Cipoleños, aturdidos por motos y autos 'tuercas'

El Concejo Deliberante se ha visto obligado a considerar la sanción de una norma que proteja contra este otro tipo de contaminación sonora, que se suma a la de los 'boliches'nocturnos.

CIPOLLETTI – Si bien el municipio local cuenta con una ordenanza que reglamenta los niveles sonoros en los «locales cerrados con fines de diversión ya sea comerciales o de cualquier índole», aún no tiene una normativa para evitar los ruidos molestos que ocasionan los escapes de las motos o automóviles.

Ayer varios vecinos manifestaron su malestar por este otro tipo de contaminación sonora ambiental. «Todos tenemos derecho al descanso», expresaron los cipoleños consultados.

Como las quejas han sido constantes en estos días -especialmente de vecinos de la zona céntrica que dicen sobresaltarse con el «rugido» de las motos de enduro-, el presidente del Concejo Deliberante, Fabián Gatti, anunció que se proyecta sancionar una ordenanza para regular también los ruidos molestos de las motos y los vehículos.

«Hay que regularlo. El que quiera andar en moto tiene derecho a hacerlo pero no por eso tiene que molestar a los demás. La idea es generar un proyecto que determine el nivel de ruido permitido para andar en la ciudad, ya sea de automotores o motos», manifestó.

Por lo pronto, al menos, la secretaría de Administración General de la Municipalidad recordó que no se pueden emitir sonidos de muchos decibeles en confiterías bailables y que la ordenanza reglamenta la inspección «habitual y sorpresiva» de locales habilitados o autorizados para esta actividad. Hay una penalización establecida por las contravenciones a esta norma que «permite disminuir, controlar y preservar la salud de la población».

Según reveló una fuente municipal, los inspectores cuentan con decibelímetros para hacer las inspecciones en los distintos locales.

Generalmente salen los viernes y sábados a controlar «el nivel sonoro».

La ley municipal prohíbe «emitir sonidos que alcancen a las personas con niveles mayores a los 85 decibeles estandarizados y que a 50 cm de las paredes exteriores supere los 5 decibeles el nivel de sonido habitual».

Para la puesta en marcha de la ordenanza se tuvo en cuenta la experiencia de los médicos laboralistas, que demuestra que gran parte de los jóvenes que acceden por primera vez a un trabajo sin haber estado nunca expuestos a ruidos industriales, presentan alta incidencia de hipoacusias neurosensoriales (trauma acústico). Esta afección en la salud se debe a los altos niveles sonoros, siendo por lo menos una de las fuentes detectables el exceso de presión sonora que reciben en los locales bailables y disquerías.

La ley 19587 y su decreto reglamentario 351/79 determinaron los máximos niveles sonoros para la industria. La superintendencia de Administración de Riesgos de Trabajo, establece un nivel máximo de exposición igual al mencionado en la ordenanza municipal, es decir, 85 decibeles.

Además precisa que las personas que desarrollen trabajos en lugares con estos niveles de sonido, deben utilizar obligatoriamente elementos de protección personal.

«Otro de los motivos por los cuales se considera importante recordar la vigencia de la ordenanza tiene que ver con los altos niveles sonoros emitidos por los locales antedichos que son causa frecuente y habitual de molestias a los vecinos, produciendo contaminación sonora ambiental», se informó desde el municipio.


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