De la Rúa en el banquillo: “cara de nada”

En la segunda jornada del proceso por las coimas en el Senado, el ex presidente Fernando de la Rúa (1999-2001) luce imperturbable. El perfil de un hombre que se preparó durante más de 30 años para llegar a la Rosada. Por el periodista Carlos Alberto Torrengo.

Redacción

Por Redacción

JUICIO POR LAS COIMAS EN EL SENADO

Imperturbable. Sin ni siquiera atisbo del más mínimo gesto. Cara entrenada. Producida impecablemente. Tan impecable como la que suele lucir Dustin Hoffman en cine. Manos extendidas sobre la mesa. Postura que quizá le llegó por cuna familiar. Pero que sin duda incorporó definidamente hace más de 60 años cuando ingresó al Liceo Militar General Paz, de Córdoba. Y del cual egresó cinco años más tarde como subteniente de reserva en el arma de infantería.

Solo el mundo de la realeza supera al mundo militar a la hora de definir gestualidades y posturas físicas…Que cuando se está de pie los brazos deben colgar sin tensión; que la mirada directa y sin dispersión; que la sonrisa no se concede fácilmente; que si hay bigotes nada de Pancho Villa, nada de que bajen más allá de la comisura de los labios; que hay que ajustarse las mangas de tanto en tanto si es que los puños de la camisa se asoman desmedidamente; que hablar poco, escuchar más; que los cubiertos deben venir a la boca y no la boca a los cubiertos; que al pararse siempre hay que tomar la silla con una mano y de espalda, para alejarla; y muchos más qué…

Sí, seguramente Fernando De la Rúa sabe del Conde Chizkoff. Incluso quizá lo conoció en sus tiempos de adolescencia en el liceo. Y si no fue así, supo de la existencia de ese centro europeo cuyos manuales de urbanidad formaron y siguen formando a quienes pasan por las academias militares argentinas.

Ahora, Fernando De la Rúa está sentado en calidad de acusado de coimero. Las coimas en el Senado.

Siempre flanqueado por sus abogados. La elegante Valeria Corbacho y Jorge Kirszembaum, expresidente de la AMIA.

A una semana de iniciado el juicio, Fernando De la Rúa mantiene un liderazgo forjado con tenacidad de liceísta: es el primero de los acusados en ingresar a la sala. Siempre de traje de distintas tonalidades en la gama del gris. Si lo hay, es imperceptible, pero no parece tener un gramo de más en su peso en relación a aquel tórrido y sangriento diciembre del 2001 en que abandonó un poder que ya no lo había abandonado.

Patético final para un hombre que se preparó durante más de 30 años para llegar a la Rosada. Con paciencia. Con tenacidad de burócrata de la política. Con silencios que siempre sembraron sospechas sobre sus ideas. Nada en él de su revoltoso correligionario Hipólito Irigoyen. Tampoco de la contagiosa tenacidad de Raúl Alfonsín.

Pero el Fernando De la Rúa que fue el único político argentino que derrotó electoralmente a Juan Perón en momentos rutilantes del poder de éste. Fue en aquella primavera de la tensa argentina del ´73. Y fue en un espacio electoral cuya veleidades no hacen sin embargo mayores concesiones al peronismo. Y fue por una banca en el Senado de la Nación que Fernando De la Rúa derrotó al caballo del comisario: el nacionalista Marcelo Sánchez Sorondo

Pero ahora, el banquillo.

Sí, sus ojos parecen haberse hundido. Y por debajo de ellos sus mejillas lucen muy blancas. También sus bolsas.

Con “cara de nada”. Así asume el juicio Fernando De la Rúa. Inocente o culpable, seguramente sabe de una realidad; su vida pública linda con el final.

Carlos Alberto Torrengo


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