“En un cerebro adolescente, la toma de decisiones no maduró”

Los avances en el campo de la neurociencia ha dado nuevos elementos para quienes proponen no adelantar la edad de responsabilidad penal de niños y adolescentes. Según las últimas investigaciones, hasta pasados los 20 años el cerebro de un joven-adolescente aún no ha terminado su desarrollo, en especial en aquellas zonas del lóbulo frontal que procesan la toma de decisiones, la evaluación de los riesgos y el control de los impulsos, según las últimas investigaciones.



Especialistas como Ezequiel Mercurio, Magister en Criminología y jefe de Departamento de Psiquiatría del Cuerpo de Peritos y Consultores Técnicos de la Defensoría General de la Nación, consideran necesario tomar en cuenta estos antecedentes a la hora de evaluar conductas de adolescentes y jóvenes que transgreden la ley. Revela que recientes investigaciones en el campo de la neurociencia y estudios de estadística criminal avalan la postura del Comité Internacional de los Derechos del Niño de no adelantar la edad de imputabilidad penal antes de los 15-ó 16 años, como pretenden algunos proyectos en nuestro país.

Pregunta: ¿ Qué dicen las últimas investigaciones científicas sobre el cerebro de niños y adolescentes y las conductas criminales o antisociales?

Respuesta: Lo que la neurociencia tiene para decir es que el cerebro humano no madura ni finaliza su crecimiento y desarrollo a los 18 años. Hoy se puede decir que el cerebro más o menos estaría completamente maduro en términos de estructura y funcionamiento bastante más allá de los 20. La evidencia disponible nos dice que las regiones más anteriores del cerebro, el lóbulo frontal, todavía no están suficientemente maduras a los 18.

P: ¿Y esto como influye en las conductas adolescentes?

R: Ninguna conducta humana se puede explicar únicamente en términos neurobiológicos, pero sabemos es que es característico de los jóvenes exponerse a situaciones de riesgo. Por ejemplo empiezan a experimentar con su sexualidad y entonces la tasa de embarazo adolescente en algunas regiones de Argentina es mucho más alta, puede experimentar con las sustancias como el alcohol o las drogas… La adolescencia implica una búsqueda de sensaciones y en esta búsqueda las conductas de riesgo son muy mucho más frecuentes que en otras etapas de la vida. Los jóvenes tienden a manejar los automóviles o las motocicletas de manera más temeraria y arriesgada, por eso los accidentes de todo tipo son más frecuentes en la adolescencia. Dentro de las conductas de riesgo estarían también involucradas las conductas antisociales. Los jóvenes no se comportan igual si están en compañía de sus pares o si están solos. Sabemos por estudios que los jóvenes que manejan un automóvil con pares conducen a más velocidad y hacen maniobras más riesgosas o temerarias que cuando conducen solos o en compañía de un adulto. También es más fuerte la impulsividad y el ser susceptible a la presión de sus pares.

P: ¿Eso implica que no son conscientes de sus actos?

R: No. No es que los jóvenes no puedan tomar decisiones o no saben tomar decisiones, sino que las toman de manera diferente de los adultos. Ellos habitualmente se focalizan en los beneficios a corto plazo, los priorizan por sobre las consecuencias en el largo plazo, todavía no tienen completamente desarrollada la capacidad para proyectarse y orientarse hacia el futuro.

P: ¿Y eso que consecuencias tiene en un proceso penal?

R: Eso explica el por qué los adolescentes no puede ser culpados igual que un adulto, los adolescentes se comporten de manera muy distinta y por eso hay un consenso muy grande en los sistemas de justicia en casi todo el mundo en juzgarlos de manera distinta. No es que no se los juzga, pero cuando hay que aplicar una pena se toma en cuenta esto. Estados Unidos, que permite la pena de muerte, la abolió para aquellos jóvenes que habían cometido sus delitos siendo menores de edad y también ha prohibido las penas de prisión perpetua.

P: ¿Cómo está nuestro país en esto?

R: El Comité de los Derechos del Niño dijo en 2019 que las edades mínimas para ingresar al sistema penal juvenil debían elevarse lo más cerca de los 15 ó 16 años. Argentina tiene una edad, 16, que frente al Comité de los Derechos del Niño es una edad mínima de responsabilidad penal que se adecua a esos estándares. Lo que hizo el comité es utilizar este argumento de la inmadurez para adoptar decisiones. La recomendación del Comité a aquellos países que las tienen más baja, entre 12 y 13, es subirla a lo más cerca de 14 ó 15.

P: En su charla mencionó el caso de Dinamarca, que bajó primero la edad de imputabilidad y después la volvió a subir…

R: En Dinamarca, que había bajado su edad de imputabilidad a los 14, hizo un estudio analizando ciertas variables para medir si lo que habían hecho fue beneficioso o no. Y vieron que no disminuía la delincuencia juvenil y que los jóvenes no se ven disuadidos de cometer delitos porque entren al sistema penal. Además se vio que este ingreso más temprano al sistema penal tenía consecuencias negativas en, por ejemplo, terminar la escuela o seguir sus proyectos de vida. Vieron que mientras más lejos del sistema penal mantenías al joven, por decirlo de alguna manera, era mejor. Esto no significa no hacer nada, sino realizar otras intervenciones. El objetivo es que haya menos delitos entre los jóvenes y que esos jóvenes después no reincidan. Se vio es que esos jóvenes que ingresaron al sistema penal tenían consecuencias más negativas y finalmente dieron marcha atrás y recomendaron penas alternativas o un tratamiento alternativo al del sistema penal.

P: Algo parecido al debate actual en Argentina…

R: En Argentina muchas personas creen que si un joven comete el mismo delito de un adulto como un homicidio se va a pasar la vida preso, y ninguna recomendación internacional va en ese sentido. Entonces la pena privativa de libertad está reservada para casos muy graves, severos y después hay otro tipo de programas que pueden sacar al joven del sistema del delito. Y se ve que los programas que incluyen educación, deportes, mantenerse alejado de grupos de pares antisociales y también del acceso a las armas, que incluyan sobre todo mantener a un joven en la escuela, con actividad culturales, dan buenos resultados.

P: ¿Hay estudios similares hechos en nuestro país?

R:Tenemos muy poca información estadística fiable. En nuestro caso, si bajamos hoy la edad mínima de responsabilidad penal, dentro de cinco años, ¿quién va a medir qué pasó con eso, si dio o no resultados? O sea cuántos de esos jóvenes que ingresaste reincidieron y compararlos con el modelo anterior. La pregunta que uno debería hacerse es ¿cuántos adolescentes menores de 16 años están involucrados en delitos graves, como robo con armas, homicidios, etcétera? ¿Cuál es el universo, a cuántos vamos a bajarle la edad mínima de responsabilidad penal? ¿Son cientos de jóvenes, miles o una veintena? Hoy no podemos responder a esta pregunta de forma científica.


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