Cuando el arte es reivindicado

El Louvre, antiguo palacio de reyes, construido en 1204, escenario de grandes decisiones a lo largo de los siglos, devenido en museo desde 1791, y en el que habitan las más grandes colecciones públicas del mundo, presenta desde el mes pasado una megamuestra titulada "Las artes primeras". Las obras de las etnias de Oceanía, Africa, Asia y las Américas yacen en las grandes salas marmoladas con una dignidad que enmudece a cualquiera. Los pueblos se manifiestan a través de su arte. La reivindicación está en cada máscara, en cada arma, y habla de un pasado que se resistió a los barcos.

PARIS (Especial).- El año pasado fue catastrófico para los museos parisinos. Debieron sortear días de huelgas de su personal; trabajos de remodelación que comenzaron hacia fines del «98 y que continuaron durante el «99; algunos fueron víctimas de robos, y otros, hasta amenazados de bomba. De esto último, por suerte, nada hablaron los diarios. Falsa alarma.

El 2000 arrancó como se esperaba en cuanto a materia turística en la ciudad. Desde las fiestas de fin de año hasta la fecha, ya pasaron unos cuantos de los millones de turistas que se esperan a lo largo de este comienzo de siglo. La ciudad invirtió varios francos en obras públicas que aún no cesan, causando serios inconvenientes en la rutina de los habitantes.

Lejos de los puntos turísticos, o entre ellos, la verdad de la baguette es que los franceses no ven las horas de que el programa «París 2000» termine de una vez por todas. Recordemos que este ciclo incluyo desde su inicio, a principios del 99, además de espectáculos, una serie de remodelaciones y refacciones en todos los monumentos y servicios públicos que tiene la ciudad (había que abrir la casa al mundo de la mejor manera, sin dejar detalles).

La eterna disyuntiva, entonces, sigue a la orden del día: renegar por los turistas, y al mismo tiempo, agradecer de que sigan llegando.

Aunque muchos crean que la calidad turística no pasa por la cantidad de personas que arriban cada mes, sino por las divisas que traen, lo cierto es que el debate se abre cada vez que afloran los temas que conciernen a los espacios que ocupan en común las «visitas» y «los dueños de casa».

Volviendo a los museos, hace unos días atrás, un grupo de señoras muy aseñoradas pedía por radio que «las exposiciones de arte venideras fueran montadas en ciudades aledañas a París, donde los turistas no tienen tanto acceso». Argumentaron que «se torna imposible ver tranquilas las muestras, debido a la cantidad de gente que pasa, sin apreciar verdaderamente lo que tiene en frente». Obviamente que ante tal requisitoria, las visitas nunca salieron a defenderse. ¿Quién vendría a París a debatir si la Gioconda merece estar en la pequeña villa de Dauville, o en la pared cuarta del segundo subsuelo del cuerpo tercero del módulo dos del Louvre?

En lo que sí se ven involucrados los «foráneos» es en los paros que, si bien disminuyeron con respecto a los que hubo el año pasado, continúan realizando los empleados del Louvre, por ejemplo. Algunos de los motivos en los que se fundan las medidas de fuerza tienen que ver conque muchos de los guías que allí trabajan no perciben un salario suficiente al título que poseen, y que los habilita para estar frente a la no poca responsabilidad de saber sobre todos los períodos del arte. Otra, y esta afecta al grueso de la masa trabajadora de Francia, es que el gobierno piensa reducir la carga horaria semanal, y así justificar el recorte salarial. Hasta el momento, París es una ciudad cara para los turistas, ya que el nivel de vida de los franceses permanece correlativo con los sueldos.

Pero de aprobarse el recorte de la jornada laboral y por consecuencia, el salarial, muchos de sus placeres quedaran relegados para una minoría, historia ya conocida en los países subdesarrollados.

Oscar Sarhan


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