Exclusivo Suscriptores

Antropoceno, el mundo acelerado por la actividad humana

Científicos señalan que el hombre terminó con la estabilidad del Holoceno, que comenzó hace 11.700 años, tras la última glaciación. El calentamiento global y sistemas de soporte vital que fallan son sus características. Pero hay otros que discrepan.

Redacción

Por Marlowe Hood Daniel Lawler

¿El ser humano dejó ya una huella geológica indeleble en el planeta? Un grupo de científicos, que investiga el tema desde 2009, llegó a esa conclusión e indicó el martes que el lugar que mejor ilustra esa transformación, definida como la época del Antropoceno es el lago Crawford, cerca de la ciudad canadiense de Toronto. Esta pequeña reserva de agua dulce contiene sedimentos con restos de microplásticos, cenizas depositadas por la combustión de petróleo y carbón durante décadas e incluso rastros de lejanas explosiones nucleares, según el Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno.

Los integrantes del grupo, básicamente geólogos, señalaron que , en su opinión, la actividad humana ha llevado al planeta a abandonar la estabilidad de la época del Holoceno, que comenzó hace 11.700 años, cuando terminó la última glaciación.

Esta nueva época se anuncia en principio poco entusiasmante, pues habla de un mundo que se está calentando, con sistemas de soporte vital que están fallando.

El concepto de “época de los humanos” fue propuesto por primera vez en 2002 por el Nobel de Química Paul Crutzen, que estimó que podía aplicarse desde mediados del siglo XX. Coincide con el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero, la contaminación por microplásticos, los residuos radiactivos de los ensayos nucleares y otra docena de marcadores de la creciente influencia de nuestra especie en el planeta.

Los científicos lo llaman la Gran Aceleración.

Ese fenómeno provoca a su vez sedimentos, detectables en el fondo de un lago, arrecifes de coral, núcleos de hielo o cualquier otro depósito geológico.

Los expertos han seleccionado nueve sitios, tres de los cuales estarían situados en China, Canadá y Japón.

El debate científico


Sin embargo, el anuncio no convierte al Antropoceno en una unidad de tiempo geológico oficial por el momento, ya que los geólogos de todo el mundo siguen examinando pruebas y debatiendo.

El fruto de la larga labor del grupo de científicos debe ser validado luego por un grupo de científicos en la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS) y finalmente por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS).

Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si la huella geológica de la humanidad merece una nueva entrada en la Carta Cronoestratigráfica Internacional, la línea de tiempo oficial del planeta, que se remonta a 4.500 millones de años.

Al mismo tiempo, confirmar el Antropoceno nos obligaría a reflexionar sobre el impacto de la humanidad en su entorno.

Crutzen, que ganó un Nobel por identificar las sustancias químicas creadas por el hombre que destruyen la capa protectora de ozono, esperaba que el concepto y la realidad del Antropoceno fuera un grito de alerta sobre los desafíos que se avecinan.

“Podría significar un cambio de paradigma en el pensamiento científico”, dijo en un simposio en 2011.

“Es el reconocimiento de que tenemos puntos de inflexión, de que el Holoceno es el único estado capaz de soportarnos”, dijo Johan Rockstrom, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático.

Otros científicos, sin embargo, siguen sin estar convencidos.

“Las condiciones que provocaron la glaciación (una docena de miniedades de hielo en el último millón de años) no han cambiado, por lo que podemos esperar que el Holoceno sea simplemente otra etapa interglacial”, considera Phil Gibbard, secretario de la UCI.

El planeta, a su juicio, podría continuar bajo ese patrón durante otros 50 millones de años.

En cuanto al Antropoceno, Gibbard ha sugerido llamarlo un “evento” que cubre milenios de alteraciones humanas del medio ambiente.

En geología, señaló, un evento puede ser cualquier cosa, desde una gota de lluvia que perfora un trozo de arcilla hasta el Gran Evento de Oxidación que transformó la atmósfera de la Tierra hace unos 2.200 millones de años.

Para Jan Zalasiewicz, un geólogo oficial que aceptó el desafío de liderar el Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno, eso no es suficiente. La falta de ratificación formal del concepto, dijo, dejaría la impresión de que las condiciones del Holoceno que permitieron que floreciera la civilización humana todavía están presentes.

“Claramente no lo son”, dijo . “Me preocupa que la palabra ‘antropoceno’ continúe significando diferentes cosas para diferentes personas. Si es así, perderá su sentido y se desvanecerá”, comenta.

Las señales del cambio


Los científicos que trabajan desde hace más de una década sobre el Antropoceno escrutan las marcas que el ser humano ha dejado en el planeta, desde los ensayos nucleares hasta los microplásticos.

¿Hay algún lugar en el mundo que no haya sido impactado por la actividad humana?

Jan Zalasiewicz, un geólogo británico al frente del Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno, que entregará sus conclusiones este martes, hace una pausa antes de contestar.

Plutonio en la Antártida


“Es difícil pensar en un lugar más remoto” que el glaciar Pine Island en la Antártida, contesta .

Sin embargo, cuando los científicos perforaron en las profundidades del glaciar hace unos años, encontraron rastros de plutonio.

Son las huellas de los ensayos de armas nucleares que comenzaron en 1945.

Zalasiewicz dijo que estos radionúclidos representan quizás “la señal más clara” del comienzo de la época del Antropoceno, hacia mediados del siglo XX.

Pero “hay mucho donde elegir”, agrega.

El rápido aumento del dióxido de carbono y de gases de efecto invernadero que están calentando el mundo es otra prueba incriminatoria, según los científicos que defienden la denominación Antropoceno.

Muchas cosas cambiaron “una vez que los humanos desarrollaron la tecnología para extraer del suelo la luz solar fosilizada, en forma de petróleo, carbón y gas”, dijo Zalasiewicz.

El consumo de energía


Los humanos han consumido más energía desde 1950 que la que se utilizó en los 11.700 años anteriores, estiman los científicos del grupo de trabajo.

El suelo ha sido utilizado masivamente para alimentar a la Humanidad, al mismo tiempo que se creaban granjas de animales.

Los humanos y su ganado constituyen el 96% de la biomasa de todos los mamíferos terrestres del planeta y los mamíferos silvestres representan solo el 4%, calcularon los investigadores en 2018.

Los pollos de crianza representan dos tercios de la biomasa de todas las aves, explica Zalasiewicz.

Los humanos también desorganizaron la distribución de especies, introduciendo especies invasoras como las ratas incluso en las islas más remotas del Pacífico.

Tecnofósiles, productos químicos imperecederos

En 2020, los investigadores estimaron que la masa de todos los objetos construidos por humanos ya ha superado el peso de todos los seres vivos del planeta.

Los investigadores del Antropoceno bautizaron a estos objetos como “tecnofósiles”.

Las sucesivas generaciones de teléfonos móviles, que rápidamente se vuelven obsoletos, son solo un ejemplo de un tecnofósil que “será parte del registro del Antropoceno”, dice Zalasiewicz.

Se han detectado microplásticos en los picos más altos del planeta y en el fondo de los océanos más profundos.

Las sustancias llamadas PFAS o “productos químicos eternos”, creadas para fabricar productos como utensilios de cocina antiadherentes, se hallan igualmente desperdigados por todo el planeta.

Pesticidas, fertilizantes, niveles crecientes de nitrógeno o fósforo, incluso los esqueletos humanos enterrados: la lista de marcadores potenciales del Antropoceno es larga.

Los científicos aseguran que dentro de cientos de miles de años todos estos marcadores ofrecerán señales claras de nuestro paso por el planeta.

El paleontólogo británico Mark Williams, miembro del Grupo de Trabajo del Antropoceno, considera que la idea de una extinción masiva “está encima de la mesa”, opinión que comparten los climatólogos más alarmados.


Comentarios