Bachelet, favorita en escenario complejo
Chile elige presidenta. A 48 horas de las urnas, todo indica que la exmandataria asegura un triunfo lo suficientemente sólido como para gambetear la segunda vuelta.
DEBATES
Carlos torrengo carlostorrengo@hotmail.com
Chile elige presidenta. Porque quien llegue a La Moneda se define en un mismo género: la socialista Bachelet –por la Concertación– o la conservadora Evelyn Matthei, por la alianza de derecha. A 48 horas de las urnas, todo indica que la exmandataria asegura un triunfo lo suficientemente sólido como para gambetear la segunda vuelta. Por estas horas su adversaria despliega un esfuerzo a todo o nada por restar diferencias. Pero sea una u otra, ambas luchan desde un convencimiento que trasciende las encuestas, las conjeturas sobre quién ganará: los problemas que heredarán. Un Chile que lentamente parece diluirse bajo el reto de crecientes problemas sociales, la conquista de una modernización de la sociedad lograda de la mano de ideas neoliberales. Mientras llega el domingo, en un país donde el voto no es obligatorio, existe la impresión que la elección tendrá una abstinencia que rondará en el 28%. Proceso de selección en el que abundan datos sosteniendo que el 86% de los chilenos está convencido de que Michelle Bachelet ganará los comicios en la primera vuelta. Triunfo que en términos de apoyo estaría oscilando entre en el 52%. Sólo un 14% estima cree que Evelyn Matthei logrará La Moneda. Pero también está en juego la renovación del Parlamento, un espacio en el que también la líder de la ex-Concertación (hoy ampliada a Nueva Mayoría) parece estar en condiciones de obtener un respaldo excluyente tanto en ambas cámaras. Y si bien son nueve las fuerzas políticas que se postulan para la presidencia, Bachelet y Matthei se destacan como alternativas únicas en tanto síntesis de convergencias de fuerzas con largo e intenso arraigo en la historia política de Chile. Bachelet expresa a una centroizquierda que, con fuerte arraigo en la tradición socialdemócrata, forja su poder en un grupo reunido alrededor del Partido Socialista y la Democracia Cristiana. Matthei, por su parte, surge de planos de derecha y extrema derecha más dura que a lo largo de la dictadura liderada por Augusto Pinochet formaron parte activa del blindaje a ese proceso. Las diferencias entre ambas candidatas también se extienden a los términos en que llegaron a postularse. Veamos: • Bachelet llega a candidata por peso específico propio. Cuando hace cuatro años entregó el poder a Sebastián Piñera, de la Alianza, no cabían dudas de que volvería a insistir. Dejaba el poder con algo más del 70% de imagen positiva. Sólo tenía que manejar los tiempos para volver al ruedo. Y volvió a presentarse con el camino desbrozado por la proyección de la calidad con que había manejado su mandato. • Matthei, en cambio, fue una apelación que en términos de manotón de ahogado hizo la Alianza ante la sangría en que se convirtió la lucha por la candidatura, un proceso que desmejoró pronunciadamente la cohesión interna. Con algo más de dos décadas afirmado en un modelo de organización institucional y de desarrollo económico que transformó significativamente al país, Chile llega sin embargo a estas elecciones bajo la expansión sostenida de crecientes problemas. Hacen, fundamentalmente, a la integración social. Con más de 2.500.000 en estado de indigencia y no menos de cuatro en plano de pobreza. Y si bien el conjunto de la política destaca la movilidad social ascendente que también ha sido uno de los perfiles ofrecidos por la modernización chilena, no es menos cierto que esas nuevas clases medias dependen de la economía, trabajo en negro. O sea, potencial precariedad ante los sacudones que son propios de las economías del continente. • No hay más demoras: el modelo comienza a tener fiebre. Le llega de las limitaciones para seguir integrando socialmente al conjunto de los chilenos. “Tampoco podemos pedirle milagros a la cuenca del Pacífico, somos un mercado chico y esa integración, que tanto ha potenciado nuestras exportaciones, también tiene sus límites”, señaló a este diario el economista Carlos Furche, colaborador de Michelle Bachelet. Y desde la economía y desde Nueva York, otro chileno señala: “El sistema necesita ajustes para atacar frontalmente problemas de inequidad, profundizar logros alcanzados y consolidar su legitimidad. Los cambios se pueden hacer bien o mal. La izquierda debe comprender que el crecimiento económico, eficiencia, incentivo, son esenciales para lograr los objetivos de bienestar y mayor igualdad a que aspiran. La derecha debe entender que ser pro-mercado es diferente de ser pro-empresa. La generación de riqueza es un aporte a la sociedad; la apropiación de renta no lo es. Debemos generar condiciones de competencia y regulación para que minimice la apropiación de rentas”. Para Daza, en tanto candidata de la centroderecha pero muy marcada por origen social e ideología por la extrema derecha, Evelyn Matthei sólo puede ganarle a Michelle Bachelet “si se manda sola, que siga lo que la realidad le marque a ella ante el hecho que las fuerzas que la respaldan se resisten a mudar temas valóricos, con lo cual está destinada a un futuro de dinosaurios”. Bachelet, en cambio, lideró su campaña con importantes dosis de autonomía de pensamiento y decisión en relación con los esquemas programáticos llegados desde las fuerzas que la postulan. Con ausencia de la rigidez social con que se mueve Evelyn Matthei y desde la simpatía desbordante, a lo largo de su campaña Bachelet desgranó un torrente de promesas. Tantas que su adversaria y el grueso de la dirigencia de la Alianza la acusan de populista. También de haber “radicalizado su izquierdismo”. Entre las promesas figura la reforma de la Constitución de Chile a fin de ponerla a tono con una “digna y justa distribución de la riqueza”. También ha prometido encarar la reforma del sistema educativo en materia de financiamiento, alentando la enseñanza gratuita en el conjunto de los planos del sistema. Acorralada por el avance de su adversaria, Evelyn Matthei no se quedó atrás en el campo de las promesas. A modo de un intento desesperado por mejorar su imagen en los bolsones más amplios de la sociedad chilena, acaba de prometer la creación del Ministerio de Asuntos Indígenas. Un sector de la vida nacional que tiene hoy un protagonismo muy activo en reclamos a derechos que considera conculcados desde tiempos de la colonia. Un activismo que, liderado por descendientes del pueblo araucano, no está desligado de acciones violentas. Vota Chile, con 4.000 kilómetros de frontera con la Argentina. Una elección, entonces, que también interesa aquí.