De “mal necesario” a objeto de diseño
Por Stephanie Hoenig DPA Durante mucho tiempo las calefacciones fueron un mal necesario que arruinaba la estética de una habitación con su feo aspecto. Pero en la actualidad los artistas experimentan con materiales poco comunes y superficies de colores, de modo de que estos aparatos se han vuelto un atractivo del hogar. En el pasado, se buscaba esconder las grandes estufas en nichos bajo las ventanas. Hoy en cambio, los aparatos se presentan visibles y como un objeto decorativo. El cambio empezó en los baños. “Hoy en día en ningún baño se ponen las calefacciones tradicionales”, afirma Jens Wischmann, de una asociación de fabricantes de sanitarios en Bonn. El modelo más habitual lleva caños horizontales que sirven para secar las toallas. Y no necesariamente en blanco, sino que hay firmas como Zehnder que los presentan en un naranja intenso o un rosa llamativo. Incluso el espejo del baño puede ser una calefacción. “La ventaja es que el espejo no se empaña y que en los baños pequeños no hace falta espacio para una estufa”, afirma Ralph Dalli, del fabricante Saint Gobain. Además puede llevar incluido un toallero. Otra alternativa son las calefacciones de vidrio de colores o con motivos personales como fotos impresas en la superficie, que parecen más un cuadro que una estufa. Y cuestan menos que los sistemas con circuitos de agua caliente, explica André Hädicke, del fabricante Frontglass. Estos calefactores funcionan con electricidad y se conectan en un enchufe normal. “Para los más exigentes, algunos fabricantes ofrecen incluso calefactores diseñados por artistas”, señala Frank Ebisch, de la Asociación Central de Sanitarios, Calefacciones y Aires Acondicionados (SHK). En la empresa alemana Bemm se los produce en ediciones limitadas o pintados a mano en piezas únicas con la firma del artista. El fabricante explica que el material es una piedra natural del Pirineo que se pinta y se trabaja luego en el taller. Los radiadores se calientan por el cobre en los modelos con circuito de agua caliente o con cables eléctricos que se introducen en la piedra. El arquitecto berlinés Max Kant ha desarrollado estufas de cemento que se conectan a la red eléctrica pero que también se adaptan a los sistemas de circuito de agua caliente. Las calefacciones con formas rectangulares o cuadradas se fabrican en cemento común y se pueden pintar de colores. Funcionan igual que un horno de cerámica y emiten calor en oleadas. Kant recomienda cuidado al elegir una calefacción. “Uno se harta de los colores muy intensos u otros modelos extravagantes”, indica. Una posibilidad es recubrir los aparatos de toda la vida para embellecerlos, y además la cobertura puede ir cambiando. “Quien no quiera hacerlo con sus propias manos, puede encargar un recubrimiento de vidrio”, afirma Katja Steinhauser, del fabricante Sprinz. Se trata de placas en las que se pueden imprimir los motivos que se quiera. Una opción que se puede fabricar en casa son unas puertas de madera que se aferren a la pared en los bordes del nicho donde está el radiador. Como la circulación del aire es muy importante para que una calefacción funcione, los recubrimientos tienen que tener rejillas. Tampoco se debe tapar el termostato, porque de lo contrario el calor no se expande, sino que se queda atrapado en el nicho de la pared.
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