Carga tributaria, obstáculo para la recuperación del empleo formal

Por Redacción

JORGE COLINA (*)

El año 2013 tuvo un desempeño modesto en materia de empleo. Al tercer trimestre, sobre un universo de 11,7 millones de personas que trabajan o buscan activamente un trabajo en los 31 aglomerados urbanos de mayor tamaño de todo el país, las personas con trabajo se incrementaron apenas en 77.000 y las desempleadas en 6.000, es decir un crecimiento muy marginal del empleo que no se tradujo en un aumento grande del desempleo por el simple hecho de que no mucha más gente entró al mercado de trabajo. Por eso la tasa de desempleo se mantuvo quieta en el orden del 7,3%. Para tener una idea de comparación, en los años 2010 y 2011 el empleo subió a razón de 200.000 a 250.000 nuevos ocupados por año, o sea tres veces más de lo que lo hizo en el 2013, de aquí que en esos años el índice de desocupación se redujera. Pero atención, la luz de precaución se encendió con los últimos datos correspondientes a julio-septiembre. El empleo directamente no creció, cuando entre enero-junio lo venía haciendo al orden de 100.000 nuevos ocupados. El desempleo no subió porque casi toda la gente que no consiguió empleo se retiró del mercado laboral, o sea que dejó de buscar trabajo (en general, estos casos son segundos generadores de ingresos del hogar, como cónyuges y jóvenes mayores de 18 años que viven con los padres). Los datos para el último trimestre del año, octubre-diciembre, no suelen ser mejores que los del tercer trimestre, por eso este estancamiento puede estar señalando cómo viene el 2014. El crecimiento del empleo depende decisivamente del nivel de actividad económica y la marcha del costo laboral. Cuando el primero aumenta, los puestos de trabajo tienden a incrementarse; cuando el segundo aumenta, el empleo tiende a no crecer. Las perspectivas de crecimiento de la actividad económica para el 2014 son, en el mejor de los casos, de un optimismo tímido. El retraso cambiario del dólar oficial desalienta las exportaciones (fuente genuina de crecimiento económico), alienta importaciones que las autoridades contienen con prohibiciones y burocracia, lo que no contribuye siquiera al desarrollo del mercado interno ya que las industrias requieren de máquinas, insumos y repuestos importados. La inversión (otra fuente genuina de crecimiento) no sube por la alta inflación, cepo al dólar y la burocracia que impide la entrada de capitales del exterior debido a que no permite garantizar el reflujo de futuras ganancias. En este marco, es difícil esperar que el 2014 venga con un crecimiento vigoroso. En paralelo, los sindicatos dejan traslucir que las demandas de aumentos salariales se ubicarán más cerca del 30% que de algunos porcentajes que las autoridades sugirieron por debajo del 20%. Es justificado que los trabajadores aspiren a obtener aumentos de salarios que al menos compensen lo perdido por el alza de los precios, pero –sin demeritar estas demandas– esto es aumento de costo laboral, en una economía que no tiene fuerza para crecer con vigorosidad y compensar con mayor productividad el mayor costo laboral. Por eso, el panorama de crecimiento del empleo para el 2014 aparece bastante deslucido. Esto no significa que no vaya a haber crecimiento del empleo total. El empleo es variado y se presenta de diversas formas. Está el empleo del bueno, que se asocia al trabajo asalariado registrado; el precario, que es el asalariado no registrado y el cuentapropismo de baja productividad, y otras formas como profesionales liberales y patrones y empleadores. En la Argentina, los empleos buenos y los precarios representan aproximadamente la mitad cada uno y en general siguen la dinámica de que los buenos crecen cuando la economía se desarrolla con vigorosidad (como entre 2004-2008 y 2010-2011) y los precarios y de baja productividad crecen cuando la economía tiende a estancarse (como en el 2009 y el 2012-2013). Por eso la tasa de empleo asalariado no registrado oscila desde el año 2009 en alrededor del 35% de los asalariados y el cuentapropismo de baja productividad en alrededor del 20% de los ocupados. Sin crecimiento de la actividad económica lo más probable es que en el 2014 se observe un estancamiento del empleo asalariado registrado (el bueno) compensado por crecimiento modesto del empleo no registrado y el cuentapropismo de baja productividad (el malo). Los que no consigan empleo precario, pasarán a la inactividad laboral como está sucediendo ahora. ¿Qué hacer? Las soluciones para recuperar el crecimiento económico con complejas por la enorme acumulación de distorsiones de la economía. Hay que instrumentar un plan antiinflacionario serio y profesional (no de meros anuncios de controles de precios), volver a unificar el mercado de divisas, recuperar credibilidad y profesionalidad en los marcos regulatorios para atraer inversiones, fundamentalmente en energía e infraestructura, y reconstruir el mercado de capitales, entre las cuestiones más estructurales. En el interregno, para ir mitigando la falta de creación de puestos de trabajo se debería revisar la estructura impositiva que castiga a los empleos formales con una muy elevada presión de cargas sociales. De cada 100 pesos de salario de bolsillo que un trabajador formal se lleva a su casa, su empleador debe pagar 150 pesos en concepto de costo laboral total, o sea un 50% más. Con esta carga tributaria, es difícil pensar en la recuperación del empleo formal. (*) Jefe de Investigaciones del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa)