Conjeturas
Si bien perdió, Quiroga gobierna el distrito más importante de la provincia, el que acumula la mitad del electorado.
HÉCTOR MAURIÑO Vasco@rionegro.com.ar
Aunque todavía resulte demasiado prematuro hacer conjeturas sobre el escenario del 2015 porque faltan dos años y en la política argentina eso equivale a una eternidad, el resultado de las elecciones de octubre pasado ha dejado a Ramón Rioseco, el intendente de Cutral Co, como uno de los precandidatos mejor posicionados en la puja interna del conglomerado kirchnerista por la gobernación. Después de perder en las PASO, Rioseco armó su propia estrategia para las elecciones legislativas. Jugó su figura en los afiches y visitó casa por casa para pedir a los vecinos un voto de confianza en el proyecto nacional que –dijo y dice– tanto lo ha ayudado en su gestión. Y por lo visto la gente decidió darle ese respaldo, porque el líder del Frente y la Participación Neuquina –así se llama el pequeño partido con el que está armando su proyecto de poder– no sólo remontó el mal resultado de la elección anterior sino que fue el único que, en su territorio, logró torcerle el brazo al cómodo ganador, el gremialista del MPN con aspiraciones de líder político de esa fuerza, Guillermo Pereyra. La presidenta de la Nación ya le ha dedicado en un par de oportunidades una parrafada al “intendente piquetero” de Cutral Co, el que en el 2009 se jugó por los K con una candidatura testimonial, y seguramente lo volverá a hacer ahora que Rioseco puso lo suyo para ayudarla a conservar la mayoría en las cámaras y la gobernabilidad en su gestión. Precisamente, en una entrevista que se publica hoy en este diario, Rioseco dio prácticamente por descontado el apoyo del gobierno nacional a su postulación en el 2015, aunque admitió que el candidato del Frente para la Victoria debería salir de una interna. También expresó su vocación frentista, al señalar que hay que convocar a todos los sectores. Y, más aún, cuando se le preguntó si eso incluía a su par de Neuquén, el líder de Nuevo Compromiso Neuquino, Horacio Quiroga, sin mencionarlo dejó sentado que (en la oposición) “no nos podemos mentir: si no nos juntamos no ganamos”. A diferencia de Rioseco, Quiroga viene de perder la elección legislativa, en la que él también jugó su propia figura sin cosechar el resultado esperado. Ese revés no implica que el intendente neuquino no siga siendo acaso el político mejor posicionado para enfrentar en el 2015 a Pereyra o a quien sea el candidato del MPN si el gobernador Jorge Sapag logra, a pesar de las dificultades actuales, remontar el bache e imponer un delfín. Después de todo, “Pechi” gobierna el distrito más importante de la provincia, el que acumula la mitad o más del electorado neuquino, y, si bien se podría decir que su flanco débil es el interior de la provincia, el de Rioseco por contrapartida es claramente la capital. No por nada Quiroga admitió alguna vez, aunque de manera informal, que “en parte yo tengo lo que él no tiene y él tiene lo que no tengo”. Así, si bien lo que sigue está tan lejos en el tiempo político que equivale a incursionar en la ciencia ficción, las posibilidades de que Quiroga y Rioseco se pongan de acuerdo para enfrentar al candidato del MPN no son pocas. Quiroga y Rioseco tienen lecturas ideológicas disímiles y aun opuestas; ambos son personalistas y trabajan para construir su propio proyecto de poder, pero los dos también son pragmáticos y han demostrado que no eluden las alianzas cuando creen que pueden aportarles agua para su molino. De hecho ya han sido aliados antes y, como advierte ahora el propio Rioseco, “no nos cuesta acercarnos a ningún sector, ni a Quiroga ni a la izquierda, porque queremos una sociedad mejor y Quiroga y la izquierda también”. El tiempo dirá sobre lo acertado o erróneo de estas especulaciones. Entretanto, Rioseco ha intentado describir la coyuntura actual señalando que “el fenómeno Pereyra cambió el escenario político en Neuquén” y también que, por eso mismo, “en el corazón del MPN hay una cierta desorientación respecto de para dónde va, quién es y a quién representa” el victorioso líder petrolero. En cierta medida no le falta razón si se tiene en cuenta que el “Caballo” irrumpió de la manera menos pensada en el escenario político neuquino. Su figura, atada más que nada a la experiencia gremial, fue vista hasta hace muy poco sólo como una suerte de condimento de los gobiernos emepenistas, como un poder independiente pero accesorio y tributario de los grandes líderes, Felipe Sapag, Pedro Salvatori, Jorge Sobisch, Jorge Sapag. Pero ahora, por obra y gracia de un insondable caprichito, el “Caballo” quiere, por qué no, ser él mismo gobernador y, cuando todos le otorgaban a esa patriada pocas chances, parece que se está dando el gusto. No obstante, esta irrupción ha sido tan inesperada y rauda como un rayo en una tarde serena. De ahí que, como señala el intendente cutralquense, algunos emepenistas y sobre todo ciertos independientes, que votan consuetudinariamente al MPN para seguir beneficiándose del statu quo, estén un tanto desorientados respecto de lo que les deparará el futuro. En ese tren de cosas es lógico que se interroguen sobre si lo más conveniente es Pereyra, con todas las incógnitas que su figura conlleva, o más Sapag, sea puro o diluido bajo la forma de un heredero. Y en la hipótesis lejana de que el candidato del MPN fuera finalmente Pereyra y la oposición lograra una fórmula de unidad como la que se insinúa en los discursos, habría que ver qué pesa más en la decisión de ese electorado independiente.