Delfín franciscana: por qué el estuario del Río Negro es clave para salvarlo

Es el cetáceo más amenazado de Sudamérica. Un equipo de científicos de Fundación Cethus, la Universidad Nacional de Río Negro y el CONICET analizó 34 varamientos registrados durante dos décadas. Por qué a partir de los resultados recomiendan mantener las restricciones pesqueras vigentes para proteger a los animales.

Redacción

Por Redacción

Entre 2003 y 2023 se registraron 34 varamientos en el estuario, con un promedio de dos casos por año y picos de seis en 2014 y 2020 (Crédito PNA)

Entre 2003 y 2023 se registraron 34 varamientos en el estuario, con un promedio de dos casos por año y picos de seis en 2014 y 2020 (Crédito PNA)

El delfín franciscana debe su nombre al color pardo de su piel, parecido al hábito de los frailes franciscanos. Vive en las aguas costeras del Atlántico Sudoccidental, desde Brasil hasta el golfo San Matías. En el estuario del Río Negro habita una población que los científicos recién empiezan a conocer a fondo.

Un equipo de la Fundación Cethus, la Universidad Nacional de Río Negro y el CONICET reconstruyó, por primera vez, veinte años de varamientos del delfín franciscana en ese estuario patagónico.

Entre 2003 y 2023, los investigadores registraron 34 casos: nueve de ellos fueron individuos que volvieron vivos al mar. Cada uno de esos episodios sumó una pieza al conocimiento sobre la especie más amenazada de la región, según el estudio realizado por Miguel Iñíguez Bessega, Marina Winter, Sergio Abate, Verónica Seijas, Marta Hevia y Mauricio Failla. Publicaron los resultados en la revista Latin American Journal of Aquatic Mammals.


Vulnerable


El delfín franciscana (cuyo nombre científico es Pontoporia blainvillei) está clasificado como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Es el cetáceo pequeño con mayor riesgo de extinción de Sudamérica. Su principal amenaza es la captura incidental, es decir, el riesgo de quedar atrapado en redes de pesca.

El estuario del Río Negro forma parte del área IVe, la zona más austral de distribución de la franciscana, según la Comisión Ballenera Internacional. Ahí conviven aguas dulces y saladas, con canales, islas y bancos de arena. Hasta ahora, sin embargo, faltaba un registro sistemático sobre lo que ocurría con los delfines de esa región.

En diálogo con Diario RIO NEGRO, Miguel Iñíguez Bessega, presidente de la Fundación Cethus, explicó por qué cada dato cuenta. «Es muy importante la información que nos brinda cada ejemplar varado vivo o muerto», dijo. Sin ese registro, agregó, resultaba imposible entender las causas de las muertes.

Frente a ese vacío, la investigación se propuso construir el primer registro histórico de varamientos en la zona. La meta consistió en reunir dos décadas de observaciones sistemáticas y reportes ocasionales de vecinos y pescadores.

El estudio respondió, además, a un pedido concreto de organismos internacionales. La Comisión Ballenera Internacional definió al estuario del Río Negro como sitio prioritario para monitorear en 2016. Por eso, cada nuevo dato adquiere un valor especial para la ciencia y la gestión ambiental.

Para reunir los datos, combinaron caminatas con reportes de vecinos, guardacostas y pescadores (Fundación Cethus)

Recorridos


Desde 2003, Mauricio Failla, uno de los coautores, y colaboradores empezaron a caminar la costa del estuario en busca de animales varados, vivos o muertos. Entre 2003 y 2014 recorrieron doce kilómetros por mes a pie, un método llamado monitoreo sistemático.

A esos datos se sumaron llamados de guardacostas, pescadores y vecinos, una vía conocida como registro oportunista. Cuando el cuerpo lo permitía, los especialistas tomaron medidas, fotografías y muestras para estudios genéticos y patológicos.

La investigación confirmó 34 varamientos entre 2003 y 2023, con picos en 2014 y 2020. La primavera y el invierno concentraron la mayoría de los casos, mientras que el otoño registró la menor cantidad.

De los ejemplares con sexo identificado, el 71 por ciento fueron hembras. Las hembras midieron entre 64 y 155 centímetros, y los machos entre 70 y 138 centímetros, una diferencia típica de la especie.

Cinco delfines varados eran crías recién nacidas, tres de ellas liberadas con vida. Ese dato confirma que el estuario funciona como zona de cría, un lugar donde las madres dan a luz y amamantan a sus crías.

Las necropsias revelaron la presencia de neumonía, tuberculosis y otras infecciones, aunque los científicos aclararon que no fue posible confirmar si fueron la causa directa de la muerte. Once delfines mostraron marcas de redes o líneas de pesca, entre ellas la primera captura registrada de enredo en líneas de pesca deportiva.

Para Iñíguez Bessega, cada hallazgo fortalece los planes de protección que ya existen para la franciscana. «Sirven para fortalecer estos planes nacionales e internacionales», afirmó.

Los investigadores remarcaron que la veda de redes agalleras, vigente entre noviembre y marzo en Balneario El Cóndor, protege de forma indirecta a la especie durante su temporada reproductiva. Aun así, recomendaron mantener esa restricción y ampliar los estudios sobre captura incidental. Plantearon, además, la necesidad de crear una futura área protegida en el estuario.

El estuario del Río Negro guarda todavía muchos secretos sobre uno de los mamíferos marinos más vulnerables de Sudamérica. Cada delfín varado, vivo o muerto, suma una pieza al rompecabezas de su supervivencia.

Recomiendan mantener las restricciones vigentes e impulsar la creación de un área protegida (Fundación Cethus)

Los secretos y las amenazas que acechan al cetáceo en mayor riesgo de Sudamérica


El delfín franciscana fue descrito por primera vez para la ciencia en 1844 por los zoólogos franceses Paul Gervais y Alcide d’Orbigny. Su hábitat se limita de forma exclusiva a las aguas costeras poco profundas del Atlántico Sudoccidental.

Esta especie habita únicamente en la franja marina que se extiende desde el sudeste de Brasil hasta el golfo San Matías, en la Patagonia argentina, frecuentando zonas de estuarios y bahías.

Para alimentarse, este mamífero marino busca presas cerca del fondo del mar al usar sus delgados dientes. Su dieta está compuesta principalmente por peces pequeños —como la corvina blanca—, aunque también suele consumir calamares, pulpos y crustáceos como los camarones que encuentra en su entorno.

A diferencia de otros cetáceos, la franciscana no realiza migraciones estacionales a larga distancia. Los estudios científicos revelan que sus poblaciones prefieren mantenerse en áreas reducidas y fijas. Es decir, tiene un comportamiento sedentario a lo largo de todo el año en sus zonas habituales.

Lamentablemente, la captura incidental en redes de pesca representa hoy su principal amenaza de extinción. A este grave problema se le suman los enredos con líneas deportivas, la ingesta accidental de plásticos y la contaminación química de las costas donde habita.


El delfín franciscana debe su nombre al color pardo de su piel, parecido al hábito de los frailes franciscanos. Vive en las aguas costeras del Atlántico Sudoccidental, desde Brasil hasta el golfo San Matías. En el estuario del Río Negro habita una población que los científicos recién empiezan a conocer a fondo.

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