Déficit
En el kirchnerismo, Ramón Rioseco emergió con peso propio al obtener la única, valiosa, victoria sobre Pereyra.
HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar
La alternancia es un condimento esencial del sistema democrático y si bien en Neuquén no se da entre las diferentes fuerzas políticas, porque el MPN gobierna desde hace 50 años con la sola interrupción de los golpes militares, se verifica frecuentemente en el seno del propio partido. Las elecciones del domingo pasado han terminado de modificar el escenario político de la provincia. No es algo que se haya gestado en las escasas horas que tomó la votación sino que responde a causas y fenómenos más lejanos a los que el resultado de los últimos comicios ha terminado de darles forma y color. Como no ocurría desde el 2007, el partido gobernante ha alumbrado una oposición interna que desafía al ‘modelo’ vigente desde hace seis años y pugna por abrirse paso de cara al 2015. No es algo nuevo en el MPN, pero sí en la era Sapag. Hasta ahora el sector emergente está empeñado en una puja descarnada por el poder, pero carece de un verdadero proyecto o algo que se le parezca. Se coloca de la vereda de enfrente del oficialismo porque desde algún lado tiene que partir para sumar a críticos y descontentos. Lo hace con una vertiginosidad que sólo se explica en un partido unido por intereses y pragmatismo más que por postulados político-ideológicos. Además de la fatalidad y de los ciclos, que existen en política como en todos los órdenes, este fenómeno podría atribuirse a multitud de factores, tanto a errores y omisiones de Sapag como a potenciales virtudes de su retador o, en todo caso, al sentido de oportunidad de este último para poner el acento en las flaquezas de su adversario. Veamos. Contrariamente a los logros que agita en su discurso, tales como la previsible multiplicación de los ingresos petroleros o el aluvión de obra pública derivado del fortalecimiento de los lazos con el gobierno nacional, el principal déficit de la gestión Sapag no parece estribar en lo material sino en lo político. No por nada buena parte de las críticas de sus compañeros de partido apuntan a su supuesta incapacidad para “escuchar a la gente”. Una virtud que la historiografía partidaria atribuye en dosis generosas a figuras como Elías y Felipe Sapag. Esto último, más allá de lo caricaturesco, puede ser entendido en los hechos como la incapacidad del gobierno para rodearse de un ejército de cuadros, capaces de actuar por sí mismos más allá de la subordinación a un líder, el esfuerzo por mantener un partido movilizado, y la capacidad para aceitar los vínculos entre las áreas sociales y, de nuevo, la gente. El oficialismo ha tendido a reemplazar estos postulados políticos por una filosa ingeniería electoral, basada en el sondeo permanente de la opinión pública y en la aplicación de una exacerbada especulación ajedrecista que, en algunos casos, ha terminado por enredar al gobernador en su propio juego. Por si todavía no se ha dicho, tal vez hoy no se pueda hacer política sin encuestas, pero definitivamente no se puede gobernar con las encuestas. Éstas de ninguna manera pueden reemplazar el contacto con los ciudadanos. Así, desde la renuncia a estimular el partido para servirse de las ‘colectoras’ hasta el maquiavelismo que supone jugar a varias puntas con tal de manejar todo el tablero, esas jugadas se pueden revelar tácticamente eficaces, pero nunca podrían reemplazar el trabajo y la construcción políticos. Ahora, tal y como están las cosas, el MPN ha quedado dividido en dos. Pereyra, aunque se ha abierto un interrogante sobre su salud, cuenta con las expectativas de un vasto sector interno que busca acomodarse ante un eventual cambio. Y Sapag sigue conservando el manejo del poderoso aparato del Estado en un partido donde la fuerza vertebradora no son las ideas sino los recursos. Aunque el gobernador tiene motivos para estar ofuscado, porque su retador no sólo se dio vuelta y eligió descalificarlo sino que se salió con la suya, ese estado de ánimo no debiera impedirle observar fríamente la realidad. Resulta azaroso pensar hoy en una re-reelección e, inclusive, pugnar por las riendas del partido cuando todavía está fresca la victoria de su adversario. Tiene razón Quiroga cuando recomienda a Sapag que deje de agitar el fantasma de la reforma y que la concrete o la archive. La verdad es que de cara a los dos años venideros Sapag y Pereyra son polos opuestos de una contradicción, se combaten pero se necesitan mutuamente, las dos cosas al mismo tiempo. Tal vez lo más razonable para ellos sería alentar una tregua y buscar una figura que equilibre los tantos en el partido hasta que se pueda librar la madre de todas las batallas. Sobre los resultados del domingo pasado hay que anotar tres cosas más. La recuperación del kirchnerismo, que le permitió conservar una banca de senador y otra de diputado, algo crucial para que el gobierno nacional mantenga el control de ambas cámaras, que se alcanzó con el concurso del sapagismo y con la moderada recuperación de la imagen del gobierno nacional después de las PASO. En este sector emergió con peso propio Ramón Rioseco, que obtuvo la única, valiosa, victoria sobre Pereyra. El intendente de Cutral Co puede ser tachado de personalista y aun de cierto pragmatismo –esperó poco para abrirle una puerta a Quiroga–, pero nadie le puede negar que edifica con éxito su candidatura, un dato que difícilmente podrá ser ignorado dentro de dos años, cuando haya que escoger una figura capaz de enfrentar con éxito al MPN. Otro rasgo saliente del domingo es la derrota de Quiroga, que jugó su imagen en una apuesta que se adivinaba esquiva y ahora acumula dos reveses consecutivos. Aunque, como él mismo ha señalado, esta última derrota está lejos de haber terminado con sus posibilidades para la gobernación, “Pechi” debería reflexionar sobre sus limitaciones. El déficit del intendente también es político, pero abreva en una causa diferente a la de Sapag: tiene más empresarios que políticos alrededor. La tercera anotación es sobre los grupos considerados de izquierda. Su buena performance acaso guarde relación con la reforma política. Contrariamente a lo que postularon para victimizarse, en los hechos las PASO los ayudaron, porque los obligaron a juntarse para no desaparecer.
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