o de nuestros semejantes cuando sufrimos o estamos enfermos. En realidad deberíamos quejarnos de nosotros mismos, que somos los que hemos causado la desgracia por la que sufrimos. El que vive la verdadera fe activa en la fuerza más elevada se nutre de la fuente infinita y eterna de la esperanza y de la fuerza. De ello se desarrolla la sensibilidad para lo bueno y lo que no es bueno, el claro reconocimiento de si nuestro comportamiento es positivo o es contrario a la ley de Dios. Maximiliano Corradi, DNI 27.090.991 - Mendoza

Maximiliano Corradi, DNI 27.090.991 - Mendoza


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