Dar el salto
Por Arnaldo Paganetti
Se siguen registrando hechos insólitos en la Argentina, el país donde se arroja una semilla al viento y la tierra responde con generosidad dando un zapallo de 40 kilos o una sandía de casi 50. A nueve semanas de las presidenciales, no hay clima electoral nacional.
Con un trasfondo social agitado, y con los viejos actores políticos atados al escenario, hay «divertimentos» para todos los gustos.
* En la capital federal, los justicialistas amparados por Daniel Scioli van hoy alegres a las urnas para armar listas de futuros parlamentarios. La difusa propaganda callejera promueve para presidente del PJ porteño a Miguel Angel Toma, cuya cabeza como titular de la SIDE fue pedida sin éxito por el candidato del oficialismo Néstor Kirchner.
* Dos fueron las personas que más festejaron tras el bochornoso triunfo de Leopoldo Moreau en el prácticamente liquidado radicalismo, Leopoldo Moreau. Son los ex afiliados Ricardo López Murphy y Elisa Carrió que suponen que la desgracia ajena podría acarrear agua para sus molinos.
* El peronismo, sin poder utilizar sus emblemas en principio, presenta tres divisiones en apariencia inconciliables. Eso le hizo decir a Carlos Reutemann – el preferido del establishment que optó por apartarse de la contienda con los duros especímenes de su partido -, que pobre será el destino del país si no se permite el juego democrático.
Todo parece estar al alcance del salto que nunca se termina de dar. Tras los episodios del 20 de diciembre de 2001 – que culminaron con la salida anticipada de Fernando De la Rúa y el clamor imposible para «que se vayan todos» -, la situación se reacomodó. Al punto que surgieron sectores nacionales que apuestan entusiasmados a la producción y al incremento de las exportaciones. Los organismos de créditos internacionales e inversores, si bien mantienen cerrados con candados sus arcas, aflojaron la presión para permitir que una nueva administración, legitimada con el voto popular, ofrezca reglas confiables y estables y repare el puente semicortado con el mundo.
La tarea no será sencilla. Ya no hay bipartidismo en la Argentina. Las ofertas para el 27 de abril abren la expectativa acerca de un voto racional y positivo, por más que las discusiones circulen por la irracionalidad y la negatividad de las cualidades nacionales.
El viernes por la tarde, se escuchó éste diálogo en la Casa Rosada, entre dos funcionarios que no tienen una visión unívoca acerca de Kirchner, Menem y Rodríguez Saá.
– Ya no hay margen, hay que cumplir con lo que se prometa en la campaña, dijo uno de ellos.
– Pero si no dicen nada, sólo generalidades, le respondió el otro.
Es tal el cuadro de agitación que se vive en el Justicialismo dominante de las estructuras de poder, que el dirigente Ricardo López Murphy se preocupó en grado sumo. Considera que el desbarajuste puede dañar gobernabilidad. Por estas horas está decidiendo si promueve un documento para garantizar las instituciones. A la primera que le solicitará la firma será a «Lilita» Carrió, lo que hace especular acerca de un entendimiento más amplio, aún en borrajas.
Sin embargo, hay un dato curioso: «Lilita» está asociada al dirigente conservador mendocino Gutiérrez y lo promueve para diferentes funciones. Pero Gutiérrez milita en el Partido Demócrata que preside Carlos Balter, y éste conduce la campaña de López Murphy. La partición de los esfuerzos, en un ambiente donde se respira un voto vergonzante a favor de Menem, termina por descorazonar a las personas que preferirían un cambio y no la calesita con la sortija mayor para el Justicialismo.
En el peronismo se transpira pragmatismo. Se observa cuando el comisario Luis Patti, el candidato a gobernador del menemismo en Buenos Aires, le recomendó al jefe «limpiar» el entorno si es que quiere ganar.
Duhalde, cuyo objetivo es «succionar» con la aspiradora directamente a Menem, usa los resortes del tesoro para tratar de disciplinar a los gobernadores detrás de Kirchner. La provincia de Buenos Aires a través de Felipe Solá, formó un bloque con el patagónico, aunque hay duhaldistas que resisten esa conducción y por lo menos le hacen un guiño cómplice a Menem, en tanto el panorama siga tan oscuro.
Un «intocable» como Reutemann se quejó de los «aprietes» y el cordobés José Manuel De la Sota esquivó las definiciones. Nadie pierde los reflejos: Rodríguez Saá apuesta a la base, Menem dice lo que la olvidadiza gente quiere escuchar y Duhalde elabora un cerrojo para, se de el resultado que se de, él siga teniendo «mucho peso político» después del 25 de mayo.
Y Chiche? Es la dama que circula por todo el tablero. Las condiciones puestas por Roberto Lavagna, la estrella del «veranito», no facilitaron hasta ahora su entronización en la fórmula. Y el crecimiento de Scioli en la ciudad de Buenos Aires, desaconseja su salida de este distrito, donde anida una centro izquierda rosa y antimenemista.
Si Kirchner no trepa en las encuestas, Duhalde está dispuesto a echar el resto. «Chiche», que en su cruzada contra Menem, no acepta ser llamada «la esposa de», hoy está barriendo posiciones y evalúa seriamente ponerse al lado de Kirchner. Mucho tiempo no queda, apura el fiel José Pampuro.
Arnaldo Paganetti
arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
Se siguen registrando hechos insólitos en la Argentina, el país donde se arroja una semilla al viento y la tierra responde con generosidad dando un zapallo de 40 kilos o una sandía de casi 50. A nueve semanas de las presidenciales, no hay clima electoral nacional.
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