Chilenos que vinieron para quedarse, aun con nostalgia

En la semana que se festeja la independencia de su país la comunidad trasandina se organiza para celebrar.



Desde hace décadas, cada 18 de septiembre, se organiza una gran “ramada” en Bariloche para celebrar el Día de la Independencia en Chile. Un combo azul, rojo y blanco de cuecas y otras danzas tradicionales de ese país, empanadas y pisco sour es la propuesta de mínima del Círculo Chileno Gabriela Mistral, ubicado en la esquina de la calle Neuquén, en Bariloche.

Pese al fuerte peso histórico de las colectividades europeas en la ciudad, la comunidad chilena se coronó como la más grande y registró incluso el mayor número de radicaciones anuales hasta el 2019, año en que los chilenos fueron superados por los venezolanos.

“Muchos vinieron principalmente por cuestiones económicas, financieras. Hoy en día, tenemos pocas consultas. No se indaga tanto en por qué se vienen pero sabemos que hay muchas cuestiones familiares. Años atrás, vino el abuelo, el tío de Chile y, hoy vienen ellos”, indicó Juan Pablo Monasterio, delegado de Migraciones en Bariloche.

En los últimos 40 años, detallaron desde el Consulado de Chile en Bariloche, se estima que había unas 40.000 personas nacidas en Chile radicadas en Bariloche y la región. En el 2018, unos 191 chilenos iniciaron el trámite para establecerse en la ciudad (de un total de 1.200 extranjeros).

“De todos los que se vinieron, muchos fallecieron, otros se volvieron. Pero esos hijos y nietos argentinos hoy están solicitando la nacionalidad chilena. De modo que estimamos que hay entre 120 y 130 mil personas en la Comarca Andina, entre nacidos en Chile y con doble nacionalidad”, puntualizó Diego Velasco, cónsul de Chile en Bariloche, y agregó que “el Consulado de ese país en Neuquén es el que cuenta con mayor cantidad de chilenos en el mundo”.

“Salvar el pellejo”
“No me vine. Me vinieron”, resumió Adolfo Lobos que allá por 1973, era dirigente estudiantil en la localidad chilena de Temuco. Reconoció que con el derrocamiento del presidente Salvador Allende, “el único objetivo era salvar el pellejo y había que buscar la forma de salir del país”.

Lobos nació en Villarrica, vivió ocho años en Temuco y al conocer que integraba “las listas negras” de la dictadura, escapó a Santiago de Chile donde evaluó radicarse en Cuba, la Unión Soviética, la República Democrática Alemana o “cualquier otro país socialista”. Su primer destino, en cambio, fue Buenos Aires y poco después, llegó a Bariloche, donde vive desde ya hace 28 años.

Se definió como “patriota pero no patriotero” y reconoció que cada tanto, se junta con amigos a comer “porotos con riendas”, una comida tradicional que lleva porotos y fideos. “Vos la mirás y nada pero te trae recuerdos. Empanadas y locro, hay allá y acá. Hay mucha afinidad. Quizás el marisco se extraña un poco”, señaló risueño.

Lobos reconoció que al abandonar su país, “la idea era estar cerca de la mochilita. Volver siempre está latente. La idea es tener una pata allá y acá. Con 16 años me vine a la Argentina y hoy con 65, soy más de acá que de allá. Pero lo de las raíces es posta. Pensé que era cháchara de los viejos”.

Hoy, Lobos trabaja junto a senadores chilenos en un proyecto de ley de retorno de chilenos en el exterior que comprende un fondo de ayuda social de repatriación, el reconocimiento de títulos, una bolsa de trabajo, un subsidio habitacional y seguridad social, entre otros puntos.

“El himno chileno está en nuestro ADN”
Con la vuelta de la democracia a Chile, las radicaciones en Bariloche se frenaron y ya no fueron tan masivas como en los 70.

Al menos, así lo consideró Germán González, oriundo de Osorno que abandonó su país en el año 1974, con 25 años, y hoy acaba de cumplir siete décadas de vida.

“Hubo muchos que se quedaron y quienes se volvieron a Chile. Pero el hombre es un animal de costumbre y muchos no lograron acostumbrarse y regresaron a Argentina”, dijo este hombre que, 40 años después, volverá a cruzar la frontera para pasar las fiestas patrias con su familia.

Germán González es de Osorno (Foto: Marcelo Martínez)

“Nosotros traemos de la escuela el sentimiento por los actos. En el patio nos formaban y el profesor pasaba y ponía la oreja para ver si cantábamos el himno. Nos criamos con eso, está en nuestro ADN”, esgrimió.

Sin titubear, Germán relató cómo llegó a la Argentina a través del paso Cardenal Samoré, “el 4 de marzo de 1974. A las 19.15 ya estaba en Bariloche”. Reconoció también que no vino a Argentina por “algo puntual”.

“Mi viejo hablaba mucho de este país y yo fui incorporando todo eso. Me vine porque quise. Nunca me echaron aunque ya de por sí la situación era complicada por la dictadura”, dijo este hombre que trabajó en gastronomía hasta que a comienzos de los 80, “volvió a agarrar la tijera” y desde entonces, trabaja como peluquero en la calle Onelli al 1.200.

Hoy, con tres hijos argentinos y dos nietos, Germán consideró que una de las cosas que más lo marcaron en Argentina fue “poder compartir la mesa con su patrón y su familia. En Chile, era imposible que algo así suceda”.

Una vez por mes, visita Osorno para visitar a su madre de 94 años.

“Me gusta mucho ir a pasear, estar un tiempito pero creo que no me adaptaría de nuevo a vivir allá. Uno acá ve las montañas, la nieve, los árboles en otoño. El que sabe, disfruta”, planteó.

“Toda una vida de trabajo para comer y vivir

Margarita Alvarado es artesana (Foto: Marcelo Martínez)

Margarita Alvarado Freude llegó a Bariloche desde Osorno cuando solo tenía 12 años. Vino sola con una familia chilena que le había ofrecido trabajo como niñera. Hoy, tiene 56 años y tiene un puesto de artesanías en la feria “Sin fronteras”, en la calle Onelli.

“Me vine sola, recordó, con el permiso de un juez de menores porque había perdido a mi padre y la relación con mi madre no era buena. Vine como niñera de una criatura. Este matrimonio había conseguido un trabajo acá”.
Advirtió que “fueron años muy difíciles más aun siendo tan chica. Toda mi vida ha sido trabajar para comer y vivir. De hecho, hasta tuve que criar sola a mis cinco hijos”.

Margarita intentó regresar a Chile hace algunos años cuando murió su madre, pero reconoció que “no logró acostumbrarse a la forma de vida. El trato a la gente, por ejemplo. Mis raíces las tengo acá aunque no soy nacionalizada, soy radicada. Nunca hice el trámite porque es mucho dinero”.

La mujer no duda: “Acá están mis hijos, mis nietos y hasta un bisnieto. De todos modos, nada se pierde. Cada 18 de septiembre, mis hijos me piden alfajorcitos y chapaleles”. Margarita vive en la actualidad en Bariloche.


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