Un Ángel muerto en Pascuas

Carta de Lector

Por Carta de lector

Alejandro De Muro
DNI 5.081.245

Múñiz, Buenos Aires

A través de un video, conocido poco antes de que muriera, Ángel Nicolás Pérez pidió, con vehemencia, que no lo separaran de quien lo había criado durante sus primeros cuatro años de vida: su padre biológico. Lloró, en vano, hasta agotar la última de sus lágrimas.
No había cumplido cinco y, sin entender, fue víctima de un arrebato, de una sinrazón jurídica.
El juez Pablo José Pérez, coordinador de Familia de Comodoro Rivadavia, se atuvo a reglas del derecho pero hizo caso omiso al espíritu de la ley. En lugar de mostrarse empático con el menor, prefirió acceder al pedido de la progenitora, empeñada en que volviera al hogar. Seguramente, para torturarlo y precipitar su final. Ángel fue rehén de quien, con su actitud, prefirió dañar a su expareja.
No la guiaba otro objetivo que vengarse y utilizar a su vástago como ariete.
El juez, responsable clave del drama desatado, atizó las llamas.
Fue cómplice, con su mala praxis, de diversos maltratos. En especial, de una comprobada lesión en el cerebelo, causa principal del fallecimiento.
Se ha consumado un crimen y sobran las evidencias. No hemos sido testigos de una muerte súbita. Por eso, resta esperar una pronta y ejemplificadora sanción para instigadores y partícipes activos.


Alejandro De Muro
DNI 5.081.245

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