“Un interesante marco para discutir sobre economía”

El 11 del corriente, en esta sección, el Dr. Pablo Guido manifestaba su disconformidad respecto del resultado de un concurso sustanciado en la Facultad de Ingeniería de la UNC (se evalúan allí entrevista, clase pública y antecedentes). El mismo tenía como objetivo seleccionar un docente para la asignatura Economía, que se dicta para todas las carreras de ingeniería. En su misiva el Dr. Guido hace una serie de aseveraciones negativas respecto del resultado del concurso, que lo llevó a presentar oportunamente una impugnación ante el Consejo Directivo de la unidad académica. No me voy a referir a los términos utilizados en su carta que, entiendo, son infundados. Me remitiré, más bien, a un solo párrafo, ya que abre un interesante marco para discutir sobre economía, educación y sociedad. El doctor Guido alerta a los alumnos sobre que “la materia de Economía estará a cargo de una persona que no tendría la capacitación necesaria ni la experiencia suficiente para dictarles el curso. (…) Los alumnos merecen ser respetados y obtener la mejor educación disponible. (…) La sociedad en su conjunto merece que los recursos humanos… sean preparados de la mejor manera posible”. Aquí, el doctor Guido reduce toda la problemática a una cuestión de saberes de la disciplina, los que a su vez son asumidos en términos de una estricta meritocracia. Sin embargo, el Estatuto de la Universidad del Comahue es más abarcativo que lo estrictamente disciplinar al señalar que la UNC “procura la formación integral y armónica de sus componentes e infunde en ellos el espíritu de rectitud moral y de responsabilidad cívica y sostiene la plena vigencia de los derechos humanos”. La mención a los derechos humanos integrales –civiles, públicos, políticos y sociales, estos últimos inspirados en las nociones de justicia social y seguridad social– está en el centro de las discusiones contemporáneas que apuntan a un empoderamiento de la ciudadanía. En este sentido, desde un punto de vista doctrinal, no queda del todo clara la adscripción del Dr. Guido a los mismos. Como fiel seguidor de la llamada Escuela Austriaca de Economía con su encendida defensa del libre mercado, el Dr. Guido compartirá la repetición ad náuseam de la palabra “libertad”. Pero, como advertía Julio Cortázar en su momento, las palabras, a fuerza de ser repetidas, terminan por agotarse, por enfermarse. Al leer a los referentes de la Escuela Austriaca, la sensación es ésa, de que estamos en presencia de una palabra “libertad” desganada, confusa, sesgada y peligrosa. Un hilo conductor en la formación superior de esta doctrina libremercadista (neoliberal) lo constituye la referencialidad de algunos nombres, por acaso, Friedrich von Hayek (fundador de la Sociedad Mont Pelerin, premio nobel de Economía). También, determinadas instituciones hacen de soporte intelectual al neoliberalismo en el caso latinoamericano; por ejemplo, las universidades Eseade (Argentina, en donde Guido obtuvo una maestría) y Francisco Marroquín (Guatemala, en la que Guido fue docente a tiempo completo), todas con sólidas vinculaciones con el CATO Institute, un think-tank norteamericano relacionado con el ultraderechista Tea Party (en cuyo sitio web se pueden leer artículos del Dr. Guido). Milton Friedman expresaba en su momento que la Universidad F. Marroquín era una entidad líder, formada enteramente en los principios de la libertad de mercado y la propiedad privada sostenidos por la Sociedad Mont Pelerin. Como se ve, no estamos en presencia de instituciones que garantizan alcanzar méritos académicos plurales sino que, por el contrario, son ámbitos de capacitación de cuadros políticos e intelectuales orgánicos del neoliberalismo. En el caso de Hayek, la situación es más preocupante aún: abomina de la justicia social (“Tengo la certeza de que nada ha hecho más daño a las salvaguardas jurídicas de la libertad individual que la búsqueda de ese espejismo llamado justicia social”) y justifica las dictaduras. En su visita al Chile de Pinochet en 1981 expresaba: “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente… A veces es necesario que un país tenga, por un tiempo, una u otra forma de poder dictatorial”. Espero sinceramente que estas concepciones autoritarias estén alejadas del ideario del Dr. Guido. Asimismo, su bienvenida participación en un concurso de una universidad pública sí indicaría que pudo haber superado ciertos prejuicios de antaño, como cuando sostuvo en un artículo que aquellos grupos que habían posibilitado la renuncia del ministro de Economía de la Alianza Ricardo López Murphy en el 2001 eran los sectores parasitarios de la sociedad, en particular los universitarios y los sindicatos. Vladimir L. Cares, DNI 92.432.119 FI-UNC Neuquén


El 11 del corriente, en esta sección, el Dr. Pablo Guido manifestaba su disconformidad respecto del resultado de un concurso sustanciado en la Facultad de Ingeniería de la UNC (se evalúan allí entrevista, clase pública y antecedentes). El mismo tenía como objetivo seleccionar un docente para la asignatura Economía, que se dicta para todas las carreras de ingeniería. En su misiva el Dr. Guido hace una serie de aseveraciones negativas respecto del resultado del concurso, que lo llevó a presentar oportunamente una impugnación ante el Consejo Directivo de la unidad académica. No me voy a referir a los términos utilizados en su carta que, entiendo, son infundados. Me remitiré, más bien, a un solo párrafo, ya que abre un interesante marco para discutir sobre economía, educación y sociedad. El doctor Guido alerta a los alumnos sobre que “la materia de Economía estará a cargo de una persona que no tendría la capacitación necesaria ni la experiencia suficiente para dictarles el curso. (…) Los alumnos merecen ser respetados y obtener la mejor educación disponible. (…) La sociedad en su conjunto merece que los recursos humanos… sean preparados de la mejor manera posible”. Aquí, el doctor Guido reduce toda la problemática a una cuestión de saberes de la disciplina, los que a su vez son asumidos en términos de una estricta meritocracia. Sin embargo, el Estatuto de la Universidad del Comahue es más abarcativo que lo estrictamente disciplinar al señalar que la UNC “procura la formación integral y armónica de sus componentes e infunde en ellos el espíritu de rectitud moral y de responsabilidad cívica y sostiene la plena vigencia de los derechos humanos”. La mención a los derechos humanos integrales –civiles, públicos, políticos y sociales, estos últimos inspirados en las nociones de justicia social y seguridad social– está en el centro de las discusiones contemporáneas que apuntan a un empoderamiento de la ciudadanía. En este sentido, desde un punto de vista doctrinal, no queda del todo clara la adscripción del Dr. Guido a los mismos. Como fiel seguidor de la llamada Escuela Austriaca de Economía con su encendida defensa del libre mercado, el Dr. Guido compartirá la repetición ad náuseam de la palabra “libertad”. Pero, como advertía Julio Cortázar en su momento, las palabras, a fuerza de ser repetidas, terminan por agotarse, por enfermarse. Al leer a los referentes de la Escuela Austriaca, la sensación es ésa, de que estamos en presencia de una palabra “libertad” desganada, confusa, sesgada y peligrosa. Un hilo conductor en la formación superior de esta doctrina libremercadista (neoliberal) lo constituye la referencialidad de algunos nombres, por acaso, Friedrich von Hayek (fundador de la Sociedad Mont Pelerin, premio nobel de Economía). También, determinadas instituciones hacen de soporte intelectual al neoliberalismo en el caso latinoamericano; por ejemplo, las universidades Eseade (Argentina, en donde Guido obtuvo una maestría) y Francisco Marroquín (Guatemala, en la que Guido fue docente a tiempo completo), todas con sólidas vinculaciones con el CATO Institute, un think-tank norteamericano relacionado con el ultraderechista Tea Party (en cuyo sitio web se pueden leer artículos del Dr. Guido). Milton Friedman expresaba en su momento que la Universidad F. Marroquín era una entidad líder, formada enteramente en los principios de la libertad de mercado y la propiedad privada sostenidos por la Sociedad Mont Pelerin. Como se ve, no estamos en presencia de instituciones que garantizan alcanzar méritos académicos plurales sino que, por el contrario, son ámbitos de capacitación de cuadros políticos e intelectuales orgánicos del neoliberalismo. En el caso de Hayek, la situación es más preocupante aún: abomina de la justicia social (“Tengo la certeza de que nada ha hecho más daño a las salvaguardas jurídicas de la libertad individual que la búsqueda de ese espejismo llamado justicia social”) y justifica las dictaduras. En su visita al Chile de Pinochet en 1981 expresaba: “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente… A veces es necesario que un país tenga, por un tiempo, una u otra forma de poder dictatorial”. Espero sinceramente que estas concepciones autoritarias estén alejadas del ideario del Dr. Guido. Asimismo, su bienvenida participación en un concurso de una universidad pública sí indicaría que pudo haber superado ciertos prejuicios de antaño, como cuando sostuvo en un artículo que aquellos grupos que habían posibilitado la renuncia del ministro de Economía de la Alianza Ricardo López Murphy en el 2001 eran los sectores parasitarios de la sociedad, en particular los universitarios y los sindicatos. Vladimir L. Cares, DNI 92.432.119 FI-UNC Neuquén

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora