Chile sigue creciendo, a toda marcha
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
La economía de Chile sigue creciendo y a muy buen ritmo. Con el de Perú, uno de los mejores de nuestra región. El “modelo” chileno, abierto y basado en una economía de mercado, funciona bien. Hace progresar. La democracia chilena, bien consolidada, acompaña con instituciones sólidas, respetadas por todos. Todo lo contrario al caos venezolano que muestra, en cambio, el fracaso rotundo del populismo, del dirigismo, de la ignorancia, del capricho y de las mendaces fantasías de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Es cierto, Chile ingresa ahora en una nueva etapa, después del esperado triunfo (en primera vuelta) de Michelle Bachelet. Pero lo hace en una envidiable situación económica, sin mayores sorpresas o herencias bajo la alfombra. Arrastra todavía, pese a lo mucho que ciertamente ha adelantado todo a lo largo de las últimas décadas, un problema de pobreza y desigualdades que deberá corregir. También una cierta dependencia del precio del cobre y un sector energético con su oferta y su demanda demasiado ajustadas. Chile tiene, cabe destacarlo, el más alto PBI per cápita de toda América Latina. O, lo que es lo mismo, el más alto ingreso per cápita de nuestra región. Unos 22.362 dólares, promedio. Está entonces al nivel de los países ya desarrollados. En esto nos ha reemplazado en el liderazgo regional que alguna vez tuviéramos y sigue ampliando la distancia. Ocurre que mientras ellos acertaron con su modelo de desarrollo y lo mantuvieron con la necesaria coherencia, nosotros nos equivocamos cada vez que pudimos y nos hemos hundido en el populismo. La calidad de la dirigencia política (de todos los colores, por igual) en ambos países ha sido –al menos en mi opinión– uno de los importantes factores diferenciales. Obviamente, en claro beneficio de Chile. La inflación chilena es razonable: del 3% anual. La argentina, en cambio, del 2% mensual. El desempleo chileno está algo por debajo del 6%. El argentino, sólo Dios sabe. En el 2012, Chile creció un 5,6% de su PBI. Este año lo hará presumiblemente a cerca del 5%. La Argentina está estancada, creciendo a menos del 2% anual de su PBI. Chile avanza al ritmo de su producción de cobre (es el mayor productor del mundo, al menos por ahora, desde que Perú se le está acercando rápidamente) y de su fuerte consumo interno. Chile tiene una clase media fuerte, pero algo endeudada. Con altas expectativas de progreso, que se han estado cumpliendo. Salvo en materia de salud y educación, servicios ambos que están en manos privadas y son, por ahora, factores que contribuyen a las desigualdades, puesto que el acceso a las mejores oportunidades depende –en estos capítulos– del nivel de ingresos de cada persona. La pobreza chilena afecta oficialmente en el 14,4% de la población total. Ésa es una franja de gente que todavía gana menos de 500 dólares mensuales. El 1% más rico de la sociedad se lleva el 31,5% de los ingresos totales. Vive muy bien, como en pocas partes del mundo. Un ajuste tributario parecería, entonces, estar en el radar de los políticos. Hecho con prudencia y coherencia, debiera contribuir a mejorar este particular perfil, aun algo opaco, de Chile. Para celebrar lo de Chile, pese a que nuestros políticos parecerían estar empeñados más en buscar las razones para no imitar a Chile, que en animarse a emular todo lo bueno que el país vecino ha hecho, más o menos silenciosamente. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora