Cirugía Blumberg

Redacción

Por Redacción

No estaría mal empezar de nuevo. Hacer borrón y cuenta nueva. Eso, más que complicado, se presume imposible. Sin embargo, con el grado de descomposición que está sufriendo la sociedad -con gobernantes, legisladores, jueces y policías que, como mínimo, se muestran inoperantes para neutralizar el latrocinio y los asesinatos y estaban acovachados ante el hartazgo general-, algún principio habrá que sentar, aun dudando de todo, incluso de la idea, cada vez más manifiesta, del presidente Néstor Kirchner, de encarar una etapa refundacional.

El vértigo de los acontecimientos de los últimos diez días se pareció a un rombo que fue transitando por el polémico lanzamiento del Museo de la Memoria en la Escuela de Mecánica de la Armada donde había funcionado en la dictadura un gigantesco centro clandestino de detención; por la eclosión en el Congreso del Partido Justicialista, donde sobrevolaron en forma verbal los enfrentamientos armados de la década del '70 y se alumbró una conducción que nació sin oxígeno; por las restricciones energéticas y el enfrentamiento entre el Poder Ejecutivo y las empresas privatizadas que controlan suministros básicos; y por el tiro de gracia a 50 años de régimen feudal en Santiago del Estero.

El revulsivo no podía ser mayor hasta que el secuestro seguido de muerte del joven de 23 años Axel Blumberg, encontró en su padre, el ingeniero Juan Carlos Blumberg, un conductor espontáneo, sin ataduras políticas, de un sentimiento que se viene incubando desde hace tiempo: la intolerancia, en defensa propia, ante la ola de inseguridad que sega vidas humanas.

Lo que le pasó a Axel fue el detonante, pues los casos aberrantes se suceden continuamente y afecta a a todos los estratos. En esta oportunidad, tronchó a una familia acomodada de clase media que tuvo la valentía de encarar una cruzada que fue acompañada por cientos de miles de personas en la calle.

Ni los partidos políticos, ni las organizaciones no gubernamentales, ni los piqueteros. El paso al frente lo dio un padre que perdió a su único hijo y encaró un reclamo que deberá tener respuestas concretas, si es que se quiere prevenir un estallido popular.

El debate no tan añejo entre garantistas y no garantistas quedó sepultado ante la prédica de Blumberg: exigió que los funcionarios trabajen para la comunidad y no para los delincuentes, a través de medidas «chiquitas y muy simples» que permitan «trabajar, circular, disfrutar».

Dos obsesivos están en el ojo de la tormenta. El presidente Kirchner que, con gran aceptación en las encuestas, aplica la lógica de la «destrucción-construcción» , y el gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, quien reconoció haber fracasado, pero al mismo tiempo, en su movimiento descendente, dijo que las autoridades nacionales también son responsables de la ineficacia del Estado en el combate contra los marginales armados.

Kirchner y Solá pertenecen a un mismo movimiento y se han apoyado mutuamente. Pero no confían el uno en el otro. El patagónico le reprocha falta de decisión al bonaerense para llegar hasta el hueso, y éste se queja del aislamiento al que es sometido, en un juego de pinzas, por la Rosada y el duhaldismo que territorialmente se siente dueño de la provincia.

Alguien con agallas, que represente el petitorio elaborado por Blumberg, debería hacerse cargo de la «maldita» policía de Buenos Aires, que tiene a más de la mitad de sus efectivos (más bien inefectivos) bajo sumarios internos. Circuló el nombre de León Arslanián, quien en el '99 vio frustrada su reforma, por la oposición que le levantó Carlos Ruckauf y su emblema inútil de «mano dura y balas».

Pero Arslanián se mostró esquivo y, el viernes, el ministro Aníbal Fernández le confió a uno de los miembros del equipo que encabezado por el ex fiscal Pablo Lanusse, interviene en Santiago del Estero (donde fueron detenidos Carlos Juárez y la ex gobernadora «Nina» Aragonés), que si el Presidente se lo pide, tomaría la brasa ardiente que es la Seguridad en el principal distrito del país.

No faltaron las críticas para Solá. «Puso a un veterinario (por Raúl Rivara), ahora a una maestra de primaria (por Graciela Giannettasio), por lo menos hubiese elegido un bombero», se le escapó al senador Miguel Pichetto. Este es autor de un proyecto para crear una fuerza especial de lucha contra delitos complejos, entre ellos el secuestro extorsivo, el robo de autos y bancos y el tráfico de droga. Igual que el ministro Gustavo Beliz, quien directamente aboga por la disolución de la policía de Buenos Aires, el rionegrino elaboró un diseño de fuerza especial con los mejores agentes (menores de 30 años, federales, provinciales, prefectos y gendarmes), al estilo del FBI. Deberían sumarse también fiscales experimentados y la SIDE.

A Pichetto tampoco nadie le ofreció nada, pero un confidente reveló que está dispuesto a ser el médico enérgico llamado a intervenir «en este escenario envenenado».

Nación está dispuesta a destinar más presupuesto para encarar otra purga y reformas. No hay espacios para las distracciones: es sabido que en algunos municipios se tolera el juego clandestino y la prostitución, entre otros ilícitos y el presidente Kirchner hasta tiene datos acerca de una asociación entre federales y provinciales para hacer funcionar «zonas liberadas».

El ex comisario Mario Naldi, se deslizó en el peronismo que hace de cirujano, sería uno de los mentores de los secuestros, para lo cual requeriría logística e inteligencia policial. El colmo es que Naldi es dueño de una agencia que negocia en casos de secuestros.

«La policía bonaerense está contaminada desde la escuela», sostienen fuentes justicialistas que se disponen a dar el zarpazo con «una política de seguridad firme y dura que no es incompatible con la defensa de los derechos humanos», en sintonía con lo expuesto por Blumberg, el jueves, desde las escalinatas del Congreso.

No todo lo nuevo es bueno, ni todo lo viejo es malo. De la mixtura, con extremos muy visibles que se contradicen entre sí, debería salir una síntesis superior. Hoy se sobrevive en medio de zozobras permanentes, con remansos cada vez más espaciados.

 

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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